El vicepresidente de la República, doctor Rafael Alburquerque, ha sido escogido como candidato a la presidencia de la próxima Conferencia Internacional del Trabajo, que será celebrada en la ciudad de Ginebra, Suiza, del 30 de mayo al 15 de junio de 2012.

Durante una rueda de prensa en el Palacio Nacional, el ministro de Trabajo, Francisco Domínguez Brito, manifestó que de esta manera el Grupo de Las Américas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) reconoce la labor del Vicepresidente en favor de los trabajadores, al igual que su nutrido aporte académico al derecho laboral a través de una larga lista de libros y otras publicaciones sobre el tema. El doctor Alburquerque, considerado como uno de los mejores jurisconsultos en materia del Derecho Laboral, fue miembro de la Comisión de Expertos de la OIT y es co-autor del Código Laboral de la República Dominicana.

Un grupo regional preside cada año la Conferencia Internacional de la OIT; al Grupo de las Américas, integrado por todos los países de América Latina y el Caribe, además de Canadá y Estados Unidos le corresponde este año. La candidatura del doctor Alburquerque se presentará a la Asamblea, en su sesión del 30 de mayo.

El Vicepresidente expresó su agradecimiento por este reconocimiento a su extensa labor en el campo del derecho del trabajo, “Con este reconocimiento también se reconoce la labor internacional que viene realizando el presidente Leonel Fernández proyectando al país a nivel internacional. De igual modo, esto es un triunfo para nuestro país, indiscutiblemente”, manifestó.

Entre los puntos inscritos en la agenda de la Conferencia Internacional de la OIT están la crisis mundial de desempleo que afecta directamente a la juventud, el tema de la protección social y la adopción de un plan de acción que determine las prioridades en materia de principios y derechos fundamentales en el trabajo para el período 2012-2016.

El Derecho del Trabajo tiene como finalidad esencial la protección del trabajador. Sus normas intentan limitar o compensar las desigualdades sociales y económicas que se derivan del régimen capitalista y de la subordinación jurídica del asalariado. Empleadores y trabajadores no tienen derechos y obligaciones idénticas o equivalentes. Las normas que integran esta rama del derecho tienen un carácter de disparidad en beneficio del trabajador.

Rafael Alburquerque
Introducción a los Sujetos del Derecho del Trabajo.

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Primero de Mayo, Día Internacional del Trabajo

Este relato, en dos partes, es la recontrucción de algunas de las vivencias de uno de tantos dominicanos que vivió esos meses siendo un niño. (La primera parte está en este enlace.) Se publica aquí como una forma de conmemorar y rendir tributo a los forjadores de Abril, esos héroes reconocidos y desconocidos que una, vez más, rescataron a la Patria y a su honor amenazado.


En el 65 la Escuela Argentina estaba en la calle Juan Isidro Pérez, entre Hostos y Duarte, a dos cuadras de mi casa.

Medrano tenía muchísimos años allí como conserje. Era un hombre humilde, pero firme y con un gran sentido del deber; decían que jamás había faltado a su trabajo, ni un solo día. Era tosco, delgado, de estatura media y muy velludo, siempre daba la impresión de llevar dos días sin afeitarse. A veces andaba en chancletas; otras, con unos zapatos viejos y siempre, con un enorme manojo de llaves. A todos nos parecía un viejo, pero no debe haber tenido más de 35 años. De tanto pasar por el frente de la escuela fuimos entrando en confianza, se fue haciendo amigo de nosotros y nos permitía entrar para usar la cancha por las tardes. Con gran parsimonia abría los candados del portón mientras pronunciaba el consabido discurso sobre el comportamiento que deben tener los jóvenes, a menudo motivado por alguna travesura que había descubierto de nuestra visita anterior.

Cuando en la Escuela Argentina se instalaron los comandos constitucionalistas y comenzó a darse entrenamiento militar en el patio, Medrano fue de los primeros en alistarse. De las armas capturadas en la Fortaleza Ozama había conseguido un casco y un Mauser, no los soltaba ni a sol ni a sombra.

El tiroteo debe haber sido el día 30 o el 1ro de mayo. Yo estaba en el comedor cuando escuché los disparos, dos o tres solamente. Pasaron varios minutos en total silencio y entonces comenzó a acercarse el coro de gritos de alborozo, igual que cuando pasó Caamaño. Corrí a la ventana y me agarré de los barrotes.

— ¡Agarramos al primer yanki… Agarramos al primer yanki…! — anunciaba a su paso un hombre muy alto, muy fuerte y muy velludo, con un casco puesto, los brazos en alto, un Mauser en una mano y un casco de un marine en la otra. Un Medrano desconocido para mí bajaba por la Duarte, solitario, imponente, pisando firme, como pocos días antes hiciera el Coronel de Abril.

