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En Montreux

La República Dominicana fue acogida como miembro observador de pleno derecho de la Organización Internacional de la Francofonía, integrada por más de 49 países y Estados francófonos, y cuyas credenciales fueron recibidas por el vicepresidente de la República, doctor Rafael Alburquerque, quien representó al presidente Leonel Fernández en el marco de la Décimo Tercera Cumbre de Presidentes, Jefes de Estado y de Gobierno, celebrada del 23 al 24 de octubre en la ciudad de Montreux, Suiza

El doctor Alburquerque, en sus palabras ante el cónclave, destacó el compromiso del Gobierno del presidente Fernández en la defensa de la paz y la diversidad cultural.

También se refirió a varias coincidencias históricas que justifican la participación del país en dicho Foro, entre las que citó el hecho de que hoy en día nuestro Código Civil sigue siendo una emanación del Código Civil Francés, y todos los juristas dominicanos aprenden obligatoriamente la lengua de Molière y Víctor Hugo al principio de sus carreras universitarias.

Se refirió, además, a la presencia de Francia en la isla de Santo Domingo, la cual data de más de 4 siglos, y afirmó que la llegada de los bucaneros y filibusteros franceses se produjo concomitante con la de los colonizadores españoles.

Las actividades de la Organización Internacional de la Francofonía se centran en la difusión cultural, educación, apoyo a la democracia, estrechar los lazos de colaboración entre sus pueblos y promover las nuevas tecnologías

En Cartagena

El doctor Rafael Alburquerque llegó ayer martes 26 a Bogotá, Colombia, procedente de Montreux, Suiza, para encabezar la delegación oficial dominicana que participaría en la Décimo Segunda Cumbre de Jefes de Estado y Gobierno del Mecanismo del Diálogo y la Concertación de Tuxtla. A su arribo a Bogotá, el Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, le distinguió solicitándole que le acompañara en el avión presidencial hasta la ciudad de Cartagena de Indias, donde se celebró la Cumbre.

En esta oportunidad, el Mecanismo de Tuxtla se centró en los temas de fortalecimiento de la institucionalidad, migración, seguridad, energía, medioambiente y cambio climático; así como los asuntos económicos, comerciales, financieros, cooperación para el desarrollo y la solidaridad entre los Estados miembros ante catástrofe naturales.

Además de los presidentes de Colombia y República Dominicana, en la referida Cumbre participaron representantes de México, Guatemala, El Salvador, Panamá, Honduras, Costa Rica y el vice primer ministro de Recursos Naturales de Belice. En el acto de clausura se conmemoró el Quincuagésimo aniversario del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), y la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (SIECA).

El Mecanismo de Diálogo y Concertación de Tuxtla, establecido en 1991 en la ciudad de Tuxtla del Estado de Chiapas, México, tiene un componente fundamental de concertación y diálogo político, y otro de cooperación.

Ayer concluyó en Santo Domingo el V Foro Latinoamericano y Caribeño de Carbono. Se trata del evento internacional de mayor importancia, y el principal espacio hemisférico para negociaciones que marquen nuevos rumbos en las estrategias y medidas para reducir el efecto invernadero en el planeta. El evento fue organizado por la Comisión Nacional de Cambio Climático, en coordinación con el Banco Mundial, la Asociación Internacional de Comercio de Emisiones (IETA), la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE), el Centro Riso del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (URC), el Banco Interamericano de Desarrollo y la Conferencia de las Naciones Unidas Sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). A continuación, transcribimos el discurso del vicepresidente de la República, doctor Rafael Alburquerque, durante la apertura del Foro.

Señoras y Señores:

Es un honor para mí participar en este prestigioso foro y sumarme al distinguido grupo de líderes de las naciones que lo integran. Nos congregamos aquí en Santo Domingo porque el cambio climático representa un grave y creciente peligro para nuestros pueblos. No estarían hoy aquí si no estuvieran convencidos, como yo, de que este peligro es real. Es ciencia, no ficción. El cambio climático desenfrenado representa la mayor amenaza de la humanidad en el siglo XXI, y un peligro inaceptable para nuestra sobrevivencia, nuestras economías y nuestro planeta. De eso estamos muy conscientes.

Entonces, la interrogante que se nos presenta ya no es el carácter del desafío: es nuestra capacidad de hacerle frente. Si bien la realidad del cambio climático no está en duda, nuestra capacidad de tomar medidas colectivas sí lo está, y depende de ella.

