Batalla del 30 de marzo: historia de una mujer y un pañuelo

Ese martes, Juana se levanta antes que el sol. La noche anterior la ha pasado prácticamente en vela. Hace una semana que está en Santiago, en casa de una comadre; fue incapaz de esperar a la tropa que venía desde La Vega y se le adelantó para esperar a los hombres.

Ella estuvo presente el día 4 en la gran celebración en La Vega; sintió que el corazón se le iba a salir del pecho al contemplar la hermosa bandera dominicana izada por primera vez en su propio pueblo. Se ha enterado de la derrota de Hérard Aîné en Azua y sabe que el general Pierrot viene con 4,000 hombres bajo la orden de tomar Santiago, a sólo 200 leguas de su Jamo natal. “Si es por mí, eso no va a pasar” fue el pensamiento que la impulsó a salir para Santiago a lomo de mula.

Quienes la conocían, compadecían al animal. Sabían que era inútil decirle a la Saltitopa que no fuera, que las guerras son cosas de los hombres, que ella no iba a hacer ninguna diferencia. Así que nadie lo intentó siquiera, sólo la miraban pasar y meneaban la cabeza.

El lunes se lo pasó desde tempranito yendo y viniendo desde el fuerte Dios, al Patria y al Libertad, cerquita del río, llevando y trayendo noticias. Juana Trinidad no es buena para los números, pero por lo que ha podido contar y averiguar, comprende que la desventaja de las tropas patriotas es muy grande. Lo piensa por un momento y luego se encoge de hombros, tiene la certeza absoluta de que el invasor lo va a pasar muy mal.

Esa noche la pasa entre los soldados de La Vega y Jamo, que han acampado cerca del río. Les canta ingeniosas coplas, algunas para animarles; otras, para burlarse de los que vienen y de la suerte que les espera. Cuando el último de los hombres se ha dormido, Juana se va al río y, como cada noche, lava su pañuelo rojo de madrás. La luna, casi llena, le hace compañía. Hace unas horas que se sabe que Pierrot atacará al día siguiente. Juana ya está lista para la batalla.

Esa tarde a muchos les parece que Juana está en todas partes al mismo tiempo.

¡Corra, busque más pólvora!; — ¡Doña, se nos acabó el agua!; — ¡Doña, búsqueme al capitán!; —¡Ocúpese de esos heridos!… son las frases que entre el fragor de la batalla llegan constantemente a sus oídos. Sin embargo, Juana no escucha los cañonazos; no oye los lamentos de los heridos, ni las balas que pasan rozándole la cabeza. Juana no se inmuta de pasar entre centenares de haitianos muertos y heridos para llevar el agua que enfriará el cañón del fuerte y la que calmará la sed de los combatientes que defienden el suelo patrio recién ganado.

El pañuelo de madrás se lava esa tarde más de 10 veces en las aguas del Yaque. Ha secado sudores; ha servido de babonuco para transportar el agua al fuerte; ha sido torniquete y gasa para las heridas; ha servido de envoltorio para pólvora, siempre escasa en las batallas; y ha ondeado al viento animando a los soldados que por momentos se agotan.

De regreso a Jamo y La Vega, pocos días después, las tropas se divierten imaginando la cara de Pierrot cuando llegue a la capital de Haití y comprenda que ha sido engañado; que su Comandante en Jefe y además presidente de la nación invasora no ha muerto, como se le informara, y que ahora él se ha convertido en traidor por haber ordenado la retirada.

Las historias van y vienen de boca en boca, pero el nombre de Juana no aparece en ninguna de ellas; todos hablan, con reverencia, del valor de La Coronela.

4 comentarios en “Batalla del 30 de marzo: historia de una mujer y un pañuelo

  1. Saludos, Dr. Alburquerque. My emotivo texto, esta muy lleno de vida y habla por si sólo de los grandes dominicanos que hemos tenido, pero en este caso muy especialmente queda reiterado que la mujer de algún modo ha estado ahí, al lado de la patria. Siempre pienso que la historia debe ser contada como algo que va a suceder, no como algo que ha sucedido.

    No se pueden valorar nuestros símbolos patrios, sino se conoce nuestra historia, no obstante sí conocen los pesares, la tribulaciones o las vicisitudes de nuestros luchadores paladines sabremos hacerlo. Les digo a los muchachos del Club de Lectores Prof. Juan Bosch que al parecer aún existen varios contemporáneos que creen que esas batallas son parte de la mitología Dominicana, acaso gente tan ignota.

    ¡Saludos!

  2. La mujer siempre ha tenido actuaciones brillantes en la historia Dominicana, pero han sido avasalladas por la hombrías de nuestros líderes, además en nuestras batallas la mujer estuvo ahí como estratega invisible.

  3. Gustavo, me alegra saber de ti. Tienes mucha razón en lo que dices. Te deseo éxitos con tu Club de Lectores.

    Así es, Getulio. Gracias por tu comentario.

  4. me gusta sober todas esas historias por Que .sabemos Que la republica Dominicana tuvo lideres y luchadores por nuestra patria por eso es un ejemplo asegir

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