Mi padre también se había acercado a la ventana sin que yo me percatara, hasta que sentí su mano en mi hombro.

— Ése, seguro que se extravió y se metió con su jeep en la Zona. Estos yankis ni saben por dónde andan — murmuró con desprecio.

Los invasores no volvieron a intentar entrar hasta seis semanas más tarde. El 14 de junio ya se sabía que venía una ofensiva para tomar la Zona Constitucionalista, pero no se sabía exactamente cuándo.

Esa noche mi mamá había invitado a Güigüí a comer unos espaguettis, su comando quedaba al lado de mi casa. Serían como las ocho cuando llegaron. Eran cuatro, contando a Güigüí; los demás estaban en sus puestos. Llegaron con todas sus armas encima y las colocaron con cuidado sobre la credenza antes de sentarse a la mesa. Mientras comían y hablaban animadamente, yo me tuve que conformar con mirar los fusiles de reojo, sabía que no me dejarían acercarme siquiera. De pronto, un largo silbido interrumpió la conversación, los pensamientos y la respiración de todos, entonces tronaron como cinco explosiones. La mitad de los espaguettis se quedó en los platos. En segundos, los combatientes habían cogido sus armas y cuando vine a darme cuenta ya iban corriendo Duarte arriba. Los morteros cayeron frente a la Escuela Argentina. Ahí murió un amiguito mío, Monchín, y también su mamá, Doña Elvira. Javier, el ebanista, quedó viudo.

Me contaron que el alto mando de la 82da División Aerotransportada había pronosticado una operación de dos horas para tomar la ciudad el 15 de Junio, pero luego de dos días de combates, los marines fueron obligados a retirarse. No pudieron entrar jamás.

Tute Mazara participó en la defensa del noreste de la ciudad, junto a Pichirilo, Güigüí y otros jóvenes en lo que se conoce como el combate de la Casa Zaglul, que estaba en la Juana Saltitopa esquina Mella, en Santa Bárbara. Por ahí venían bajando los norteamericanos. Y estos muchachos fueron los que detuvieron su avance en esa cuadra.

Tute vivía frente a mi casa, era sobrino del inmortal del deporte, don Chichí Mazara. No hablaba ni una palabra de inglés, pero se aprendió de oído la voz de auxilio de los americanos; escondido en un zaguán gritaba — I’m here! Help! I’m here!, para que salieran. Y cuando sacaban la cabeza… ¡tún!, hasta ahí llegaban. Tuvieron que retirarse, porque es que no podían, las calles eran demasiado estrechas y los constitucionalistas, muy aguerridos. Más de dos docenas de yankis —me contó Tute, después— murieron allí. Al día siguiente Tute fue ascendido a sargento.

Unos días más tarde, por el peligro de un segundo intento de tomar la ciudad, mi padre nos llevó al Ensanche Ozama, a la casa de un amigo de la familia, un piloto de la Fuerza Aérea que había desertado. No quiso bombardear la ciudad y se fue con su avión a Puerto Rico. Nos mudamos allí con la familia de mis tíos, era una casa enorme.

En el Parque había un helipuerto de las fuerzas invasoras, nosotros íbamos de vez en cuando a ver los helicópteros aterrizar. Tiempo después vine a saber que uno de los marines, puertoriqueño, se había enamorado de mi prima; que de algún modo mi padre se había enterado de que los americanos querían visitar la casa y que inmediatamente había dicho – Sí, sí, que vengan; que los recibió con gran cordialidad, los invitó a sentarse y comenzó a conversar con ellos muy animadamente y a brindarles cervezas; y que, para mi sorpresa, mi padre era un perfecto espía: que lo que quería era sacarles información a sus “invitados”.

Así que en eso estaban cuando llegamos de jugar y nos encontramos con estos tipos en la sala. Éramos mi hermano y José, de nueve años; Luisito, de doce; y yo, de once. La indignación fue tan grande que de inmediato, sin averigüar, dimos media vuelta y una vez que nos sentimos más o menos a salvo, afuera en la acera, entonamos el Himno Constitucionalista a todo pulmón:

¡A luchar, a luchar, a luchar, a luchar!
¡A luchar, soldados valientes
que empezó la revolución…. !

Como no surtía el más mínimo efecto, cambiamos de táctica y empezamos a corear:

– ¡Yan-ki go home, yan-ki go home! ¡Fuera yankis de Quisqueya! ¡Fuera yankis de Quisqueya! ¡Yan-ki go home…!

Esto sí lo entendieron perfectamente; se pusieron de pie y salieron a vernos, entre curiosos y divertidos –nos contaron luego, porque para cuando los gringos llegaron a la galería, nosotros ya íbamos corriendo a una cuadra de distancia. Esta fue la primera manifestación anti norteamericana durante la invasión; la de unos niños, en la Zona Oriental.

