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Manolo

Un nuevo aniversario del 14 de junio. Bajo el peso de la tiranía, cuando más nos ahogaba la opresión y sentíamos la impotencia ante el Déspota, una mañana muy temprano, año de 1959, desde las ondas radiales de una estación de la hermana isla de Cuba, recibíamos la noticia de que una expedición de patriotas llegaba a nuestra tierra para luchar contra el régimen oprobioso de Trujillo.

Los combatientes que arribaron a Constanza y unos días más tarde a Maimón y Estero Hondo fracasaron en su esfuerzo; fueron torturados y asesinados; sus armas fueron silenciadas; pero, sembraron la semilla de la libertad, que germinaría y daría sus frutos en muy poco tiempo.

En efecto, ya para enero de 1960 surgió el grito de rebeldía en nuestro propio suelo. Cientos de jóvenes y unos cuantos de edad madura, encabezados por Manolo Tavares y Minerva Mirabal crearon un movimiento de resistencia, que aunque develado y sofocado por la dictadura, diría a América y al mundo que había resistencia en la República Dominicana.

La Tiranía se desplomaría en el año de 1961, pero no hay dudas de que fue en ese 14 de junio de 1959 cuando se inició el camino de su extinción. A esos héroes y mártires les debemos la democracia; a ellos, que supieron insuflar la protesta y la rebelión, el reconocimiento eterno de un pueblo agradecido.

29 de abril de 2013: hace cincuenta años fue proclamada por el Congreso Nacional la Constitución de 1963. Por primera vez, en la historia del país se aprobaba un texto que incorporaba los denominados derechos sociales.

Hasta entonces, todas las reformas a la Constitución se circunscribían a reconocer los derechos individuales de la persona humana: la libertad de expresión, la libertad de conciencia y de cultos, la libertad de tránsito, la inviolabilidad de la vida, la libertad de enseñanza, el derecho a la propiedad, etc.

En 1963, ya no sólo se consagran estos derechos sino que también se establecen derechos de naturaleza social.

Examinada en retrospectiva, bien puede sostenerse que la Constitución de 1963 aspiraba al establecimiento de un régimen democrático fundamentado en la justicia social. Al cumplirse cincuenta años de su proclamación, es necesario recordar a las nuevas generaciones que Juan Bosch con esta reforma quiso inaugurar en el país el Estado democrático y social de derecho que debido al golpe de estado de septiembre de ese año sólo pudo plasmarse bajo el mandato del Partido de la Liberación Dominicana y Leonel Fernández, con la Constitución de 2010.

El texto de 1963 fundamenta la existencia de la Nación sobre el trabajo, el cual es colocado bajo la supervisión y protección del Estado, que se obliga a la formación y superación profesional de los trabajadores. Eleva a rango constitucional el principio establecido en el Código de Trabajo de 1951 de “a igual trabajo, corresponde igual salario, sin discriminación de sexo, edad o estado” y reconoce el derecho de los trabajadores a participar en los beneficios de las empresas.

De igual modo, reconoce el derecho de los trabajadores a organizarse libremente en sindicatos y el principio de que son irrenunciables los derechos de los asalariados.

La Constitución afirma que el matrimonio presupone una absoluta igualdad de derechos para los cónyuges, inclusive respecto al régimen económico y exige el consentimiento de ambos esposos para la disposición de los bienes inmuebles de la comunidad; prohíbe a los oficiales y funcionarios públicos expedir certificaciones correspondientes al estado civil de las personas en las cuales se hiciera constar la condición de hijo nacido dentro o fuera de matrimonio y dispone que la ley determinará en cuáles situaciones las uniones de hecho entre personas con capacidad para contraer matrimonio podrán por razones de equidad e interés social surtir efectos puramente económicos similares a los del matrimonio.

El texto constitucional de 1963 prohíbe a las personas morales privadas adquirir la propiedad de la tierra, salvo los casos de terrenos destinados al ensanchamiento y fomento de las poblaciones, la instalación de plantas industriales y establecimientos comerciales, y la instalación de factorías y anexos en las zonas rurales. Por el contrario, las personas físicas tenían el derecho de adquirir la propiedad siempre que fueran de nacionalidad dominicana. Los extranjeros podían adquirirla, pero con autorización del Congreso Nacional, siempre que fuera en las zonas urbanas.