La comunidad internacional tiene 15 años debatiendo la problemática del cambio climático en el ámbito de las Naciones Unidas para avanzar en la concertación de un acuerdo climático justo y equitativo, con cuyos resultados estemos conformes todos, países desarrollados y en vía de desarrollo, ricos y pobres, pero, sobre todo, resultados orientados a la defensa de la vida y los medios que la sustentan.

Nuestra delegación participa en el proceso de negociación llena de entusiasmo y deseos de cooperación como firme defensora del principio de responsabilidad común pero diferenciada. Estuvo en Copenhague el pasado año y estará en Cancún en la COP16 este año, no para señalar culpables, pues estamos conscientes que somos los herederos de los errores que otros cometieron en el pasado. No obstante, entendemos que llegó la hora de reparar y compensar. La forma en que hemos organizado el desarrollo humano ha demostrado ser ineficiente; definitivamente no es equitativo y terminará afectándonos a todos, pero con mayor impacto a los países más vulnerables, como la República Dominicana.

Para avanzar en el proceso de negociación y llegar a un consenso con respecto al nuevo régimen climático pos 2012, debemos adoptar una serie de medidas estratégicas.

En primer lugar, las principales economías deben presentar propuestas nacionales decisivas, que reduzcan sus emisiones y comenzar a revertir la situación con respecto al cambio climático. Nos complace que muchos países desarrollados ya han presentado sus metas de reducción de emisiones. Pero no ha sido suficiente para alcanzar el necesario 25% de reducción de emisiones a partir de 2012, como lo establece el IPCC. Necesitamos alcanzar objetivos significativos, objetivos ambiciosos. Y estoy seguro de que el mundo desarrollado cumplirá la promesa de reducir sus emisiones en más de un 80 por ciento para el 2050, conforme a lo establecido por la ciencia.

En segundo lugar, debemos tener un mecanismo bajo la Convención para vigilar el cumplimiento con lo prometido y compartir esta información de manera transparente. Estas medidas no deben interferir ni atentar contra la soberanía de ningún país, por grande o pequeña que sea su economía. Sin embargo, deben garantizar que el convenio sea digno de crédito y que cumplamos con nuestras obligaciones, pues sin ese grado de responsabilidad, todo acuerdo sería palabras vanas en papel.

No sé cómo se logra un acuerdo internacional en el que todos no compartamos información y garanticemos el cumplimiento de nuestros compromisos. No tiene sentido. No sería una victoria de la humanidad.

En tercer lugar, debemos tener financiamiento que ayude a los países en desarrollo, particularmente a los menos desarrollados y más vulnerables, a adaptarse al cambio climático. A partir de Copenhague se creó un mecanismo de financiación de inicio-rápido (fast-start funding), que otorgaría hasta $10,000 millones en el 2012. Con posibilidades mediante un esfuerzo mundial para movilizar $100,000 millones en financiamiento para el 2020, hasta el momento el mundo en desarrollo no ha visto los «desembolsos rápidos». Es cada vez más urgente la adaptación a los efectos del cambio climático. La manera inteligente en que nos adecuemos a estos nuevos tiempos e impactos marcará el éxito de sobrevivencia de nuestras sociedades, ecosistemas y especies, a través de la adaptación obligada.

Adaptación, Mitigación, Transparencia y financiamiento. Es una fórmula clara; una que se ciñe al principio de soluciones colectivas, pero con respuestas y capacidades diferenciadas. Y constituyen un acuerdo significativo, uno que nos lleva más lejos de lo que hasta ahora hemos llegado como comunidad internacional.

Solo quiero decirles que se nos está acabando el tiempo. Estamos seguros que muchos consideran que esta fórmula que he descrito es imperfecta. Ningún país logrará todo lo que desea. Hay algunos países en desarrollo que quieren ayuda incondicional y sin obligaciones en cuanto a la transparencia. Piensan que los países más avanzados deben pagar un precio más alto. Hay algunos países avanzados que piensan que los países en desarrollo no pueden absorber esta asistencia, o que no será posible hacerlos rendir cuentas efectivamente, y que los países de más rápido crecimiento en emisiones del mundo deben asumir una mayor responsabilidad.

Conocemos las fallas porque hemos sido prisioneros de ellas durante muchos años. Estas conversaciones internacionales se han llevado a cabo esencialmente durante casi dos décadas, y tenemos muy poco que mostrar por ello, aparte de una aceleración creciente del fenómeno del cambio climático.

Señoras y señores, la humanidad vivió, hace apenas dos años una crisis a escala planetaria sin precedentes: la crisis financiera.

La manera diligente con que se ha enfrentado el colapso del sistema financiero internacional, nos indica aquello que siempre ha estado en boca de los pueblos, de que: «cuando se quiere, se puede».

