A apretar el acelerador social

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Foto: Presidencia de la República —flickr

El país se ha transformado. Ha cambiado. Ahora en menos de dos horas llegamos a Bávaro y Punta Cana por una superautopista. Para ir a Samaná y Las Terrenas, ya no tenemos que dar todo un rodeo de largas horas por la carrerera Duarte, atravesar San Francisco de Macorís y luego marchar hasta la península. Hoy tomamos la autovía Juan Pablo II y en un par de horas estamos disfrutando de las maravillas de esa zona turística. Si queremos ir a Baní, en menos de una hora lo hacemos y, en la actualidad, si tomamos rumbo a Puerto Plata y la Línea Noroeste, ya no es necesario cruzar Santiago y envolvernos en su pesado tráfico, pues lo haremos por la circunvalación.  Continuar leyendo

Conversación en Hoy Mismo

El exvicepresidente de la República, doctor Rafael Alburquerque sostuvo una interesantísima conversación con los conductores sobre política nacional e internacional, economía, asuntos laborales y temas de actualidad.

El crisol que fraguó la figura histórica del Maestro: 50 años

Hoy se cumplen cincuenta años de un acontecimiento histórico ominoso: el derrocamiento del gobierno del profesor Juan Bosch. Electo en las primeras elecciones democráticas que se realizaron en el país luego de treinta y un años de tiranía, el 20 de diciembre de 1962, tomó juramento como presidente de la República el 27 de febrero del año siguiente y apenas siete meses después un golpe militar lo enviaba al exilio.

Se podrán discutir las causas que condujeron a los poderes fácticos a desconocer la voluntad popular, que se expresó en las urnas respaldando al Maestro con un 57% de los votos válidos; pero, la unanimidad impera cuando se estudian las decisiones adoptadas y el accionar de ese mandato popular.

Respetó a cabalidad las libertades públicas y se negó obstinadamente, en los momentos más neurálgicos de la guerra fría entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, a perseguir a un dominicano por sus ideas políticas. Tuvo la valentía de resistir las fuertes presiones, internas y externas, para que se declarara ilegal y se persiguiera al comunismo, exigencia que siempre rechazó señalando que la democracia debía ser tolerante con el pensamiento y creencias de los ciudadanos.

Con su política económica logró mantener la estabilidad e impulsó el desarrollo del país; aprobó la denominada ley del precio tope del azúcar, gracias a la cual limitaba las ganancias excesivas de la industria azucarera; promulgó la llamada ley de plusvalía, por la cual se dispuso el pago de un impuesto al valor adquirido por un inmueble como resultado de obras ejecutadas por la administración pública; y puso en vigencia una Constitución que se consideró, y aun hoy se la estima como tal, una de las más progresistas de América Latina.

Fue un verdadero educador y un comprometido en la lucha incesante contra los males sociales de su pueblo. Creyó en la educación y envió a miles y miles de jóvenes a estudiar en el extranjero; promovió las escuelas técnicas vocacionales y al momento de su derrocamiento se encontraban en las aduanas las maquinarias que se utilizarían en estos centros educativos; inició la reforma agraria en solidaridad con los campesinos sin tierra; llevó a cabo una intensa campaña de alfabetización y pidió transformar los locales de su partido en aulas en donde se instruyera a los analfabetos; se embarcó con entusiasmo en la aplicación de una política sanitaria y ya para septiembre habían llegado al país las tuberías para un nuevo acueducto de la ciudad de Santo Domingo.

Predicó continuamente los valores de la libertad y la democracia, de la soberanía y de la dignidad: su voz se escuchaba con respeto por medio de la radio y la televisión, a la cual acudía frecuentemente para enseñarle a su pueblo el significado de esos atributos. Fue un maestro en la presidencia. Una noche se le oyó decir:

Los pueblos dignos como los hombres de estatura moral buscan dar, no recibir, buscan ayudar, no pedir ayuda”.

Como Presidente y Maestro fue honrado a carta cabal, hasta el extremo de que el Libro Blanco que publicaron las Fuerzas Armadas a raíz de la asonada, sólo pudo decir de su persona, como si se tratara de un acto de deshonestidad, que debía la nevera que había comprado para su casa. Honesto hasta someter a la justicia a su más cercano colaborador, pues como lo explicó a su pueblo,

el Presidente de la República no tiene amigos ni enemigos, ‘arientes’ ni parientes. Todos los dominicanos son dominicanos. La ley protege a todos los dominicanos, pero la ley también le cae encima a todo dominicano que la viole”.