Abril de 1965 fue una guerra. Y como toda guerra, estuvo llena de horror, de sangre, de muerte, injusticias, violencia, abuso y todas aquellas cosas que quisiéramos ver algún día desterradas para siempre de nuestras vidas. Sin embargo, nos dejó a quienes la vivimos, como adultos o niños, un sentido de la dignidad y del honor que jamás se borrará.

Este relato, en dos partes, es la recontrucción de algunas de las vivencias de uno de tantos dominicanos que vivió esos meses siendo un niño. (La primera parte está en este enlace.) Se publica aquí como una forma de conmemorar y rendir tributo a los forjadores de Abril, esos héroes reconocidos y desconocidos que una, vez más, rescataron a la Patria y a su honor amenazado.


Desde niño, los amigos del barrio me llaman Calín. Nosotros vivíamos en la cuestecita de la Calle Duarte, en la parte de la ciudad que se transformó en la Zona Constitucionalista, para abril del 65 yo tenía once años. No podría decirse que “viví” la guerra, porque era un niño, pero en realidad sí la viví, de muchas maneras. Algunas historias de esa época las conozco de primera mano y las demás, porque las compartíamos y las repasábamos una y otra vez, cuando nos juntábamos con los muchachos en la cancha una tarde cualquiera de sábado.

De Caamaño he leído y escuchado tanto que es como si fuera familia, uno de esos dominicanos ausentes cuyo regreso esperamos ansiosos, con la brisa, cada diciembre. Pero la verdad es que lo vi una sola vez.

Yo estaba sentado en los escalones de la entrada de casa y de pronto escuché el alboroto de los muchachos en las casas vecinas — ¡Ahí va Caamaño, ahí va Caamaño…!, era el coro que anunciaba su paso a toda la cuadra, ventana tras ventana.

Me paré de un brinco y me puse en posición de firme. Él iba acompañado de unos seis o siete hombres en los que nadie reparaba. Todas las miradas eran para Francis, como le llamaba tío Miguel, que había sido su compañero de estudios en la Academia de la Marina. Por él, por mi padre y por las historias que circulaban en esos días, yo sabía muy bien quién era Caamaño y lo que estaba haciendo. Y aunque después supe que era de estatura normal, a mí el hombre me pareció un gigante. Se veía muy diferente a las fotos que se dan a conocer en estos tiempos: en ese momento no era una imagen plana, en blanco y negro ni en sepia, era un hombre lleno de vida, determinación y movimiento. Era fuerte, sí, bastante fuerte. Llevaba la cabeza descubierta, su uniforme caqui y la camiseta blanca asomando por el cuello abierto de la camisa. Andaba de prisa y sus botas pisaban duro; sus pasos se escuchaban sobre el empedrado hasta cuando iba a más de media cuadra, calle abajo. Eso fue en la mañanita de un día de principios de mayo, una semana después de que ocurriera lo de la Embajada y del Puente Duarte.

Según lo que sé, la verdad de lo que pasó en la Embajada es muy parecida a lo que cuenta Germán Ureña, el hombre rana que acababa de ser designado como su escolta. Caamaño fue a ver al embajador para lograr que convenciera a San Isidro de un alto al fuego. Necesitaba reorganizar a la población que vivía en la Zona Constitucionalista, de manera que no continuaran las bajas civiles en los bombardeos. Porque era por completo imposible impedir que los jóvenes, mujeres, viejos y hasta niños, nos integráramos a las tareas grandes y pequeñas para apoyar a estos soldados que luchaban primero por el regreso a la Constitución y luego, por el puro y simple honor amenazado de la Patria.

Como cuando supimos que había que colocar espejos. Con otros dos muchachos de la Duarte, entramos como una tromba en el aposento de mi abuela y sin preguntar, bajamos el espejo de cuerpo entero de la puerta del armario y lo partimos en dos pedazos. No nos importó el sangrero de Tato, que cogió uno de los pedazos por donde no era, ni los gritos de las mujeres que estaban en la casa, ni el peligro de encaramarnos por los techos de zinc ante un bombardeo inminente. Con la ayuda del sol, estas armas recién fabricadas enceguecerían a los pilotos, impidiéndoles bombardear la zona; y –quién sabe– con un poco de suerte hasta podrían hacerles perder el control y causar que algunos aviones se estrellaran; comentábamos, animadísimos, luego de bajar del techo con nuestra misión cumplida a cabalidad. Mi abuela, entre orgullosa y resignada, nos escuchaba y asentía, mientras le vendaba la mano a Tato.

El 27 de abril, casi toda la población civil estaba todavía desarmada. No así los militares bajo el mando de Caamaño. Y, a pesar de lo que muchos afirman, armados llegaron y armados entraron a la Embajada. Como relata Ureña –el hombre rana– pese al intento de los guardias de la entrada, ninguno de ellos se dejó desarmar; esto nos lo contó Nélsido, quien lo oyó de boca del propio Montes Arache. Caamaño entró con su pistola, igual que hicieron Claudio Caamaño y Ureña. Montes Arache entró con su fusil.

