Los hombres pueden caer, pero los principios no

Ayer 25 de septiembre se cumplieron 48 años del golpe de Estado al gobierno constitucional de Juan Bosch. En la madrugada del día 26 el Profesor Bosch dirigía la siguiente proclama al pueblo dominicano:

Ni vivos ni muertos, ni en el poder ni en la calle se logrará de nosotros que cambiemos nuestra conducta. Nos hemos opuesto, y nos opondremos siempre, a los privilegios, al robo, a la persecución, a la tortura.

Creemos en la libertad, en la dignidad y en el derecho del pueblo dominicano a vivir y a desarrollar su democracia con libertades humanas, pero también con justicia social.

En siete meses de gobierno no hemos derramado una gota de sangre ni ordenado una tortura; ni hemos aceptado que un centavo del pueblo fuera a parar a manos de ladrones.

Hemos permitido toda clase de libertades y tolerado toda clase de insultos, porque la democracia debe ser tolerante; pero no hemos tolerado persecuciones ni crímenes, ni torturas, ni huelgas ilegales, ni robos, porque la democracia respeta al ser humano y exige que se respete el orden y demanda honestidad.

Los hombres pueden caer, pero los principios no. Nosotros podemos caer, pero el pueblo no debe permitir que caiga la dignidad democrática.

La democracia es un bien del pueblo y a él le toca defenderla. Mientras tanto, aquí estamos, dispuestos a seguir la voluntad del pueblo.

Juan Emilio Bosch Gabiño

Casi medio siglo después esas palabras son tan pertinentes como entonces.

El coraje de un Presidente y el valor de un pueblo

Ya el presidente Leonel Fernández lo había advertido, a propósito del golpe de Estado en Honduras. No obstante los esfuerzos de la comunidad internacional, fue imposible que don Manuel Zelaya retornara al poder. Ante este fracaso, habría que esperar que los golpistas de siempre intentaran nuevas aventuras contra los Gobiernos electos democráticamente.

Ahora fue Ecuador; pero, felizmente, los conspiradores no se salieron con la suya. Ante la insubordinación de una parte de la Policía, el presidente Rafael Correa respondió con dignidad y coraje. Se enfrentó directamente a los insubordinados y les dijo claramente que mantenía su posición en beneficio de los mejores intereses de su pueblo. “Si quieren, disparen contra mí, quítenme la vida”, dijo con arrojo el presidente ecuatoriano. Fue agredido, recibió bombazos, fue secuestrado por doce horas, pero jamás se rindió.

Mientras tanto, su pueblo se lanzó a la calle, y dijo NO a quienes intentaban destruir la democracia. Con el pueblo en la calle, las fuerzas militares finalmente pudieron en la noche liberar al presidente, quien volvió al Palacio de Gobierno a hablar ante sus compatriotas, y a sostener que prefería mil veces más salir muerto o derrocado antes que someterse a las exigencias de las fuerzas antidemocráticas.

Una jornada de lucha por la democracia, que dice bien del coraje de un presidente y del valor de un pueblo.

Juan Bosch: La dignidad nunca muere

Mañana 25 de septiembre se cumplen cuarenta y siete años del derrocamiento del gobierno del profesor Juan Bosch. Electo el 20 de diciembre de 1962, Juan Bosch tomó posesión como Presidente de la República Dominicana el 27 de febrero de 1963. Apenas estuvo siete meses en la conducción del Estado.

Sin embargo, en sus siete meses de gobierno, Juan Bosch mostró al país que había llegado al poder para servirle a la nación y a su pueblo.

Inició la construcción del Acueducto de Santo Domingo, dio los primeros pasos para establecer institutos de formación técnico profesional, llevó a cabo un ambicioso programa de becas para que estudiantes pudieran especializarse en el exterior, comenzó la reforma agraria para entregar tierras a los campesinos, promulgó una nueva Constitución con avances significativos en el campo de los derechos sociales y económicos, y sobre todo, consolidó la democracia y mantuvo la libertad conquistada en mayo de 1961.

“¡En su gobierno, ni se mató ni se robó!”, gritaba a todo pulmón el pueblo al momento del golpe de Estado. Golpe ejecutado por los sectores más recalcitrantes del país, que no aceptaron el resultado de las elecciones de 1962, en las cuales Juan Bosch triunfó con el 60% de los votos, y que vieron en su gobierno un dique insuperable para alcanzar su propósito de hacerse con el cuantioso patrimonio de las empresas de Trujillo, que habían pasado a ser propiedad del Estado.

El escenario internacional inmerso en la guerra fría entre los Estados Unidos y la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas también influyó en su derrocamiento, pues a toda costa se quiso que Juan Bosch persiguiera, encarcelara y deportara a personas de ideas marxistas, a lo que se opuso resueltamente con el fundamento de que su gobierno respetaba las ideas políticas y religiosas de todos y cada uno de los ciudadanos.

Todavía recuerdo aquella mañana del 25 de septiembre de 1963 cuando desde las primeras horas de ese día se anunció por la radio el derrocamiento del querido profesor. Me fui a la sede del Partido Revolucionario Dominicano, del cual era dirigente de su juventud, y allí, con otros compañeros comenzamos a preparar la resistencia al golpe de Estado.

Mientras tanto, Juan Bosch se encontraba detenido en el Palacio Nacional, y desde allí pudo hacer llegar al país un manifiesto en el cual le decía al pueblo que ni vivo ni muerto le harían claudicar de sus principios. Salió al exilio, desterrado por los golpistas, y en 1965 el pueblo se levantaba en armas para exigir que se repusiera su gobierno.

Cuarenta y siete años después de su derrocamiento se sigue recordando la figura del profesor Juan Bosch, pues llegó al poder, como él mismo lo predicó, a servir a su país y a defender sus mejores intereses. Predicó con el ejemplo de la honestidad, el trabajo, la rectitud y la dedicación. Como él lo dijo: “La dignidad nunca muere”.