Fue humilde en el ejercicio de su mandato y le pidió al país que le llamaran ciudadano Presidente o señor Presidente y que a su señora esposa a nadie se le ocurriera llamarla Primera Dama, si acaso señora del Presidente. Excelente, dijo, es la comida o el perfume, pues no hay hombres excelentes, y menos por sus funciones.

Juan Bosch cayó una madrugada del 25 de septiembre de 1963. Horas antes había recibido una ovación de su pueblo al llegar al estadio Quisqueya a presenciar un espectáculo cultural. Pero, los poderes fácticos, nacionales y extranjeros no pudieron tolerar a un hombre que consagró su presidencia al servicio de su pueblo. Con su acción creyeron destruirlo, desconocerlo, humillarlo, pero cincuenta años después Juan Bosch sigue gobernando en el corazón de su pueblo, que lo recuerda diariamente como el gobernante que “ni mató ni robó”, y como el paradigma de la dignidad y la honestidad.

Como dijo aquel cura de Los Andes de Bolívar, “tu gloria crecerá, como crecen las sombras cuando el sol declina”. Aun muerto, Juan Bosch vive. El golpe de septiembre de 1963 fue ludibrio para sus autores; en cambio, para su víctima, fue crisol en donde fraguó la figura histórica del Maestro.

Loor eterno al profesor Juan Bosch.

Julio: Lafayette, Jefferson y el día de Malala

La Bastilla de San Antonio se erigía al este de París. Se terminó de construir en 1383 con el fin de proteger la ciudad y así fue durante siglos. Sin embargo, con el paso del tiempo se fue convirtiendo en prisión estatal; allí se encarcelaban sin juicio a los parisinos señalados por el rey. Era en parte una “prisión de lujo” para aristócratas –que incluía servicio de restaurant– y por otra, celdas de castigo para insubordinados. Como toda fortaleza imponente, era una marca en el paisaje y un símbolo del poder monárquico, absoluto, por encima de la Ley, sólo obligado a rendir cuentas –si acaso– nada menos que ante Dios.

La legendaria toma de la Bastilla sucedió el 14 de julio de 1789. Tras un asedio de 7 horas, la fortaleza cayó y la muchedumbre parisina se apoderó de la pólvora y las municiones, en un hecho que recuerda los asaltos a nuestra Fortaleza Ozama: el 27 de febrero de 1844 los rebeldes liderados por Sánchez tomaron la fortaleza para abastecerse de armas justo antes del Trabucazo de Mella y lo mismo ocurrió en la heroica gesta constitucionalista, el 29 de abril de 1965. La toma de la Bastilla, victoria no tanto política ni militar como simbólica, se recuerda como el inicio de la Revolución Francesa, en la que el pueblo abolió la monarquía y creó la plataforma para establecer la primera República Francesa.

Seis semanas después, la Asamblea Nacional Constituyente adoptó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, proclamando que los hombres nacen y permanecen libres e iguales en cuanto a sus derechos y que a todos los ciudadanos se les debe garantizar la libertad de propiedad, seguridad, y resistencia a la opresión. Esta declaración traspasaba la soberanía del rey a la Nación y declaraba la igualdad ante la ley de todos los hombres, por lo que marcó el fin del absolutismo monárquico y los privilegios para la nobleza, pero no sólo en Francia; al dar un carácter universal a sus afirmaciones, es una precursora de los Derechos Humanos en todo el mundo y desde su promulgación, todas las constituciones del mundo incluyen en su inicio las garantías humanas individuales.

Doce años antes, el marqués de Lafayette, joven noble y militar francés, se había embarcado rumbo a lo que son hoy los Estados Unidos de América para unirse a la guerra de independencia. Allí fue nombrado general de división bajo el mando de George Washington y por todos sus aportes, militares, políticos y económicos, se le considera uno de los héroes de esta gesta. Lafayette regresó a Francia en 1782, en donde se convertiría en uno de los líderes de la revolución y más tarde redactaría el borrador de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.

El 4 de julio de 1776, el congreso de los 13 Estados Unidos de América, congregados en la ciudad de Virginia aprobó la Declaración de Independencia, con la que las colonias americanas rompían oficialmente los vínculos políticos con Gran Bretaña. El preámbulo establece el marco filosófico de esta declaración:

Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se vuelva destructora de estos principios, el pueblo tiene derecho a reformarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que base sus cimientos en dichos principios, y que organice sus poderes en forma tal que a ellos les parezca más probable que genere su seguridad y felicidad.”

Thomas Jefferson, quien llegaría a ser el tercer presidente de los Estados Unidos, reconocido como uno de los Padres de la recién fundada nación del Norte, había redactado el documento original, trece años antes de la toma de la Bastilla. Jefferson se encontraba en París ese 14 de julio de 1788, sirviendo como embajador en Francia y a pesar de sus múltiples relaciones con la corte y la nobleza, tomó partido por la revolución.