Cincuenta años después tal vez no nos parezca avanzada esta Constitución; pero en la época de su promulgación fue duramente atacada y resistida por los sectores más conservadores de nuestra sociedad.

Fue un hecho verdaderamente revolucionario y al conmemorarse este año el 1 de mayo, Día de los Trabajadores, bien harían nuestras Centrales sindicales recordar que fue en 1963, bajo el mandato del profesor Juan Bosch, cuando por primera vez en nuestra historia adquirieron rango constitucional los derechos de los trabajadores.

procesión

Los tiempos han cambiado. Para quienes nacimos, crecimos y nos desarrollamos en la Ciudad Colonial, y por supuesto, para el resto del país, aunque de ello no fui testigo ocular, la Semana Santa era un tiempo de recogimiento. En el hogar los adultos se empeñaban para que los menores se mostraran sosegados en sus juegos y hasta en sus travesuras, se les rememoraba lo acontecido en esos días y se les incitaba a acudir a las manifestaciones religiosas.

Desde el lunes comenzaban las procesiones con la caída del sol. Desde San Miguel se llevaba en andas por la ciudad de Ovando a Jesús azotado en la columna; el martes era Santa Bárbara, con su Cristo en la roca; desde la iglesia del Carmen, Jesús de Nazareno, siempre acompañado por su Madre, la Dolorosa, y el discípulo amado, San Juan, nos sobrecogía con su rostro cargado de sufrimiento; el Viernes Santo, desde Las Mercedes, presenciábamos el Santo Entierro, con sus guardias romanos desfilando a los acordes de la marcha fúnebre de Chopin.

El Jueves Santo se asistía a la misa vespertina del lavatorio de los pies y desde las ocho de la noche recorríamos las iglesias del viejo Santo Domingo para visitar los denominados “monumentos”; y el sábado, que luego se trasladaría al domingo con la nueva liturgia, la muchachada corría alborozada al Malecón a presenciar la quema de Judas, que organizaba año tras año la Lotería Nacional.

El viernes de la semana era de luto total. El silencio se imponía y arropaba cada hogar, cada barrio, cada ciudad, todo el país. Se hablaba en voz muy baja; se evitaba hacer ruidos; se les exigía a los hijos, más que se pedía, que se estuvieran tranquilos. La radio sólo difundía música clásica, que por coincidir con la muerte de Jesús, los muchachos y muchachas la llamaban música de muerto. Cuando llegó la televisión, el canal oficial, único para la época, luego se agregaría Rahintel, se circunscribía a emitir películas sobre la vida y pasión del Redentor.

A la una de la tarde de ese día, todos escuchaban el Sermón de las Siete Palabras, que se transmitía en vivo desde el Convento de los Dominicos, y entre predicación de cada palabra, el coro entonaba canciones religiosos. El padre Tamargo vibraba desde el púlpito, y en plena Tiranía, para los que pertenecíamos a hogares perseguidos, sus palabras las interpretábamos como crítica sutil a la situación que se vivía.

Hoy es diferente. Quienes siguen aferrados a la fe y practican la religión conservan este modo de vivir la Semana Santa; pero, con la secularización de la época son muchos los que aprovechan esta pausa en el trabajo para descansar o recrearse, yendo de vacaciones a sus provincias o visitando las playas o las montañas.

No obstante, aunque el modo de pensar y de vivir haya mutado, la conmemoración de la pasión y muerte de Cristo, que por tradición en el mundo cristiano obliga a una interrupción en el diario vivir, es buena ocasión para que en este alto tomemos un momento para reflexionar sobre nuestras vidas, sobre nuestros compromisos, sobre nuestras obligaciones, no sólo respecto a nuestras familias sino también respecto a nuestra Patria y a nuestros conciudadanos.

Hagamos, pues, conciencia de nuestros deberes y reafirmemos nuestra obligación ineludible de luchar contra la pobreza, de ser solidarios con los que necesitan de nuestro apoyo, de trabajar sin desmayo para que impere la justicia social y cada dominicano y dominicana pueda mostrar con orgullo su pertenencia a esta tierra, que debe ser de todos y para todos.

Jueves Santo, 28 de marzo de 2013.

