La jurisdicción privilegiada no debe ser sinónimo de impunidad

El doctor Rafael Alburquerque, en su calidad de encargado del Poder Ejecutivo por ausencia del presidente Leonel Fernández quien se encuentra en México, destituyó ayer al Viceministro de Industria y Comercio y ex diputado José Acevedo Trinidad, a quien su esposa había denunciado por agresiones físicas y maltratos contra ella y sus hijos. La disposición está contenida en en el decreto 734/11, que deroga el 484/10 que nombraba a Acevedo.

La señora denunció al funcionario ante la Justicia en febrero pasado y logró órdenes de arresto en su contra que, sin embargo, nunca llegaron a concretarse. Ante esa situación, acudió a la prensa y a un programa de televisión, donde denunció públicamente el caso. Según el programa, la procuradora adjunta para asuntos de la mujer, Roxanna Reyes, la remitió a ella y a sus hijos a una casa de acogida para garantizar su seguridad.

De acuerdo a la defensa de la denunciante, el caso iba a ser enviado a la Cámara Penal de la Suprema Corte de Justicia porque Acevedo tenía jurisdicción privilegiada debido al cargo que ocupaba hasta ayer en la administración pública.

Ahora, esto ya no será necesario.

¡Feliz cumpleaños, Profesor!

Un día como hoy, hace ya 102 años, nació en la ciudad de La Vega quien sería forjador directo e inspiración de quienes forjan la historia de nuestro país.

Su filosofía, su experiencia, su propósito inquebrantable, su ejemplo, sus constantes lecciones sobre la historia, sobre la política, sobre la vida, hacen que Don Juan viva entre su pueblo cada día, como nació y vivió desde aquellos primeros días en La Vega de sus amores.

Juan Bosch no es la clase de figura histórica que se recuerda sólo uno de los 365 días del año. Cualquier dominicano o dominicana que comparta sus ideales de una patria mejor, su amor por nuestro pueblo y su dedicación incansable por servirle, debe alegrarse y sentirse profundamente orgulloso de que haya nacido entre nosotros.

Cincuenta años atrás

Sería un poco más de las once de la noche del día 30 de mayo de 1961 cuando escuché la voz de mi tía Lily que insistentemente llamaba a mi padre por el apodo como la familia y sus íntimos lo conocían: “Chichí, Chichí”.

Mis padres dormían en una habitación de madera y yo en una de cemento ubicada al noreste de aquélla; ambas habían sido levantadas en el patio de la casa de la abuela paterna y a las mismas se accedía por escaleras diferentes. La primera era el castillo encantado de mi madre, pintada siempre de tono gris y construida al momento de mis padres casarse para que sirviera de tálamo nupcial. La segunda fue mi dominio privado que me albergó desde la adolescencia y donde estudié hasta graduarme de abogado.

Escuchada la voz que llamaba a mi padre, descendí raudo hacía donde se encontraba la tía y esperé la llegada de mi padre que bajó con una bata que cubría su pijama. “Chichí, llamó Berta para decirnos que a Manelik lo han requerido junto a sus compañeros y que esta noche la pasarán fuera de sus casas”. Bertha Pellerano era prima hermana de mi padre y esposa de Manelik Fiallo, capitán del Ejército Nacional, recientemente fallecido, y con estas palabras trataba de darnos a entender que algo estaba pasando.

Bertha Pellerano actuaba con el cuidado que demandaba ser la esposa de un capitán del Ejército Nacional que se comunicaba con el teléfono intervenido de un desafecto de la dictadura, quien recientemente había estado prisionero en La Cuarenta y cuya casa estaba continuamente vigilada por dos espías del régimen tiránico.

“Eso es que a los guardias lo han acuartelado”, interpretó mi padre las palabras de su prima. “¿Qué habrá pasado?”, nos preguntamos. Con esta interrogante nos fuimos a acostar.