Para resolver la crisis climática que tenemos de frente queda poco tiempo. Es necesario vencer todos los intereses particulares, todas las resistencias y todos los obstáculos, si queremos ejecutar el Plan de Acción de Bali y dar una respuesta satisfactoria al planeta y la humanidad, necesitamos que con carácter de urgencia se asuman las tareas del desarrollo económico y social de los pueblos afectados por la pobreza, el hambre, las enfermedades, el analfabetismo y los eventos climáticos extremos.

Hoy, señoras y señores, estamos llamados a interponer el interés común por encima del individual, debemos repensar la forma en que nos desarrollamos y cómo nos relacionamos con la Naturaleza. Ningún delegado en esta sala debe refugiarse en los detalles como mecanismo para evadir los compromisos, y este ejercicio de construcción de ciudadanía ambiental responsable debe tener éxito, de lo contrario las futuras generaciones podrían catalogarlo como fallido.

La única esperanza de revertir la actual situación de crisis climática que prevalece en el mundo radica en las decisiones valientes, sabias y oportunas que desde este prestigioso foro mundial podamos proponer y adoptar en la COP16. Los pueblos del mundo aguardan por estas decisiones. Están conscientes que su derecho a una vida digna, honorable y alegre depende de eso. No les defraudemos. Actuemos con justicia, con valentía, con sentido de la historia y con visión de futuro.

Muchas gracias.

Más información sobre el V Foro Latinoamericano y Caribeño de Carbono.

A continuación presentamos la segunda parte de la entrevista realizada al Vicepresidente por César Medina, productor del matutino Hoy Mismo, el pasado 29 de julio.

En esta parte, las preguntas al doctor Alburquerque se refirieron al tema de la indexación de los combustibles, la postura del empresariado nacional sobre este particular, así como al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que lo originó.

En breve estaremos publicando, tanto en el blog como en el Canal de YouTube del Vicepresidente la tercera parte de esta entrevista con el temas de los indicadores económicos más recientes y los programas sociales del Gobierno.

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Primera y segunda partes de la entrevista en Hoy Mismo

Acabo de leer dos libros sobre Nelson Mandela. El primero, de John Carlin, titulado El Factor Humano y, el segundo, de la autoría de Richard Stengel, con el título de El Legado de Mandela.

Estoy seguro que del primero de estos libros has oído hablar, pues su contenido sirvió de argumento a la película Invictus, de Clint Eastwood, que ha sido elogiada por los críticos y que causó una buena impresión cuando se proyectó en las salas de cine del país. Desde luego, como casi siempre acontece, el libro nos explica mucho mejor el mensaje que quiso proyectar la filmación. Ese mensaje puede resumirse en las propias palabras de Mandela:

“El deporte tiene el poder de transformar el mundo. Tiene el poder de inspirar; de unir a la gente como pocas otras cosas… Tiene más capacidad que los gobiernos de derribar las barreras raciales”.

Y, precisamente, a partir de este razonamiento de Mandela es que Carlin desarrolla la trama de su obra, en la cual nos cuenta cómo el líder de la nación sudafricana pudo lograr “la pacífica transferencia de poder de la minoría blanca a la mayoría negra en Sudáfrica, el paso del apartheid a la democracia”.

Para conquistar sus objetivos de vencer la segregación racial y unificar su nación, Mandela apostó a respaldar los Springbok, el equipo de rugby integrado por afrikáners y odiado por los negros, para quienes representaba el símbolo del dominio y explotación de los blancos.

Su tarea no fue nada fácil. Tuvo que vencer el recelo de los blancos, quienes no podían entender que su presidente negro los apoyara, luego de tantos años de animadversión contra el equipo, hasta el punto en que se habían llevado a cabo campañas mundiales para impedir que éste pudiera participar en justas internacionales. Pero, también debió luchar contra el resentimiento acumulado de sus compañeros de Partido, quienes consideraban imposible respaldar un equipo que a lo largo de su historia siempre fue identificado en el imaginario de los negros como el paradigma de la supuesta supremacía blanca con la cual se pretendía sojuzgar a la población mayoritaria negra.

Gracias al diálogo y a la persuasión, pero además a su valor personal, Mandela obtuvo su cometido. En 1995 los Springbok ganaban el campeonato mundial de rugby celebrado en Sudáfrica, en un partido presenciado por Mandela, ante una multitud de hombres y mujeres blancos que lo aclamaron, y con su aclamación, lo aceptaban como su Presidente. Al mismo tiempo, los hombres y mujeres que por su raza habían sido sometidos a la segregación, aceptaban el triunfo de los Springbok como suyo, cerrándose así un largo capítulo de división y odio racial que ha permitido a la Sudáfrica de hoy marchar por un camino de paz y reconciliación.