El viejo Marcelino

Publicado: 4 marzo, 2013 de Rafael Alburquerque en Amigos, Escrito a mano, Pensamiento, Sobre el ser humano
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MARCELINO MORALES ha fallecido. El viejo Marcelino, como todos lo conocíamos, fue amigo y discípulo fiel del profesor Juan Bosch, miembro fundador del Partido de la Liberación Dominicana y aguerrido dirigente sindical, ámbito en donde libró mil batallas, desde la Federación de Trabajadores de la Construcción, en pro de la libertad sindical y en defensa de los derechos de los trabajadores.
 
Dirigente intermedio del PLD, siempre estuvo en la primera fila de las batallas dadas por nuestra organización. Hombre íntegro, probo, vertical, sin dobleces, gran compañero y amigo.
 
Ya en los últimos años, sin visión, afectado por varias enfermedades, sacaba fuerzas para ir cada 1 de enero a saludar al presidente Leonel Fernández y a testimoniar su fidelidad a Juan Bosch y al PLD. Allí siempre me saludó con cariño y tuve la oportunidad de visitarlo en su casa en los meses últimos del pasado año.  En su lecho de enfermo, me recibió con el espíritu indomable que siempre lo caracterizó, con voz de trueno me saludó y con el gesto de batallador se mostró prestó a salir a las calles, de ser necesario, para defender a su partido, a su líder y a nuestro gobierno.
 
Así era Marcelino, paz a sus restos.

Banderas 4

Este nuevo aniversario de la Independencia lo celebraremos en el año que conmemoramos el bicentenario del nacimiento del Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte. Los ideales de Duarte, su lucha, su fe en la Patria, su sacrificio, su honestidad a toda prueba, su incansable fatigar por dejarnos una nacionalidad, son los valores que hoy debemos cultivar para continuar hacia el progreso y el bienestar de nuestro pueblo.

El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) fue constituido por el maestro Juan Bosch, con la finalidad de continuar y completar la obra que Duarte inició. En esta época de globalización, de profunda crisis económica y financiera, del surgimiento de un nuevo modo de producción en las empresas, que las fragmenta y debilita al movimiento sindical, cuando se hace más necesario que nunca que en el país se luche contra la pobreza y la indigencia, es necesario que todos los peledeístas y con ellos, los buenos dominicanos, aunamos esfuerzos para respaldar las acciones que lleva a cabo el gobierno del compañero Danilo Medina, su cruzada por la alfabetización, su respaldo a los productores campesinos, su iniciativa para la promoción de proyectos de turismo ecológico, su apoyo al desarrollo local y su defensa y expansión del programa Solidaridad.

Con un PLD unido, combatiendo denodadamente a quienes pretenden desacreditar la figura de su líder, el compañero Leonel Fernández, e integrados todos en la ardua tarea de nuestro gobierno por continuar la lucha que se viene librando por el progreso y la justicia social, cumpliremos con el mandato de nuestro Congreso Constituyente y nos haremos merecedores del legado de nuestro Padre fundador, Juan Pablo Duarte.

Que el 27 de Febrero sea día de reflexión y compromiso peledeísta para no desmayar y continuar adelante.

¡Viva la Patria!

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No hubo mayores sobresaltos en los resultados del proceso electoral ecuatoriano. El presidente, Rafael Correa, alcanzó la cota del 56% de los votos válidos, en tanto que Guillermo Lasso, el candidato que ocupó el segundo lugar en la justa sólo logró un 22%. Ante una oposición fraccionada en siete organizaciones, sostenía Participación Ciudadana del Ecuador, sus votos se dividirían y la reelección del mandatario estaba asegurada en una primera vuelta, pues si no llegaba al cincuenta por ciento más uno, obtendría más del cuarenta y le llevaría más de diez puntos a su rival más cercano, fórmula constitucional que en el peor de los escenarios le aseguraría la victoria.

Como Jefe de los Observadores de la Organización de Estados Americanos (OEA), con un equipo de base compuesto por técnicos y con cincuenta y un observadores presentes en diecisiete de las provincias de Ecuador, estuvimos en ese país durante los diez días que precedieron al domingo 17 de febrero.