La estupidez y la prepotencia del embajador Bennett, quien para su propia vergüenza no tenía la menor idea de a quiénes tenía enfrente, indignó a Caamaño. Así, luego de un puñetazo en la mesa y una palabrota disparada con puntería perfecta al diplomático, se fue de allí sabiendo exactamente lo que tenía que hacer.

Veinticuatro horas más tarde –después de la victoria en el Puente Duarte; después de la retirada de las tropas del CEFA; después de la captura de los tanques, uno de los cuales se usaría para abrir un boquete en la Fortaleza Ozama– el embajador ya se había enterado de la estatura del Coronel y sus hombres. Y al día siguiente, luego de la toma de la Fortaleza, de la distribución de todo su arsenal entre los civiles y de ser informado de que el próximo objetivo era la misma base del CEFA en San Isidro, al embajador ya no le quedó el menor asomo de duda y así se lo hizo saber a su jefe. Entonces, Lyndon Johnson ordenó la invasión.

La noche de ese 29 de abril se escuchaban por la mayor parte de las calles de Santo Domingo las botas de 42 mil marines pisoteando nuestra soberanía.

El doctor Rafael Alburquerque, vicepresidente de la República y encargado del Poder Ejecutivo, se trasladó ayer viernes a la región del Cibao para supervisar los operativos de asistencia y emergencia y solidarizarse personalmente con las familias damnificadas por los torrenciales aguaceros de esta semana.

El Centro de Operaciones de Emergencia informó que unas mil 235 viviendas de Santiago y otras zonas resultaron afectadas por la vaguada en altura sobre el Cibao Central, provocando, además, que unas 6 mil 155 personas fueran evacuadas de sus hogares.

El Vicepresidente manifestó que tanto el Plan Social de la Presidencia, como los Comedores Económicos han estado brindado asistencia desde el jueves a las familias afectadas por las inundaciones y los desbordamientos de ríos y cañadas de la zona.

El doctor Alburquerque visitó las las zonas mas afectadas de Santiago: las comunidades de Fracatán y Hoyo de Bartola, así como el municipio de Villa González y luego llegó hasta donde estaban las familias refugiadas. De allí se trasladó a la provincia Espaillat, donde recorrió los lugares más afectados por el desbordamiento de ríos, arroyos y canales de riego.

El Gobernante dio palabras de aliento a los daminificados y la garantía de todo el apoyo del Presiente Fernández y el Gobierno Dominicano para enfrentar la situación. Regresó a la capital esa misma noche, luego de haber cruzado cañadas, atravesado sitios anegados por la lluvia y contactado directamente las familias damnificadas, a fin de rendir un informe de primera mano al presidente Leonel Fernández, quien se encuentra en los Estados Unidos.

El último mandamiento

Posted: 5 abril, 2012 by Rafael Alburquerque in Conmemoraciones, Escrito a mano, Pensamiento, Sobre el ser humano
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De acuerdo al Evangelio de San Juan, en la noche del jueves Jesús les dijo a sus Apóstoles que debían amarse entre sí como Él los había amado y que a partir ese solo hecho el mundo podría reconocerlos como sus discípulos.

Existen innumerables discusiones sobre la validez, la exactitud y la credibilidad de los datos que a través de los siglos han llegado a nosotros en los Evangelios. Las fechas, las palabras y los hechos se cuestionan, se revisan y se vuelven a cuestionar. Podemos elegir –tenemos libre albedrío– entre tener fe o no tenerla, y también entre mirar la Verdad a la cara o mantenernos ciegos ante ella. Es nuestra prerrogativa como miembros de la especie humana. Y la ejercemos a diario.

En mi caso, estas palabras tienen una carga de Verdad que resiste cualquier intento de minimizarlas. Porque para quienes la fe no basta, la historia está ahí para mostrarles cómo, a través de milenios, el odio tarde o temprano ha conducido a hombres y a civilizaciones enteras al fracaso, a la desaparición, a la muerte y cómo, por el contrario, el amor al prójimo ha estado detrás de todo avance en la humanidad.

Tiranos y criminales han actuado y actúan impulsados por el odio a sus semejantes. Los Hitler del mundo, los Jack-el-Destripador, los Trujillo y aún los sicarios de poca monta que pululan nuestros días obedecen solamente a un impulso destructivo hacia los demás. Son incapaces de construir o de mejorar nada para alguien diferente a sí mismos, terminan sus días de la misma forma en que los vivieron y únicamente el desprecio de todos les sobrevive. De un modo opuesto, los grandes hombres y mujeres que con su esfuerzo y sus luchas, a menudo tan calladas que han pasado desapercibidas, han contribuido a que nuestra especie pueda llamarse cada día un poco más Humana, han respondido siempre al llamado del amor hacia los demás. Los Duarte, las Mme. Curie, las Salomé Ureña, los Ghandi, los Mandela del mundo son a quienes debemos gran parte de lo que entre nosotros puede hoy llamarse civilización.

