Reconocimiento eterno a la Raza Inmortal

Manolo

Un nuevo aniversario del 14 de junio. Bajo el peso de la tiranía, cuando más nos ahogaba la opresión y sentíamos la impotencia ante el Déspota, una mañana muy temprano, año de 1959, desde las ondas radiales de una estación de la hermana isla de Cuba, recibíamos la noticia de que una expedición de patriotas llegaba a nuestra tierra para luchar contra el régimen oprobioso de Trujillo.

Los combatientes que arribaron a Constanza y unos días más tarde a Maimón y Estero Hondo fracasaron en su esfuerzo; fueron torturados y asesinados; sus armas fueron silenciadas; pero, sembraron la semilla de la libertad, que germinaría y daría sus frutos en muy poco tiempo.

En efecto, ya para enero de 1960 surgió el grito de rebeldía en nuestro propio suelo. Cientos de jóvenes y unos cuantos de edad madura, encabezados por Manolo Tavares y Minerva Mirabal crearon un movimiento de resistencia, que aunque develado y sofocado por la dictadura, diría a América y al mundo que había resistencia en la República Dominicana.

La Tiranía se desplomaría en el año de 1961, pero no hay dudas de que fue en ese 14 de junio de 1959 cuando se inició el camino de su extinción. A esos héroes y mártires les debemos la democracia; a ellos, que supieron insuflar la protesta y la rebelión, el reconocimiento eterno de un pueblo agradecido.

Galeano y el fin del Generalísimo y de dos de sus colegas

Y mientras las grandes potencias competían en el más allá, en el más acá comenzaba la guerra civil de el Líbano, Argelia ardía, se incendiaba Francia y el general De Gaulle alzaba sus dos metros de altura sobre las llamas y prometía la salvación. En Cuba fracasaba la huelga general de Fidel Castro contra la dictadura de Fulgencio Batista […] y en Haití morían los rebeldes que se habían alzado al asalto del palacio donde Papá Doc Duvalier reinaba rodeado de brujos y verdugos. Eduardo Galeano, El Mundial del 58

François Duvalier, Papá Doc, subió al poder en Haití mediante legítimas elecciones; que abandonara el poder, ya era otra cosa. En 1959, inspirado por los camisas negras del fascismo italiano, creó a los Tonton Macoute. No les pagaba, pero tenían carta blanca para “autofinanciarse”, lo que hacían mediante el crimen y de la extorsión. Modificó la Constitución para reelegirse en 1961: obtuvo 1 millón 300 mil votos a su favor y ninguno en contra. Tres años más tarde se autoproclamó Presidente vitalicio de un gobierno brutal y represivo; a sus adversarios afortunados, los expulsó del país; más de 30 mil que no tuvieron tal suerte, fueron asesinados. Con el terror de su lado, mantuvo a Haití bajo su control absoluto hasta su muerte, en 1971. Y aunque lo convirtió en el país más pobre de América, era visto como una especie de dios por sus partidarios. Su hijo Jean-Claude pasó a ser Presidente vitalicio a los 19 años de edad. Al ser derrocado, el cuerpo de Papá Doc fue desenterrado, decapitado y quemado por una multitud que esperó quince años para hacer justicia.

Antes de que los marines lo hicieran general y mandamás de Nicaragua, Tacho Somoza se dedicaba a falsificar monedas de oro y a ganar con trampas en el poker y el amor. Desde que tiene todo el poder, el asesino de Sandino ha convertido el presupuesto nacional en su cuenta personal y se ha hecho dueño de las mejores tierras del país. Ha liquidado a sus enemigos tibios disparándoles préstamos del Banco Nacional. Sus enemigos calientes han acabado en accidente o emboscada. La visita de Somoza a los Estados Unidos no es menos triunfal que la de Trujillo. El presidente Roosevelt acude, con varios ministros, a darle la bienvenida en la Union Station. Una banda militar interpreta los himnos y suenan cañonazos y discursos. Eduardo Galeano, El siglo del Viento

Anastasio Somoza García fue ajusticiado por un poeta. El 21 de septiembre de 1956 Rigoberto López Pérez se vistió de pantalón azul y guayabera blanca, los colores de su bandera, y se infiltró en un fiesta en La Casa del Obrero de León a la que asistiría Somoza. Los testigos dicen que se acercó bailando por el centro de la pista hasta quedar a unos cinco metros del tirano, sacó el arma e hizo cinco disparos hacia el bajo abdomen de Somoza, para alcanzarlo fuera del chaleco antibalas. Entonces un cabo le dio un culatazo salvaje a Rigoberto y de inmediato los agentes de seguridad le descargaron 54 tiros de de Colt y Thompson. El cadáver del poeta fue arrastrado a la calle, tirado en un jeep, llevado al comando de León, y de ahí a Managua, donde se perdió para siempre su rastro. Una oleada de represión sin precedentes no se hizo esperar.