Tuvimos reuniones con varios de los candidatos de oposición o sus representantes, un encuentro con el presidente Rafael Correa, sesiones de trabajo con el Consejo Nacional Electoral, especialmente con su Presidente, Domingo Paredes, quien en todo momento se mostró en la mejor disposición de atender a nuestras recomendaciones, con el objetivo, así lo decía, de mejorar el sistema electoral, con el presidente del Tribunal Constitucional y el presidente de la Asamblea Legislativa.

Dos aspectos interesantes merecen ser resaltados. En Ecuador, los internos que aún no han sido condenados por sentencia definitiva tienen derecho al voto, y lo hicieron con antelación el viernes 15 de febrero. Estuvimos en un Centro de Rehabilitación Social, como se llaman las prisiones, y allí pudimos presenciar las votaciones de ciudadanos privados de libertad. La mesa electoral estaba conformada por los propios internos, y su presidente, nos dio una verdadera cátedra sobre los derechos y deberes de los ciudadanos y ciudadanos y del proceso que se llevaba a cabo. Al momento de depositar su voto uno de los internos, con voz firme y de mando, pidió a los custodias que se retiraran para que el votante pudiera elegir secretamente al candidato de su preferencia.

En Ambato, a dos horas y media de Quito, se puso en práctica un plan piloto que permitió a las personas con discapacidad motora ejercer el sufragio en su propia casa. La Mesa se trasladaba al hogar, previamente identificado, y sin desplazamiento esta persona cumplía con su deber ciudadano.

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La Junta Central Electoral de nuestro país cooperó en el proceso con el préstamo gratuito de más de mil máquinas electorales para el conteo rápido y con técnicos que capacitaron a los funcionarios y técnico de aquel país, con fines de garantizar, como al efecto sucedió, que apenas dos horas después de haberse cerrado las urnas el pueblo ecuatoriano conociera un estimado del resultado de sus comicios a nivel presidencial.

Junto con UNASUR y otros observadores internacionales estuvimos realizando nuestro trabajo en Ecuador. El lunes 18 entregamos a los medios de comunicación un informe preliminar sobre el mandato recibido por parte de José Miguel Insulza, Secretario General de la OEA. En el mes de marzo, presentaremos en Washington, Estados Unidos de América, el informe definitivo de la observación electoral ecuatoriana al Consejo Permanente de dicha organización.

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Ese mismo día lunes, tuvimos el honor de ser invitados por el presidente Rafael Correa a un almuerzo en el Carondelet, el Palacio de Gobierno. Allí compartimos con él la mesa de honor y tuvimos la oportunidad de conversar sobre diversos temas. Nos manifestó su interés de volver a la República Dominicana para conocer personalmente al presidente Danilo Medina, ya que no pudo asistir a su toma de posesión, y de saludar una vez más al expresidente Leonel Fernández, de quien guarda gratos recuerdos.

De regreso al país, bien podemos decir: Misión cumplida.

Fotos escénicas de Quito (slideshow): Magnus von Koeller y Scipio – Flickr.

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Los sectores conservadores siempre han tratado de ofrecernos una imagen idílica de Duarte; un Padre de la Patria inasible, una cumbre inalcanzable; un ser etéreo que se sitúa más allá del bien y del mal.

El Duarte que esta Patria nuestra hoy debe reivindicar en su bicentenario es la del patriota acendrado, el luchador infatigable, el hombre que jamás vaciló ante el sacrificio, el proscrito que hubo de sobreponerse a las amarguras deparadas por las calumnias y las maledicencias.

Apenas contaba con veinticinco años de edad cuando fundó la Trinitaria; las ideas revolucionarias recibidas durante su estancia en España le hicieron concebir una Patria independiente de toda potencia extranjera, y a diferencia de sus antecesores y muchos de sus contemporáneos, tuvo la fe y la convicción de que en un territorio que no llegaba a contar con cien mil habitantes y sojuzgado por la fuerza inconmensurable que representaba el Haití revolucionario y liberado desde 1804, podía constituir un Estado soberano, sin tutelas extranjeras, que él llamó República Dominicana.

¿Qué fuerzas ocultas le impulsaron en sus propósitos? ¿Cómo entender que un jovenzuelo fuera capaz de desdeñar las voces que clamaban por un protectorado francés ante lo que consideraban la inviabilidad de la República? Y sin embargo, no cejó en el empeño: conspiró, como lo haría cualquier revolucionario decidido a subvertir el orden establecido; convenció con su prédica a amigos de su edad para formar el núcleo que llevaría a cabo la ardua tarea; trazó la estrategia de aliarse con los enemigos de los opresores en busca de alcanzar el objetivo perseguido; hizo las alianzas que juzgó necesarias, aunque fuera a costa de concitar en el empeño a fuerzas retrógradas, con tal de ver en el asta la enseña tricolor.