El Hijo de Dios pronunció esas palabras –según Juan, El Evangelista– durante la Última Cena, a modo de legado y despedida de quienes le eran más cercanos y queridos. No era un mandamiento estrictamente nuevo. El “Ama a tu prójimo” estaba implícito en la Tablas de Moisés. Sin embargo, en ese contexto –sabiendo Jesús de antemano lo que se avecinaba a partir de aquella noche, sabiendo que sus discípulos ya no le tendrían más entre ellos– juzgó necesario ser muy explícito. Y de todas las cosas que pudo haberles dicho o aconsejado en un momento como ese, escogió el mandamiento del amor.

En tiempos como los que vivimos en nuestro país y los que sobrevendrán luego de esta Semana Mayor, esta es una lección que necesitamos llevar a la práctica. Muy pocas personas carecen de oponentes e incluso de enemigos, el propio Jesús no fue la excepción. No obstante, aunque a veces es preciso actuar en favor de la justicia, nunca es necesario también odiar.

El amor hacia nuestros semejantes, el último mandamiento de Jesús, es la única luz que puede guiar nuestras decisiones y nuestro accionar, incluso a través de la más oscura y larga de las noches. Y como la pintura del maestro Da Vinci, no importa cuan deteriorada o desdibujada pueda estar por el paso del tiempo y de las guerras, siempre se puede restaurar.

Ese martes, Juana se levanta antes que el sol. La noche anterior la ha pasado prácticamente en vela. Hace una semana que está en Santiago, en casa de una comadre; fue incapaz de esperar a la tropa que venía desde La Vega y se le adelantó para esperar a los hombres.

Ella estuvo presente el día 4 en la gran celebración en La Vega; sintió que el corazón se le iba a salir del pecho al contemplar la hermosa bandera dominicana izada por primera vez en su propio pueblo. Se ha enterado de la derrota de Hérard Aîné en Azua y sabe que el general Pierrot viene con 4,000 hombres bajo la orden de tomar Santiago, a sólo 200 leguas de su Jamo natal. “Si es por mí, eso no va a pasar” fue el pensamiento que la impulsó a salir para Santiago a lomo de mula.

Quienes la conocían, compadecían al animal. Sabían que era inútil decirle a la Saltitopa que no fuera, que las guerras son cosas de los hombres, que ella no iba a hacer ninguna diferencia. Así que nadie lo intentó siquiera, sólo la miraban pasar y meneaban la cabeza.

El lunes se lo pasó desde tempranito yendo y viniendo desde el fuerte Dios, al Patria y al Libertad, cerquita del río, llevando y trayendo noticias. Juana Trinidad no es buena para los números, pero por lo que ha podido contar y averiguar, comprende que la desventaja de las tropas patriotas es muy grande. Lo piensa por un momento y luego se encoge de hombros, tiene la certeza absoluta de que el invasor lo va a pasar muy mal.

Esa noche la pasa entre los soldados de La Vega y Jamo, que han acampado cerca del río. Les canta ingeniosas coplas, algunas para animarles; otras, para burlarse de los que vienen y de la suerte que les espera. Cuando el último de los hombres se ha dormido, Juana se va al río y, como cada noche, lava su pañuelo rojo de madrás. La luna, casi llena, le hace compañía. Hace unas horas que se sabe que Pierrot atacará al día siguiente. Juana ya está lista para la batalla.

Esa tarde a muchos les parece que Juana está en todas partes al mismo tiempo.

¡Corra, busque más pólvora!; — ¡Doña, se nos acabó el agua!; — ¡Doña, búsqueme al capitán!; —¡Ocúpese de esos heridos!… son las frases que entre el fragor de la batalla llegan constantemente a sus oídos. Sin embargo, Juana no escucha los cañonazos; no oye los lamentos de los heridos, ni las balas que pasan rozándole la cabeza. Juana no se inmuta de pasar entre centenares de haitianos muertos y heridos para llevar el agua que enfriará el cañón del fuerte y la que calmará la sed de los combatientes que defienden el suelo patrio recién ganado.

El pañuelo de madrás se lava esa tarde más de 10 veces en las aguas del Yaque. Ha secado sudores; ha servido de babonuco para transportar el agua al fuerte; ha sido torniquete y gasa para las heridas; ha servido de envoltorio para pólvora, siempre escasa en las batallas; y ha ondeado al viento animando a los soldados que por momentos se agotan.