Al día siguiente, mi padre, como era su costumbre, esperó la llegada del diario El Caribe en el amplio y alto ventanal enrejado, que se erguía desde el piso de la vivienda, situado unos cuantos metros por encima del nivel de la acera, hasta unirse con el techo. Poco antes de las seis de la mañana vio mi padre acercarse a una de las hermanas Michel de la Maza, quienes vivían un poco más allá, hacia el oeste, y que se encaminaba a escuchar la misa que a esa hora se ofrecía en la iglesia de Las Mercedes. “Buenos días”, le ofreció mi padre, y la transeúnte mañanera le contestó con un “buenos días, licenciado”, al tiempo que se pasaba el índice de su mano derecho por el cuello, en obvia señal de que alguien había sido eliminado.

Cuando salí de mi dormitorio cerca de las seis y treinta de la mañana encontré a papá con su periódico en las manos, y después de darme la bendición, me pasó el cuerpo del diario dedicado a los deportes. Minutos después se nos unió Yeyo Zayas-Bazán, tío materno de mi padre, y no hizo más que sentarse para decirnos con voz alarmada y asombro en su rostro que había visto pasar por la calle El Conde no menos de diez camiones repletos de militares que portaban armas largas. “De seguro que se ha producido una invasión”, fue la conclusión de su información. Papá, que hasta esos momentos había guardado silencio, nos refirió su encuentro con la señora Michel de la Maza, le contó al tío la llamada de Bertha Pellerano, y para sorpresa nuestra nos dijo que para él lo más probable era que un alto funcionario del gobierno hubiera perdido la vida.

Nunca mi padre me dijo si conocía del complot para ajusticiar al Tirano, pero siempre he sospechado que alguna información tenía, tal vez, por la vía de su amigo Severo Cabral, pues tan pronto nos desayunamos, y con la suposición previamente expresada de que algún personero del régimen había fallecido, me pidió ir a la Puerta del Conde para verificar si la bandera estaba a media asta.

En cumplimiento del mandato paterno fui al lugar indicado y observé izado hasta el tope el pabellón tricolor. Tomé entonces la calle El Conde para dirigirme a la oficina de mi padre, situada en la Arzobispo Meriño, pero al llegar a la esquina de esta calle una corazonada me llevó hasta la Fortaleza Ozama, y allí, en lo alto de la Torre del Homenaje, estaba el lienzo nacional a media asta.

Casi corrí hasta el bufete de abogado y con el corazón en la boca le dije a mi padre lo que había observado en los dos monumentos visitados. Este se limitó a comentar: “Alguien muy grande ha fallecido”. No había terminado de pronunciar esta frase cuando hizo su entrada al despacho José Andrés Aybar Sánchez, hijo de un gran amigo de mi padre, y quien acabado de recibirse de abogado había comenzado a trabajar en la oficina. Se le veía sumamente excitado, deseoso de tomar la palabra y de develar un secreto. Con voz de susurro nos dijo que don José Andrés Aybar Castellanos, su progenitor, acababa de recibir una llamada telefónica de su cuñado, Eduardo Matos Díaz, residente en México, para decirle que Trujillo había sido ajusticiado.

Mi padre, quien siempre tuvo un gran dominio de sus emociones, lo miró fijamente y le preguntó: “¿Cómo supo Eduardo esa noticia?” “Porque el Gobierno norteamericano desde París lo ha dado a conocer a la opinión pública”, fue su respuesta.

Ni un solo músculo del rostro nos mostró cuáles eran los sentimientos del hombre que durante los treinta y un años del régimen despótico sufrió vejámenes, persecuciones, prisiones y torturas. Permaneció en silencio, Un silencio profundo que se sentía lacerante en todo el despacho. Al cabo de varios minutos, que a mí me parecieron interminables, de modo sereno expresó: “Ahora hay que esperar los coletazos del régimen que se derrumba”.

Retorné a mi hogar con el propósito de tomar los libros de estudio, pues el 1 de junio comenzaban los exámenes del tercer año de Derecho de la entonces Universidad de Santo Domingo. Difícilmente pude concentrarme, pues a cada momento esperaba escuchar la información oficial del deceso, aunque La Voz Dominicana continuaba con su programación ordinaria.

