El libre comercio: una apuesta a la desigualdad

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Foto: Presidencia RD —Flickr

Corría el mes de junio de 1998, cuando la Conferencia Internacional del Trabajo, reunida en Ginebra, congregaba a los representantes de gobiernos, empleadores y trabajadores, para examinar un proyecto que terminaría siendo conocido como la Declaración de los Principios y Derechos Fundamentales de los Trabajadores.

En los intensos debates que se suscitaron, los países altamente industrializados, encabezados por los Estados Unidos, exigían con énfasis el respeto a los derechos de los trabajadores y condiciones dignas de trabajo. Para un observador aguzado –especialmente para un discípulo de Juan Bosch a quien se le ha enseñado que, en política, siempre es más importante lo que no se ve, lo que se esconde bajo las apariencias de buenas intenciones– resultaba extraño que una nación como los Estados Unidos que no había ratificado los convenios de la OIT sobre libertad sindical y negociación colectiva se erigiera, de pronto, en adalid de la causa de los trabajadores. La expresión de uno de los ardorosos defensores del proletariado, si se me permite la ironía, vino a develar el misterio: “era necesario impedir el dumping social”. Continuar leyendo

Mucho ojo con la economía mundial

A principios de este año los expertos financieros y los economistas norteamericanos vaticinaron que programas de inversiones, como el puesto en práctica por el Gobierno de Barak Obama, conducirían a una economía de crecimiento moderado que pondría fin a la crisis financiera mundial. En efecto, a principios de este año se vaticinaba que la economía norteamericana terminaría el 2010 con un crecimiento cercano al tres por ciento.

Sin embargo, en estos momentos los datos económicos que se manejan hacen temer un retorno a la recesión mundial y una recaída en la economía norteamericana. En los Estados Unidos de América el desempleo continúa en un diez por ciento, sin que se vislumbre una reducción siquiera moderada de esa cifra; la caída en julio de un 27.2% con respecto a junio de las ventas de las casas y departamentos produce un pesimismo en los mercados; el precio del barril del crudo ligero ha descendido a 71.45 dólares, el más bajo desde hace dos meses; y las monedas de refugio, el yen japonés y el franco suizo se han fortalecido respecto al dólar norteamericano.

La euforia existente a principios de año ha desaparecido. Ahora se es más prudente al examinar la situación. Algunos analistas hablan de que marchamos hacia una nueva recesión de carácter mundial; no obstante, otros explican que ésta no se producirá a pesar de estos signos negativos. En todo caso, en lo que sí todo el mundo está conteste es que hay que dejar a un lado el entusiasmo de principios de año, y considerar que la salida de la crisis será muy lenta.

Hay que estar pendientes de esta evolución de la economía mundial y adoptar las medidas pertinentes, como lo ha venido haciendo el país, para evitar males y sufrimientos a nuestro pueblo.

Aquí hemos crecido en el primer semestre de este año un vigoroso 7.5% y la inflación acumulada de enero a junio no ha pasado del cinco por ciento. Aguardamos con optimismo un fin de año con cifras tan promisorias como las alcanzadas en el primer semestre. Pero debemos continuar alertas, pues la crisis financiera global aún no ha desaparecido.