La declaración de Independencia de los Estados Unidos de América es considerada en toda justicia como otra precursora de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948 en París, cuyos Artículos 1, 2 y 26 expresan:

Artículo 1. Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Artículo 2.
Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Artículo 26.
Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos.”


Luego de más de medio siglo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el 9 de octubre de 2012 en Mingora, Pakistán, un miliciano de un grupo terrorista vinculado a los Talibanes le disparó varias veces a Malala con un fusil, hiriéndola en la cabeza y el cuello. Otras dos estudiantes también fueron heridas mientras se dirigían a su casa en un autobús escolar. ¿La “razón”? Un año antes, Malala Yousafzai, joven activista, había recibido el Premio Nacional por la Paz que otorga Pakistán por su defensa de la educación de las niñas. Malala, que entonces contaba apenas con 14 años de edad, estudiaba y se oponía públicamente a la prohibición que hace el régimen talibán de la educación para las mujeres y las niñas.

Ya recuperada, Malala fue invitada a la sede de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) la tarde del pasado viernes 12 de julio de 2013, para participar en una sesión especial del organismo. Allí, con motivo de su desimosexto cumpleaños, la ONU rindió homenaje a la niña más valiente del mundo.

Durante la sesión, el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, felicitó a Malala y encomió su perseverancia y valentía. Subrayó que con el reconocimiento a su persona, las Naciones Unidas le dicen a las Malalas del mundo que no están solas. “Cincuenta y siete millones de niños no van a la escuela. La mayoría son niñas. En los momentos en que debemos aumentar nuestros esfuerzos, disminuye la ayuda internacional para la educación” dijo el secretario y agregó que el ejemplo de Malala insta a todos los líderes mundiales a mantener sus promesas de invertir en los jóvenes y hacer de la educación un tema prioritario.

“Malala fue atacada porque estaba decidida a ir a la escuela y aprender. Y con ello los extremistas demostraron lo que más temen, a una niña con un libro”, dijo el secretario general, quien animó a redoblar los esfuerzos para escolarizar a todos los niños del mundo, mejorar la calidad de la enseñanza y promover la ciudadanía mundial.

Malala –vistiendo un chador rosa que fuera de Benazhir Bhutto, la exprimera ministra paquistaní asesinada en 2007– por su parte, dijo:

Que las mujeres sean independientes y peleen por ellas. Es tiempo de pelear. Llamamos a los líderes mundiales a cambiar sus estrategias. Que sus políticas deben proteger a los niños y mujeres y aseguren su educación […] Tomemos los libros y las plumas porque son nuestras armas más poderosas. Un libro y una pluma pueden cambiar el mundo. […] Hoy no es mi día, no es el día de Malala. Es el día de cada mujer y cada hombre que arriesga su vida por los derechos humanos.”

Solidaridad y el trabajo infantil

Hoy se conmemora el Día mundial contra el trabajo infantil. En 2010, la comunidad internacional adoptó una Hoja de Ruta para la eliminación de las peores formas de trabajo infantil para 2016, que señala que el trabajo infantil representa un obstáculo para los derechos del niño y para el desarrollo en general.

El trabajo infantil se ha reducido en un 14% en los últimos 10 años en la República Dominicana, de acuerdo a la encuesta ENHOGAR 2009-2010. Nuestro país se encamina a cumplir las metas de erradicar las peores formas de trabajo infantil hacia 2015, y de eliminar todas las formas de ese flagelo para 2020. Y una de las herramientas principales para lograrlo es el Programa Solidaridad.

Solidaridad orienta a las familias acerca de las consecuencias del trabajo infantil y, a través del ILAE, asigna a los hogares beneficiarios una trasferencia económica por cada hijo que asiste a clases regularmente. Garantizar la asistencia de sus hijos a la escuela es una corresponsabilidad de las familias, de cuyo cumplimiento depende su permanencia en el Programa. De los 600,000 hogares que reciben los aportes y orientaciones de Solidaridad, más de 215,000 reciben el Incentivo a la Asistencia Escolar (ILAE). Este incentivo tiene el efecto de retirar a los niños y niñas de labores remuneradas e incorporarlos a la escuela.

El trabajo infantil ha disminuido su ocurrencia en la República Dominicana. Y aunque esta reducción no es suficiente, la labor que lleva a cabo Solidaridad entre las familias beneficiarias, y el cumplimiento cada vez más estricto de la corresponsabilidad de educación auguran el éxito en el logro de la meta de eliminar el trabajo infantil en el país en el curso de los próximos ocho años.