De regreso a Jamo y La Vega, pocos días después, las tropas se divierten imaginando la cara de Pierrot cuando llegue a la capital de Haití y comprenda que ha sido engañado; que su Comandante en Jefe y además presidente de la nación invasora no ha muerto, como se le informara, y que ahora él se ha convertido en traidor por haber ordenado la retirada.

Las historias van y vienen de boca en boca, pero el nombre de Juana no aparece en ninguna de ellas; todos hablan, con reverencia, del valor de La Coronela.

Les presentamos un resumen de la segunda entrega de la serie de foros Rendición de cuentas al pueblo dominicano, producido por la Presidencia de la República Dominicana.

El video recoge la comparecencia ante el país, el pasado 13 de marzo, del Vicepresidente de la República, doctor Rafael Alburquerque. Acompañan al también coordinador del Gabinete de Políticas Sociales los principales ejecutivos del área social.

La serie corresponde a un deseo del presidente Leonel Fernández de extender la rendición de cuentas, que hiciera ante la Asamblea Nacional el 27 de febrero de 2012, a todo el pueblo dominicano, esta vez con mayor detalle y de labios de los funcionarios directamente responsables de las diferentes áreas del Gobierno.

Los acontecimientos que siguieron a la proclamación de nuestra independencia se sucedieron con gran rapidez.

Es entrada la tarde del miércoles 28 de febrero de 1844, cuando la autoridad haitiana al fin capitula. Se instala una Junta provisional formada principalmente por trinitarios y presidida por Francisco del Rosario Sánchez. Hasta ese momento, la independencia es un asunto exclusivo de la Capital. No existen entonces medios electrónicos, ni redes sociales, ni periódicos de alcance nacional. No hay un servicio regular de correo. El teléfono se inventará 27 años más tarde. El telégrafo ya existe, pero tardará otros 40 años en llegar a nuestro país. Las noticias urgentes, pues, deben darse en persona, recorriendo a caballo las distancias que sean necesarias.

Así, el jueves 29 de febrero se nombran los delegados que durante el fin de semana se encargarán de transmitir la buena nueva de la separación por todo el territorio y de lograr que cada ciudad importante de la recién nacida República la ratifique.

San Francisco, Hato Mayor e Higüey son las primeras; se pronuncian a favor de la independencia ese mismo sábado. El lunes, lo hace La Vega; el miércoles, Santiago y el domingo, San José de las Matas. Puerto Plata, último reducto del invasor, proclama la independencia cuatro días más tarde.

Mientras tanto, en Santo Domingo, fruto de negociaciones y manejos que venían desarrollándose hacía semanas o meses, el viernes 1ro de marzo Tomás Bobadilla sustituye a Francisco del Rosario Sánchez en la presidencia de la Junta y éste pasa a ser Comandante de Armas de la ciudad: los trinitarios han perdido, por el momento, el control político del Gobierno.

Al día siguiente, pese a ser sábado, hay mucho movimiento a ambos lados de la isla. En vista de la inminente ofensiva que vendrá desde Haití, el gobierno provisional establecido en Santo Domingo envía por mar dos regimientos a Azua. Un movimiento muy acertado, porque en ese preciso instante –en Puerto Republicano, como se llamaba entonces Puerto Príncipe– la Asamblea Constituyente haitiana es notificada de que en diversos puntos del Este (es decir, nuestro lado de la isla) la revuelta había osado enarbolar sus estandartes.

Es fácil imaginar la conmoción que tan infausta noticia causó en la Asamblea haitiana, aunque es improbable que fuera una total sorpresa para Haití; ya que apenas 48 horas después, la guerra es de hecho declarada: una resolución de la Asamblea autoriza al Presidente a movilizar la guardia nacional a su discreción y lo coloca al mando de todas las fuerzas terrestres y marítimas.

De este lado de la isla, ese mismo día amanece en La Vega ardiendo de vehemencia patriótica. La independencia es proclamada a los cuatro vientos y se alza, por primera vez en el Cibao, la misma bandera que había esperado por meses este momento, escondida en un baúl de las hermanas Villa del Orbe. Manuela, María del Carmen y María Francisca la habían confeccionado y bordado primorosamente siguiendo al pie de la letra las instrucciones expresas de Juan Pablo Duarte.

Al siguiente día, martes, justo una semana después del trabucazo de Matías Ramón Mella, la Leonor se hace a la mar llevando a bordo a los comisionados que van a buscar al Patricio y a dos de sus compañeros de exilio a la isla de Curazao. La goleta de dos mástiles es la primera embarcación en hacer ondear, orgullosa, los colores patrios en ultramar.

La travesía de ida y vuelta se completa en 9 días. El jueves 14 Duarte retorna a esa Patria que antes sólo existía en sus sueños y que ahora encuentra ya sacudida del yugo invasor, ya bautizada con nombre propio, ya santificada con sangre libertadora. Sus entrañables Francisco del Rosario y Matías Ramón lo reciben en el puerto Ozama.