Sólo su inquebrantable firmeza hizo posible el milagro. Pero, ésta no bastaba; también fue necesaria la labor tesonera de propagar sus ideas, de ganar apoyo para la causa, de trabajar con ahínco en la urdimbre de la trama, de sacrificar el patrimonio familiar con tal de ver nacer la República Dominicana. Y así, el 4 de febrero de 1844, apenas unas semanas antes del 27, escribió a su madre y a sus hermanas para decirles:

El único medio que encuentro para reunirme con Uds. es independizar la patria. Para conseguirlo se necesitan recursos, recursos supremos, y cuyos recursos son, que Uds. de mancomún conmigo y nuestro hermano Vicente, ofrendemos en aras de la patria lo que a costa del amor y trabajo de nuestro padre hemos heredado”.

Independizada la Patria es recibido en el muelle por el Arzobispo, quien lo saluda con la exclamación: “Salve, Padre de la Patria”; pero, no había tiempo para celebraciones sino para integrarse en lo inmediato a las labores que desplegaba la Junta Gubernativa desde el 27 de febrero. Un testigo de la época nos narra este encuentro:

En medio del triunfo más espléndido llega al Palacio de Gobierno. Sabiendo que una palabra sola le bastaba para aniquilar los proyectos ambiciosos de los noveles republicanos, llega el inexperto joven y ofrece su espada a la Junta, que sólo aguardaba sus órdenes, y en recompensa de su modesto desprendimiento le da el título de general de brigada. Él lo recibe sin hacer alto en nada y todo lo renuncia en favor de sus conciudadanos, cuya unión deseaba para bien de la patria”.

Duarte no descansa. Se incorpora a la lucha contra los haitianos que se niegan a reconocer la independencia dominicana; desgraciadamente, la historia es conocida, su sacrificio y amor por la Patria es pagado con el destierro. Los “orcopolitas” de siempre no podían aceptar que un hombre tuviera un amor tan acendrado para con su Patria; que un revolucionario diera ejemplo de honestidad, rindiendo cuentas al gobierno de los fondos recibidos y devolviendo el dinero sobrante; que un defensor de los mejores intereses se opusiera vehementemente a los planes anexionistas.

Proscrito para siempre, regresa a la Patria a punto de perderse para ofrecer sus servicios al gobierno restaurador radicado en Santiago; pero, se le pide volver al extranjero para recabar apoyo a la lucha que libraba el pueblo contra el gobierno español. Duarte comprende la decisión, no busca ser manzana de discordia, se precisa la unidad, sólo toma un tiempo para visitar a Mella en su lecho de muerte, y retorna al caminar por otras tierras. En carta del 18 de marzo de 1865, ya en Caracas, le escribe a Félix María del Monte para decirle:

… el mío [mi corazón] aun ha permanecido abierto al amor de mi patria…. Hallándome dispuesto y como en los primeros días de mi adolescencia, a sacrificarlo todo en sus aras. ¿Qué quieres? Yo habré nacido para no amar sino a esa Patria tan digna de mejor suerte y a sus amigos que son los míos, cuando después de tan amargas pruebas, ni siquiera he pensado en quebrantar mi juramento”.

Ese es el Duarte que en su bicentenario debemos recordar. El irreductible en su creencia de fundar una República; el hombre que no desmayó en sus esfuerzos, desde 1833 hasta 1844, para lograr la separación de Haití; el organizador de los instrumentos, como la Trinitaria y la Filantrópica, que hicieron posible el grito de independencia; el conspirador que supo urdir con su inteligencia y sagacidad la trama que haría factible el amanecer de febrero; el abnegado que lo entregó todo, fortuna y justas aspiraciones, con tal de obtener los propósitos de ver una Patria libre y sin discordias; el apóstol que predicó entre la juventud e hizo germinar los ideales de la nacionalidad; el patricio que prefirió el destierro con tal de sepultar entre sus congéneres la tea de la discordia; el anticolonialista que advirtió que el país debía ser libre de toda potencia extranjera, o se hundía la isla.