El segundo libro El legado de Mandela es una de enseñanza sobre la vida, el amor y el valor de Nelson Mandela, tal como lo afirma en un subtítulo el autor de la obra, Richard Stengel. Ni siquiera es necesario comentar este libro, basta con reproducir algunos de sus párrafos para darse cuenta de la dimensión universal del hombre y líder que es Nelson Mandela.

La cárcel –dice el autor le enseñó el dominio de sí mismo, disciplina y concentración, cosas que Mandela considera esenciales en un líder. Gracias a este autocontrol, pudo afirmar que el coraje no es la ausencia de miedo, sino aprender a superarlo, y, por tal razón, nuestro personaje afirma que es necesario fingir que se es valiente; que no tener miedo es una estupidez, pues el coraje es no dejar que el miedo te venza. Si finges ser valiente, sostiene Mandela, no sólo te vuelves valiente, eres valiente.

Mandela, nos dice Stengel, sabe que no hay nadie que sea totalmente bueno o totalmente malo, y, en general, considera que casi todo el mundo es bueno mientras no se demuestre lo contrario. El autor del libro nos advierte que para algunos este es un punto débil del líder y, para otros, una ingenuidad. Pero, Mandela considera que si se piensa bien de la gente con la cual interactuamos, se aumenta la probabilidad de que esa persona muestre lo mejor de sí misma. Nadie, afirma el líder sudafricano es intrínsecamente malo.

“La maldad es algo que las circunstancias, el entorno o la educación inculca o enseña a los hombres. No es innata”.

Aunque Mandela trata de complacer a sus compañeros y ciudadanos, Stengel aclara que su biografiado sabe decir no, ya que hacerlo luego sería mucho más difícil. “Si hay que decepcionar a alguien, cuanto antes mejor”, es su razonamiento, y cuando tiene que decirlo no lo endulzará ni se lo pasará a otro, tratando de que su respuesta sea clara e irrevocable. En otras palabras, dice el autor de la obra, el líder sudafricano no es de las personas que da falsas esperanzas ni deja abierta la más mínima rendija.

Hay, pues, que leer este libro de Richard Stengel. Efectivamente, una obra para aprender de la actitud de un hombre, que a no dudar, es uno de los grandes prohombres de la humanidad.

Para el doctor Rafael Alburquerque la concertación y la transparencia son dos aspectos muy importantes de la democracia: contribuyen a la buena convivencia en sociedad y facilitan el ejercicio de la gestión gubernamental, al tiempo que permiten que la ciudadanía asuma la responsabilidad que le corresponde.

Como muestra, dos botones.

Hace unos meses, el Vicepresidente visitó a los directores de medios de prensa, con el fin de entregarles personalmente la lista de nombres, cédulas y domicilios de las personas beneficiarias del subsidio Bonogás Hogar del Programa Solidaridad. En esa oportunidad expresó:

Nosotros les estamos entregando esta lista a ustedes, la prensa, porque queremos que en la entrega de las tarjetas prime la transparencia y la diafanidad en la selección de beneficiarios, pues para nosotros sólo existen personas necesitadas. Queremos que ustedes nos ayuden a vigilar el proceso, y que sus observaciones contribuyan a mejorar cualquier aspecto que sea necesario.

Más recientemente, a propósito del éxito de las pasadas negociaciones entre el Gobierno y el Colegio Médico Dominicano, el periódico Hoy, en su edición del 25 de Junio comentó que:

Se vio muy bien la reunión sostenida entre funcionarios del Gobierno, encabezados por el Vicepresidente de la República, y directivos del Colegio Médico. ¿Por qué? Porque se veía la eficiencia del diálogo dirigido por el doctor Rafael Alburquerque, un académico, especialista en derecho laboral y político de larga veteranía. El Vicepresidente encontró una salida adecuada. Pero no se quedó ahí, sino que le está dando seguimiento a los acuerdos, de manera que los mismos se cumplan, se enderecen y se creen las condiciones para que cualquier malentendido sea resuelto sobre la marcha. Que a todos nos sirva de ejemplo.

Y es que el principal recurso de una nación es su gente, sus ciudadanos; el trabajo de cada uno de nosotros es lo que hace posible nuestra supervivencia como país. Todo ciudadano es importante; desde el humilde zapatero, hasta el dependiente de una tienda, el periodista o el médico. Y como ciudadanos con derechos y responsabilidades tenemos, además, el deber de participar y cooperar en la solución de los problemas nacionales, contribuyendo así a hacer del nuestro un país cada vez mejor.