Al día siguiente, una multitud lo espera en la Puerta de San Diego, entrada a la que es hoy la Plaza España, junto al Alcázar de Colón. Son las 7 de la mañana del viernes 15 de marzo. El desfile hasta el Palacio de Gobierno se inicia en medio de aclamaciones del pueblo a la Junta para que nombre a Duarte general en jefe de los ejércitos de la República. (El Palacio de Gobierno de entonces es el ahora llamado Palacio de Borgellá, la casa de los arcos de la calle Isabel la Católica, frente al actual Parque Colón, antigua Plaza de Armas.) El reclamo es desoído. La Junta le entrega al Patricio las insignias de General de Brigada y al otro día lo nombra comandante del departamento de Santo Domingo.

Las tropas haitianas llevan ya seis días de camino hacia la capital dominicana. El presidente militar Rivière-Hérard en persona, conocido como Hérard Aîné, marcha al mando de 30 mil hombres dispuestos en tres divisiones. El general Pierrot comanda la división Norte, con la orden de tomar Puerto Plata y luego Santiago. La división central, al mando del general Souffront, entra por Neiba, en dirección a Azua. La división Sur, comandada por el propio Hérard Aîné, también se encamina a Azua, a través del valle de San Juan. Las tres divisiones tienen destino final en Santo Domingo, al que nunca llegaron. Durante la travesía se producen varios enfrentamientos entre las tropas haitianas y pelotones de osados dominicanos en misiones de hostigamiento.

El coronel Antonio Duvergé, militar puertorriqueño y miembro de La Trinitaria; y el capitán Francisco Soñé han preparado el terreno y la estrategia ha sido exitosa: debilitar a las tropas enemigas durante todo el camino y retrasar la avanzada de Souffront de modo que los dominicanos enfrenten a una sola división haitiana, no a dos como es el plan del invasor. Los 2,500 hombres al mando de Santana llegan al campo un día antes de la batalla.

Finalmente, amanece el 19 de marzo de 1844. A pesar de la desproporción de fuerzas, 2,500 dominicanos contra unos 10,000 haitianos, la batalla se decide en tres horas; en parte, gracias a la estrategia de dos hombres, Duvergé y Soñé; y en parte al valor demostrado por los hijos de la República nacida hace apenas 21 días.

Ninguno de esos hombres se imagina cuán duro será mantener la Patria recién ganada libre, soberana e independiente. Para ellos el camino ha comenzado hace sólo tres semanas. Hoy, 168 años más tarde, nosotros todavía lo estamos recorriendo.

Al finalizar la semana pasada, el vicepresidente de la República, doctor Rafael Alburquerque, grabó la segunda entrega de la serie “Rendición de Cuentas al Pueblo Dominicano, que fue transmitida este martes por una cadena de medios de comunicación.

En esta comparecencia ante el país, el Vicemandatario dio detalles de la inversión de unos 48 mil millones de pesos realizada por el gobierno del presidente Fernández en la prestación de servicios sociales. Al día siguiente se trasladó a la ciudad de Washington, Estados Unidos, para dar inicio a una larga serie actividades. En esta entrada reseñamos algunas de ellas.

Con ejecutivos del Banco Mundial

El Vicepresidente y también coordinador del Gabinete de Políticas Sociales —en compañía del director del Programa Solidaridad, licenciado Fernando Reyes Castro— se reunió en la ciudad de Washington con el vicepresidente regional para América Latina y el Caribe del Banco Mundial, Mr. Hasan Tuluy, y otros directivos del organismo internacional para ponerles al tanto de la marcha, el alcance y los logros de Solidaridad en la República Dominicana.

Los funcionarios expresaron su satisfacción con las informaciones del vicepresidente Alburquerque y reiteraron su disposición de seguir apoyando al país en éste y otros programas de protección social. En el encuentro también participaron técnicos del Banco Mundial radicados en nuestro país, a través de un sistema de video-conferencia.

En la Universidad George Washington

Respondiendo a una invitación especial de la Universidad George Washington, de la capital estadounidense, el Vicepresidente participó en el XII Seminario de Estrategias de Elecciones y Campañas: Líderes y Campañas: Lecciones estratégicas, organizado por la Escuela de Gerencia Política de esa universidad.

Además del vicepresidente Alburquerque –quien impartió la conferencia Líderes y Campañas, Experiencia de sus Protagonistas– entre los catorce panelistas de este evento de cinco días estuvieron los expresidentes Álvaro Colom y Martín Torrijos, la líder de oposición Keiko Fujimori y la estratega demócrata Donna Brazile; quien ha trabajado para Jimmy Carter, Jesse Jackson, Bill Clinton y Al Gore. Centrado en herramientas para una campaña exitosa e incluyendo lecciones y consejos de expertos que han llevado a cabo campañas exitosas o fueron parte de ese proceso, este seminario ha sido reconocido como un valioso recurso para la formación de líderes en América Latina y Europa. Durante la última década, el programa ha formado a más de 7,500 líderes de todo el espectro político.