En el año 6 de la Era de Trujillo se corrige el nombre de la capital de la República Dominicana. Santo Domingo, así bautizada por sus fundadores, pasa a llamarse Ciudad Trujillo. También el puerto se llama ahora Trujillo y Trujillo se llaman muchos pueblos y plazas y mercados y avenidas. Desde Ciudad Trujillo, el generalísimo Rafael Leónidas Trujillo hace llegar al generalísimo Francisco Franco su más fervorosa adhesión. Trujillo, incansable azote de rojos y de herejes, ha nacido, como Anastasio Somoza, de la ocupación militar norteamericana. Su natural modestia no le impide aceptar que su nombre figure en las placas de todos los automóviles y su efigie en todos los sellos de correo. No se ha opuesto a que se otorgue a su hijo Ramfis, de tres años de edad, el grado de coronel, por tratarse de un acto de estricta justicia. Su sentido de la responsabilidad lo obliga a designar personalmente ministros y porteros, obispos y reinas de belleza. Para estimular el espíritu de empresa, Trujillo otorga a Trujillo el monopolio de la sal, el tabaco, el aceite, el cemento, la harina y los fósforos. En defensa de la salud pública, Trujillo clausura los comercios que no venden carne de los mataderos de Trujillo o leche de sus tambos; y por razones de seguridad pública hace obligatorias las pólizas que Trujillo vende. Apretando con mano firme el timón del progreso, Trujillo exonera de impuestos a las empresas de Trujillo y proporciona riego y caminos a sus tierras y clientes a sus fábricas. Por orden de Trujillo, dueño de la fábrica de zapatos, marcha preso quien osa pisar descalzo las calles de cualquier pueblo o ciudad. Tiene voz de pito el todopoderoso, pero él no discute nunca. En la cena alza la copa y brinda con el gobernador o diputado que después del café irá a parar al cementerio. Cuando una tierra le interesa, no la compra: la ocupa. Cuando una mujer le gusta, no la seduce: la señala.

En el año 31 de la Era de Trujillo […] con mano desdeñosa tacha algunos nombres, hombres y mujeres que no amanecerán, mientras los torturadores arrancan nuevos nombres a los presos que aúllan en la fortaleza de Ozama. Las listas inspiran a Trujillo tristes reflexiones. A la cabeza de los conspiradores figuran el embajador de los Estados Unidos y el arzobispo primado de las Indias, que hasta ayer nomás compartían su gobierno. El Imperio y la Iglesia reniegan ahora del hijo tan fiel, que se ha vuelto impresentable a los ojos del mundo, y escupen su mano pródiga. Mucho duele tamaña ingratitud al autor del desarrollo capitalista de la República Dominicana. Y sin embargo, entre todas las condecoraciones que le cuelgan del pecho y la barriga y las paredes, Trujillo sigue prefiriendo la Gran Cruz de la Orden de San Gregorio Magno, que le otorgó el Vaticano, y la medallita que hace muchos años recompensó sus servicios a la Infantería de Marina de los Estados Unidos. Hasta la muerte será Centinela de Occidente, a pesar de todos los pesares, el hombre que ha sido oficialmente llamado Benefactor de la Patria, Salvador de la Patria, Padre de la Patria, Restaurador de la Independencia Financiera, Campeón de la Paz Mundial, Protector de la Cultura, Primer Anticomunista de las Américas, Líder Egregio, Ilustrísimo y Generalísimo.

El difuntísimo deja en herencia todo un país, además de nueve mil seiscientas corbatas, dos mil trajes, trescientos cincuenta uniformes y seiscientos pares de zapatos en sus armarios de Santo Domingo y quinientos treinta millones de dólares en sus cuentas
privadas de Suiza. Rafael Leónidas Trujillo ha caído en emboscada, acribillado en su automóvil. Su hijo Ramfis, vuela desde París para hacerse cargo del legado, el entierro y la venganza. Eduardo Galeano, El siglo del Viento

Hoy se conmemora el 51 aniversario del ajusticiamiento del dictador, fruto de una conspiración tramada en el seno de varias influyentes familias dominicanas y de cuyos seis protagonistas directos, sólo uno sobrevivió.

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Hoy recordamos dos hechos oscuros en la historia de nuestro Continente.

El más reciente fue el atentado terrorista contra el World Trade Center, hace 10 años, en el que murieron tres 3000, civiles y desarmadas. 47 eran dominicanos, al menos tres de ellos perecieron intentando salvar otras vidas. Este hecho de barbarie fue, entre muchas otras cosas, un intento de colapsar cosas mucho más altas que las Torres Gemelas, como la Paz, la confianza en el prójimo y los derechos humanos. El terror generalizado crea las condiciones perfectas para que los valores que sostienen un Estado de derecho se lesionen hasta el punto de desaparecer.

