A apretar el acelerador social

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Foto: Presidencia de la República —flickr

El país se ha transformado. Ha cambiado. Ahora en menos de dos horas llegamos a Bávaro y Punta Cana por una superautopista. Para ir a Samaná y Las Terrenas, ya no tenemos que dar todo un rodeo de largas horas por la carrerera Duarte, atravesar San Francisco de Macorís y luego marchar hasta la península. Hoy tomamos la autovía Juan Pablo II y en un par de horas estamos disfrutando de las maravillas de esa zona turística. Si queremos ir a Baní, en menos de una hora lo hacemos y, en la actualidad, si tomamos rumbo a Puerto Plata y la Línea Noroeste, ya no es necesario cruzar Santiago y envolvernos en su pesado tráfico, pues lo haremos por la circunvalación. 

¿Cómo transitaríamos en estos momentos en la Capital, si no se hubieran construido los elevados y las líneas del metro? Miles de personas utilizan diariamente los dos ramales del subterráneo, que en pocos meses atravesará el río Ozama, para llegar a la zona oriental, y se construye un teleférico que llevará hasta las estaciones del tren a miles de hombres y mujeres que habitan en los barrios de la parte norte de la capital.

Se ha construido la Ciudad de la Salud para ofrecer servicios en tres hospitales a los habitantes de Santo Domingo Norte; se reparó íntegramente el Darío Contreras en Santo Domingo Estey avanzan las obras para que Cecanot y la Ciudad Sanitaria puedan muy pronto convertirse en un centro médico de alta tecnología para beneficio de los pobladores de los barrios del norte del Distrito Nacional.

Se han edificado y reparado cientos de escuelas públicas; se construyó un instituto de formación técnico profesional en San Luis; se erigió un complejo habitacional para los desplazados por el crecimiento de las aguas del lago Enriquillo; se yergue, impresionante, La Nueva Barquita, que ha rescatado y dignificado la vida de hombres y mujeres amenazados permanentemente por los rigores de tormentas y huracanes; y, muy pronto, la ciudad Juan Bosch  abrirá sus puertas para continuar en la lucha permanente de ofrecer un techo propio a la familia dominicana.

Un viaje por el territorio nacional y se observarán pueblos, antaño aldeas, de casas de madera y techos de zinc, en donde se levantan verdaderas ciudades, no sólo con viviendas de cemento, sino exhibiendo edificios de varios niveles; la generalidad de los municipios con calles debidamente asfaltadas; y carreteras, por igual, que comunican unos y otros.

Si, el país se ha transformado. Ha cambiado. Pero ¿habrá que decirlo? ha sido la obra de los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana, los doce años continuos de administración peledeísta, que con su accionar y su compromiso con nuestro pueblo, han ejecutado una obra de modernización, progreso y desarrollo.

Sin embargo, no solo ha sido el ámbito de la infraestructura. Recordemos también que desde 1996 a la fecha el Estado, bajo la conducción del PLD, se ha institucionalizado; se le ha provisto de una nueva Constitución que por primera vez en nuestra historia republicana, consagra los derechos y garantías fundamentales de los ciudadanos y les ofrece los mecanismos y tutelas para hacerlos efectivos. Pero, sobre todo, este Estado se  ha puesto al servicio de sus ciudadanos en el ofrecimiento de sus servicios. Muchos ni siquiera lo recuerdan, dan por sentado que siempre han sido ágiles y eficientes, y se olvidan los sinsabores que en el pasado había que soportar para obtener un pasaporte, para renovar la cédula de identidad y la matrícula del automóvil, y hasta para pagar los impuestos, pues las colas que se formaban ante la Dirección General de Impuestos Internos eran interminables y los más vivos se procuraban un “buscón”, que les ahorraba la mala sangre.

Ya se han desvanecido del imaginario popular las oficinas de secretarías y direcciones generales arrabalizadas, con sus paredes colmadas de propaganda del partido oficial, verdaderos mercados donde se compraban los servicios. Ni siquiera los nuevos abogados pueden imaginar como en el pasado funcionaban los tribunales, con salas de audiencia que se convertían en verdaderas saunas, supuestos palacios en donde resultaba imposible acudir a un sanitario, con oficinas de auxiliares sin asientos para los visitantes.