Que los dominicanos y dominicanas de hoy beban en la fuente del ideario de Juan Pablo Duarte; que sea faro que ilumine nuestros compromisos de trabajar sin descanso y desmayo por el porvenir de la Patria; que veamos en él al hombre de acción, al luchador infatigable, a quien jamás se doblegó en la defensa de la dominicanidad. Que en éste, su bicentenario, digamos con Miguel Angel Garrido: “Duarte, más grande que tú, ni la Patria misma”.

Santo Domingo, 26 de enero de 2013.

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Del primer viaje a Ecuador

Publicado: 25 enero, 2013 de Rafael Alburquerque en Actividades, Escrito a mano
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Las imágenes muestran momentos de la primera visita del doctor Alburquerque a las oficinas del Consejo Nacional Electoral de Ecuador; su encuentro con el presidente del Consejo –Doctor Domingo Paredes Castillo– y la firma del acuerdo del Procedimiento de Observación Electoral con la OEA para las elecciones del próximo 17 de febrero en ese país sudamericano.

Dadas las irregularidades que en el pasado acontecían en los procesos electorales de América Latina, el Sistema Interamericano estimó conveniente darle seguimiento a los mismos para asegurar su transparencia mediante la presencia in situ de enviados especiales que tratarían de garantizar el equilibrio entre los contendientes y la diafanidad de los resultados de la consulta. La Organización de Estados Americanos (OEA) se ha encargado de esta misión y en cada elección nacional, sea presidencial o legislativa, conforma un cuerpo de observadores que generalmente es dirigido por un ex presidente o vicepresidente, o una personalidad del Continente.

En las pasadas elecciones dominicanas, el expresidente de Uruguay, Tabaré Vásquez, fue el Jefe de la Misión de Observadores Electorales de la OEA, quien después de finalizado el evento rindió un informe favorable sobre lo acontecido, dando así su aval al triunfo del candidato del PLD, Danilo Medina.

El 17 de febrero próximo serán las elecciones presidenciales y legislativas del Ecuador y he tenido el honor de ser designado por la OEA como Jefe de la Misión de Observadores Electorales. Un prestigio no tanto para mi persona sino para la República Dominicana, pues con esta designación se reconoce la política de relaciones exteriores que ha puesto en práctica nuestro país.

Para cumplir con el mandato recibido, la pasada semana, desde el día 14 hasta el 18 estuve en el Ecuador, tanto en su capital, Quito, como en su ciudad más importante, Guayaquil. La finalidad de este viaje era firmar con el Consejo Nacional Electoral el Procedimiento de Observación Electoral, pero al mismo tiempo, se aprovechó la oportunidad para visitar a los distintos candidatos presidenciales, a los directores de medios de comunicación y a la sociedad civil, representada por Participación Ciudadana.

Suscrito el acuerdo con el Consejo Nacional Electoral, fuimos recibidos por el doctor Lenin Moreno, vicepresidente de la República a cargo del Poder Ejecutivo, en vista de que el presidente Rafael Correa ha pedido licencia para dedicarse a la campaña electoral.

Posteriormente nos dedicamos a visitar a los candidatos presidenciales. Ocho partidos y movimientos corren en las elecciones, siendo sus candidatos, por orden alfabético: Alberto Acosta, por el Movimiento Popular Democrático; Rafael Correa, quien aspira a la reelección por el movimiento Alianza País; Lucio Gutiérrez, por el Partido Sociedad Patriótica; Guillermo Lasso, por el Movimiento Creo; Alvaro Noboa, por el Partido Renovador Institucional Acción Nacional; Mauricio Rodas, por el Partido Sociedad Unida Más Acción; Norma Stef Wray, por el Movimiento Ruptura; y Nelson Zavala, por el Partido Roldosista Ecuatoriano.

Desde la primera semana de febrero se instalará en el Ecuador el equipo de la OEA, integrado por veinticuatro coordinadores regionales, uno por cada provincia, noventa observadores diseminados por todo el país y un equipo técnico. Todo este equipo estará bajo mi dirección y coordinación, con la asistencia de la señora María T. Mellenkamp, funcionaria de la organización, quien fungirá como Subjefa de la Misión.