El “otro” 11 de septiembre ocurrió en 1973, en Chile. Allí, aquellos a quienes el presidente Allende en sus últimas palabras llamara “generales rastreros”, rompieron una tradición de un siglo y medio de democracia. Con la muerte de Salvador Allende, primer gobernante socialista de la historia en ser elevado constitucionalmente a la primera magistratura de un Estado a través de una elección democrática, el terror se hizo cargo de la sociedad durante diecisiete largos años. A diferencia del atentado en Nueva York –como ocurrió en nuestro país con Trujillo, como ocurre con todas las dictaduras– el terror fue institucionalizado. La barbarie tomó el nombre de régimen militar, mientras el Estado de derecho, la libertad, la Justicia y los derechos humanos se convertían en sueños imposibles para millones de chilenos, tanto en la Patria como en el exilio.

Se podría discutir en determinados ámbitos si el gobierno de Salvador Allende fue bueno o no. Podría discutirse a quién benefició, podrían discutirse su orientación política, sus aciertos y sus desaciertos. Lo que está fuera de toda posible discusión es que fue un gobierno constitucional, elegido voto a voto por su pueblo.

El poder otorgado por los pueblos es sagrado. Y más temprano que tarde, como afirmara el propio presidente Allende, se abren las grandes alamedas por donde caminan los hombres y mujeres libres, en cualquier patria, para construir una sociedad mejor. El terror, la traición, la vileza, e incluso la muerte, son transitorias. La Libertad, la Verdad, la Dignidad, la Justicia y el Ejemplo, prevalecen.

Catorce de Junio

Hoy conmemoramos un nuevo aniversario del 14 de junio. Fecha doblemente histórica. Primero, en el año de 1959, fue la expedición de los bravos dominicanos que arribaron por Constanza, Estero Hondo y Maimón para luchar armas en las manos contra la oprobiosa tiranía de Trujillo. Luego, seis meses después, enero de 1960, el movimiento clandestino de la resistencia interior, denominado 14 de junio, que manifestó su rebeldía contra la dictadura.

Los expedicionarios fueron masacrados brutalmente por las fuerzas represivas. No sólo cayeron en los frentes de batalla, sino que además a los prisioneros los torturaron salvajemente y los fusilaron en la que es hoy Academia Batalla de Las Carreras. Fueron pocos los sobrevivientes.

Los detenidos en enero del 60 fueron conducidos a centros de terror en donde los despojaron de sus ropas, los hicieron dormir desnudos en celdas estrechas, surcaron sus espaldas con latigazos, les extirparon las uñas, los sentaron en la silla eléctrica. Algunos fallecieron, la mayoría conservaron la vida.

Estos dos hechos representaron el inicio del fin de la dictadura. Mujeres y hombres que no obstante la brutalidad del régimen despótico tuvieron el valor y la dignidad, a riesgo de sus vidas, de abrazar la causa de la libertad y el decoro.

Recordemos su sacrificio y que la Patria siempre les otorgue su reconocimiento.

En memoria de Minerva, María Teresa y Patria Mirabal

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El doctor Rafael Alburquerque, en su calidad de vicepresidente de la República, encabezó los actos oficiales de conmemoración del 50 aniversario del asesinato de las hermanas Mirabal.

El Vicepresidente recordó que la gesta del 14 del Junio de 1959 encendió la mecha de los aires liberadores que derrocaron la Tiranía; pero que fue el detestable crimen de las hermanas Mirabal, el 25 de noviembre, el detonante para el derrocamiento definitivo del Tirano.

“Patria, Minerva y María Teresa no han muerto; siguen vivas en su jardín, siguen vivas para recordarle al mundo la lucha de la No Violencia Contra la Mujer. El sacrificio de estas heroínas y del chofer Rufino de la Cruz no ha sido en vano.” –dijo.

Los actos iniciaron con una misa oficiada por el obispo de la Diócesis de La Vega, monseñor Antonio Camilo. Luego, un batallón mixto de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional rindió los honores de lugar a las heroínas de Ojo de Agua, en el parque Duarte del municipio de Salcedo. Acto seguido, hubo un desfile Militar, encabezado por el vicepresidente Rafael Alburquerque.

Entre sus acompañantes estuvieron doña Dedé Mirabal; la diputada Minou Tavárez Mirabal; Jaime David Fernández Mirabal, ministro de Medio Ambiente; y la ministra de la Mujer, Alejandrina Germán. También estuvieron presentes el ministro de Salud Pública, Juan Bautista Rojas Gómez; el secretario de Estado sin Cartera, Rafael Pérez Modesto; el presidente de la Comisión Nacional de Efemérides Patrias, Juan Daniel Balcácer; la representante residente del PNUD, Valerie Juliand, y el ingeniero Leandro Guzmán, entre otros funcionarios, personalidades; además de decenas de delegaciones de instituciones públicas y privadas de distintos puntos del país.