La obra de los gobiernos del PLD ha calado profunda en el alma de los pobres, de los hijos de Machepa, como hubiera dicho el maestro, profesor Juan Bosch.

Al iniciar nuestros gobiernos en el 2004, el desempleo se situaba en 19.7%, y hoy en día ha descendido a 13.1%; en el período constitucional en curso se han creado 400 mil nuevos puestos de trabajo, y para el mandato que se inicia el próximo 16 de agosto se anuncia una meta similar. La pobreza extrema, que en 1996 alcanzaba un 16%, hoy se encuentra en un 8%, y la pobreza general, se ha reducido de un 45% a un 36%. El seguro de salud que, en 1996 apenas cubría el 6% de la población, en estos momentos beneficia a un 70%, y en el régimen subsidiado, destinado a la población pobre del país, que sólo se extendía a 60 mil personas cuando se inició el ciclo del PLD, más de 3 millones y medio de personas están afiliadas en el presente. Los niños y niñas en edad escolar reciben desayuno, almuerzo y merienda, con el programa de la tanda extendida; la banca solidaria ha extendido su acción y ofrecido el capital semilla para que micro y pequeños empresarios puedan crecer y ampliar sus negocios; y el programa Solidaridad, un estímulo a la educación y a la salud, se ha ampliado y fortalecido.

Todos son logros que no se pueden ocultar, por más que se empeñe la oposición en ignorarlos. Este 16 de agosto, cuando inauguremos un nuevo período, seguiremos la marcha incesante del progreso y el desarrollo. Con un país que creció el pasado año un 7% en su producto interno bruto; que sigue generando riquezas; que ha entrado en la modernidad, la hora ha llegado de apretar el acelerador social, de profundizar la lucha contra la pobreza y de disminuir sensiblemente la desigualdad social.

El programa de lucha contra el analfabetismo deberá ser acelerado y profundizado para erradicar definitivamente este flagelo; un programa de combate al analfabetismo funcional debe ser prioridad en las manos de nuestros educadores; las peores formas del trabajo infantil deben ser eliminadas y un plan de acción para disminuir sensiblemente el trabajo de niños y niñas debe ser puesto en práctica. Un solo pobre extremo no debe existir para el 2020; lo que se puede lograr, pues ya con el almuerzo y la merienda escolar se ha conseguido su disminución, y un esfuerzo para desterrar los pisos de tierra y los techos de yagua, y dotar a esta población de estufas de gas, con el apoyo del bono gas, no requerirá de un ingente presupuesto. La creación de nuevos puestos de trabajo, como se ha propuesto el Gobierno, ayudará efectiva y eficazmente a combatir la pobreza en general, mediante trabajos dignos y decentes. Las unidades de atención primaria, como puerta de entrada a la seguridad social, deben abarcar todo el país, bajo la dirección de médicos de familia, y con núcleos familiares debidamente adscritos a las mismas, por la vía del programa Solidaridad. Una profunda reforma a la seguridad social, tanto en el seguro de salud, como en el de pensiones, debe ser una prioridad.

Los que apenas tenían dos y tres años en el 2004 votarán por primera vez en el 2020.

Ellos no conocieron la República Dominicana anterior. Se formaron y crecieron en un país en desarrollo, bajo los gobiernos del PLD y, de seguro, dentro de cuatro años reclamarán una sociedad más justa, más inclusiva, más igualitaria. Los gobiernos del PLD han conducido al país por senderos de crecimiento, progreso, bienestar, y el pueblo, que es inteligente, lo sabe y lo aprecia, y por eso nos ha votado en las últimas elecciones y nos ha dado el triunfo con más del cincuenta por ciento de los electores.Los números del último certamen están ahí, para atestiguarlo, sesenta y dos por ciento.

La revolución democrática ha sido una realidad. Fortalecer, expandir y profundizar lo social es la tarea del momento. La revolución social se impone en este nuevo período y, estamos seguros que nuestro Gobierno lo hará, que sabrá interpretar los anhelos del momento, que apretará el acelerador social, con el apoyo decidido y solidario del PLD y de todos los peledeístas.

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