Una lucha que nunca ha de terminar

Hoy se cumple un nuevo aniversario de la Independencia Nacional, el cual reviste una singular importancia: primero, porque el Presidente Leonel Fernández presentará su última rendición de cuentas ante la reunión conjunta del Congreso Nacional, luego de casi ocho años de ejercicio en el cual se ha mantenido la estabilidad macroeconómica, el país ha permanecido creciendo, la pobreza ha disminuido y el desempleo se ha reducido; segundo: porque este 27 de febrero debemos iniciar los preparativos para conmemorar en el año 2013 tres acontecimientos históricos, el bicentenario del nacimiento de Juan Pablo Duarte (el próximo 26 de enero), los cincuenta años de la ascensión al poder del presidente Juan Bosch (el 27 de febrero) y los ciento cincuenta años de la Restauración (16 de agosto).

A las diez de la noche de un día como hoy, hace 168 años, en el Baluarte de El Conde, se proclamaba la independencia y se izaba por primera vez la bandera tricolor. En 1844 Santo Domingo era una ciudad ocupada durante veinte y dos años por las fuerzas de Boyer; el país se encontraba sumido en la miseria; y escasos criollos estaban convencidos de que pudiera nacer una nación libre e independiente.

Sin embargo, un hombre, desde 1838, creía en la posibilidad de una Patria, lo dio todo porque su pensamiento germinara y se difundiera, pagó con el exilio su osadía, sacrificó la fortuna familiar, dejó a un lado egoísmos y honores con tal de lograr que naciera la República Dominicana.

A Juan Pablo Duarte le debemos poder ser y llamarnos hoy dominicanos. Para mantener sus ideales y su legado, miles de hombres y mujeres han tenido que trabajar con ahínco y ofrendar hasta su vida con tal de evitar el sojuzgamiento de la Patria.

Lo hicieron con valor aquellos héroes que fueron al campo de batalla para lograr restaurar a la República, anexionada por un caudillo que no creyó en su futuro; los rebeldes que jamás claudicaron ante la intervención extranjera de 1916; y los constitucionales que se opusieron con vigor a la ocupación de 1965. Pero también lo hicieron aquellos próceres que con sus ideas se negaron a votar en el Congreso Nacional la convención domínico-americana de 1907; quienes se opusieron al arrendamiento de la bahía de Samaná; los que combatieron con denuedo la dictadura de Ulises Heraux; los “desafectos” que mantuvieron su dignidad y jamás se doblegaron ante la tiranía de Trujillo, así como los valerosos combatientes de Cayo Confites, Luperón, Constanza, Estero Hondo y Maimón; los aguerridos jóvenes del 14 de Junio y los panfleteros, que soportaron las torturas de la 40; y las ingentes Hermanas Mirabal, ejemplo de dignidad y decoro.

En el presente, continuamos la lucha. Una lucha que nunca ha de terminar, pues como lo enseñaba el profesor Juan Bosch, día a día es necesario trabajar por el legado de Juan Pablo Duarte. Habrá amenazas de retroceso, podrá haber esporádicas caídas, pero este pueblo siempre mantendrá en alto su dignidad, y por más difícil que sea el momento, seguirá siempre adelante, en la construcción de un porvenir de bienestar y justicia social.

Santo Domingo, 27 de febrero de 2012.

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