La Misión estará recorriendo las distintas regiones del Ecuador y permanecerá en ese país hasta después que se ofrezcan los resultados electorales. Un informe será evacuado en el que se darán a conocer todos los pormenores del proceso. Se trata de una gran responsabilidad para mi persona, pues siempre las campañas crispan los ánimos, por lo que es necesario actuar con la debida mesura y espíritu conciliador para tratar de que sea un éxito la misión.

Un gran compromiso, que cumpliremos con absoluta imparcialidad y afán de servicio, para así responder a la confianza que ha sido depositada en nosotros.

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El Vicepresidente de la República Dominicana, doctor Rafael Alburquerque, se dirige al país con motivo del término de la administración 2008-2012 que encabezó junto al presidente Leonel Fernández Reyna.

El pasado 30 de mayo fui elegido como presidente de la 101a. Conferencia Internacional del Trabajo, que es la asamblea general de la Organización Internacional del Trabajo —OIT, que se celebra cada año en el mes de junio en la ciudad de Ginebra, Suiza.

Para mí –que desde mi graduación como abogado he estado estrechamente vinculado al Derecho del Trabajo y que en el pasado he servido como funcionario de la OIT– se trata de un reconocimiento del mundo del trabajo, que recibo con humildad y que aprecio como un galardón conferido al Gobierno dominicano por su rol desempeñado en la política internacional.

Aquí, en las oficinas de la OIT me he desempeñado como presidente de su Comisión Técnica en la Conferencia Internacional de 1999, representante de su director general para la colaboración con Colombia en el 2000 y miembro de su comisión de expertos desde 2001 hasta que asumí la vicepresidencia de la República Dominicana, en agosto de 2004.

Desde el año 2000, cuando dejé el Ministerio de Trabajo, no había vuelto a La Casa, como se conocen las oficinas de la OIT. Ya la mayoría de los funcionarios con los que hice amistad en mis viajes a Ginebra entre 1991 y 2000, presidiendo la delegación dominicana, se han marchado, ya que por razones de edad han sido puestos en retiro. Ahora he encontrado en las altas posiciones a los jóvenes que en el pasado ocupaban mandos medios.

El Director General, Juan Somavía, chileno, elegido en 1999 con el apoyo entusiasta del grupo latinoamericano, permaneció en sus funciones durante trece años: dos mandatos de cinco años y un último de tres, pues acaba de presentar su renuncia. Esto dio paso a la elección de un nuevo Director General, efectuada el pasado 29 de mayo, resultando electo el señor Guz Ryder, actual Director de Normas de la OIT y en el pasado dirigente de los trabajadores. Como tal, conocí a este inglés en el decenio de los noventa, cuando asistía a la Conferencia como jefe del sector de los asalariados, y quien tenía en su hoja de servicios haber logrado la unificación de las dos centrales sindicales que surgieron después de la Segunda Guerra Mundial: la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres, de orientación socialdemócrata; y la Confederación Mundial del Trabajo, de tendencia democratacristiana.

La Conferencia de este año trata de temas de vital importancia, como son el desempleo juvenil, que es un tema crítico en todas partes del mundo; el piso de protección social, en busca de una seguridad social de garantías mínimas para la universalidad de los trabajadores, incluyendo los del sector fundamental; y el de los principios y derechos fundamentales en el trabajo en estos momentos de crisis mundial financiera y económica.

Como presidente de la Conferencia debo dirigir los debates de las sesiones plenarias, recibir delegaciones, ofrecer la bienvenida y dialogar con los Jefes de Estado que comparecen, como son los señores Moncef Maryouki, presidente de Túnez; Ollanta Humala, de Perú; Michel Chilufza, de Zambia; Ricardo Martinelli, de Panamá; y Giorgio Napolitano, de Italia. También debo estar pendiente del trabajo de las diversas comisiones y tratar de mediar y lograr un avenimiento cuando surgen diferencias entre los sectores de empleadores y trabajadores.

Los trabajos de la Conferencia son arduos y delicados, pero me cabe la satisfacción de haber sido apoyado por los 184 Estados miembros de la Organización y de que cada día en esta labor de conducción recibo el respaldo de sus delegados y de todo el personal de la Oficina. Y, no menos importante, de que en esta época de crisis, la OIT siga siendo un instrumento de defensa de los principios y derechos fundamentales de los trabajadores.