En la Universidad de Georgetown

Por su parte, la Universidad de Georgetown, de Washington D.C., extendió una invitación al vicemandatario para participar en la Cumbre sobre Asociaciones Educativas entre los EE. UU., Latinoamérica y El Caribe. Líderes de todo el Hemisferio Occidental se reunieron para la conferencia “Hacer de América Latina y el Caribe una sociedad más equitativa”. El evento de dos días, organizado por dicha universidad en colaboración con los Departamentos de Comercio y de Estado, se centró en el papel fundamental de la educación para asegurar el éxito futuro de la región. Incluyó un panel de expertos y conferencias magistrales de distinguidos líderes, como el Vicepresidente Alburquerque; el Secretario General de la OEA, Sr. José Miguel Insulza; y el subsecretario del Departamento de Comercio de EE.UU., Sr. Francisco Sánchez. En el evento también participaron funcionarios gubernamentales, líderes de instituciones académicas y empresariales, representantes de la sociedad civil y organizaciones internacionales.

En la conferencia magistral que impartió, el Vicepresidente planteó la necesidad de una alianza público-privada, fundamental para enfrentar los retos y desafíos de estos tiempos y propuso la creación de un vínculo directo entre el gobierno, las universidades y el sector privado para la formación de los recursos humanos que necesita la sociedad de hoy para encauzar su desarrollo. Recordó que el Estado, como garante de las inversiones, debe ser un facilitador, para que el motor de la economía descanse en el sector privado, por lo que la responsabilidad social empresarial es saludable.

En Annapolis, Maryland

El doctor Alburquerque fue invitado de honor de la Asamblea del Estado de Maryland, que reúne las cámaras de diputados y de senadores, en donde recibió un reconocimiento de los diputados.

Luego, fue recibido en audiencia formal por el Senado de Maryland, tras lo cual sostuvo una reunión con su presidente, Mr. Thomas V. (Mike) Miller Jr.

Más tarde, con toda la pompa y circunstancia correspondiente, incluyendo alfombra roja y banderas, el Vicepresidente dominicano y su comitiva fueron recibidos oficialmente por el gobernador de Maryland, Mr. Martin O’Malley; el vicegobernador, Mr. Anthony G. Brown y otros funcionarios de la casa de gobierno estatal.

Ambas instancias, la Asamblea y la Gobernación, tienen su sede en la ciudad de Annapolis, capital del Estado de Maryland.

En la Cámara Hispana de Comercio

En el Museo Marítimo Frederick Douglass – Isaac Myers de la Ciudad de Baltimore, la Cámara Hispana de Comercio de Maryland, en colaboración con la Comisión del Gobernador para Asuntos Hispanos, ofreció un recepción privada al Vicepresidente Alburquerque y al embajador Aníbal de Castro, tras todo un día de buena voluntad diplomática.

Ms. Stephanie Rawlings Blake, alcaldesa de Baltimore, dio la bienvenida oficial. Otros dignatarios notables incluyeron al Secretario del Departamento de Trabajo, Licencias y Regulación, Mr. Alexander M. Sánchez; el Secretario de Estado, Mr. John P. McDonough; y la diputada Ms. Joseline Peña-Melnyk, de origen dominicano.

Ms. Y. María Welch Martínez, presidenta de la Comisión del Gobernador para Asuntos Hispanos y Ms. Veronica Cool, presidenta de la Cámara Hispana de Comercio, también de origen dominicano, comentaron sobre la energía positiva y las oportunidades que se desprendían de las actividades del día. Los presentes disfrutaron una hermosa danza folklórica junto con la música tradicional dominicana, que reflejó la diversidad de culturas presentes en el estado de Maryland.

Los acontecimientos sin duda sentaron las bases para desarrollar aún más las oportunidades de colaboración entre el Estado de Maryland y la República Dominicana. La Cámara Hispana de Comercio de Maryland entiende que estas iniciativas forman parte de una visión amplia y del compromiso de fortalecer la comunidad empresarial hispana en Maryland y en la región.

En Nueva York

Protección Social, es el tema de la conferencia, que impartirá el Vicepresidente en el City College of New York mañana sábado, en la que analizará la labor humanitaria del gobierno presidido por el doctor Leonel Fernández. Este centro de estudios es el que cuenta con la presencia más numerosa de profesores y estudiantes dominicanos y donde tiene su sede el Instituto de Estudios Dominicanos.

En esta ciudad el vicepresidente sostendrá una serie de encuentros con líderes y personalidades, tanto dominicanos como estadounidenses.