Como siempre lo hacía, a las doce y media del día regresó papá a la casa y se sentó a conversar con la familia. A mamá, mis hermanas y mi abuela nos contó que ya en toda la ciudad corría el rumor del ajusticiamiento del tirano. Todos estábamos conscientes de que a partir de ese momento nuestra vida cambiaría, de que la libertad se aproximaba a nuestra Patria y de que en lo adelante papá podría llevar una vida tranquila y sosegada. Pero, si en todos estaba bien alta la adrenalina, si en mis hermanas y yo asomaba la alegría, papá mantenía su imperturbable calma y sus palabras se limitaban a examinar el acontecimiento y sus secuelas.

Mientras charlábamos y esperábamos el almuerzo, Cusa Pardo hizo su entrada, De un físico parecido a Golda Meier, con un peinado semejante a la de la líder israelita, hermana de un exiliado antitrujillista, don Miguel Pardo, Cusa, soltera y sin hijos, vivió sola el horror de la tiranía. Perseguida, traducida a la justicia por supuesta falta de pago de impuesto de una pequeñísima tienda que tenía en El Conde, hostigada hasta la saciedad, siempre se mantuvo firme sin doblegarse jamás ante las brutalidades a que fue sometida. Con su voz chillona expresó con alegría que le desbordaba toda su pequeña figura: “Mataron a Trujillo”.

A papá por primera vez en el día le vi reaccionar: “Cusa –le dijo-, seguimos vivos y Trujillo no pudo sojuzgarnos. Nuestra firmeza se impuso”. Y dicho esto, abrió su billetera y me pidió que fuera al colmado de la esquina a comprar unas cervezas. Así lo hice, aunque le pedí a Casimiro, el dueño de La Metralla, situada en las Mercedes esquina Santomé, que me envolviera en doble bolsa las botellas, para así ocultarlas de las miradas penetrantes de los dos espías que se encontraban desde hacía un año vigilando la puerta de nuestra casa.

El 31 de mayo de 1961, papá nos pidió levantar los vasos y brindó por la libertad. Para él, habían finalizado los años de angustia que se iniciaron desde el mismo 1930 cuando siendo secretario en el Tribunal de Tierras se negó a firmar un documento de adhesión a Trujillo. A partir de entonces se le condenó varias veces a prisión, se le destituyó como Notario Público, se le torturó en La Cuarenta, pero como lo dijo hace cincuenta años, no pudieron con su dignidad de hombre probo y justo. A pesar de las presiones nunca se inscribió en el Partido Dominicano, jamás le aceptó un cargo público al régimen y de su pluma o de su verbo nunca surgió un escrito o unas palabras laudatorias al Tirano.

Brindemos hoy por la libertad y eduquemos a las nuevas generaciones para que defiendan la democracia y que nunca más la noche tenebrosa de la tiranía pueda enseñorearse en nuestra Patria.

Continuaremos trabajando juntos

Quiero expresarte, querida lectora, querido lector de mi blog, querido compañero, querida compañera de Partido, mi sincero y profundo agradecimiento por el gran apoyo que me has brindado en los últimos meses. Sin él y el de tantos otros compañeros, no hubiese sido posible la oportunidad de impulsar un proyecto que defendiera la obra de gobierno del presidente Leonel Fernández, a la vez de promover valores éticos que tan necesarios resultan en la sociedad que vivimos hoy en día.

Mi precandidatura a la presidencia de la República se lanzó porque consideré necesario proteger los intereses de las bases del Partido y de todos los hogares que viven en condiciones difíciles. Porque asumí la responsabilidad de ofrecer a la Nación un gobierno que mantuviera la estabilidad económica y lograra expandir y profundizar la obra de gobierno de nuestro Partido.

Sin embargo, desde hace unos dos meses, sectores con fuertes intereses creados han estado trabajando internamente y hacia afuera del PLD con el propósito inconfesable de debilitar la participación de nuestro Partido en los próximos comicios de 2012. Esta situación sin precedentes, unida al peligro que representa para el país el retorno del PRD al Gobierno, como ya expresé ante todo el país, hace urgente la unidad de todos los peledeistas para enfrentar la amenaza. Es por eso que decidí apoyar al compañero Danilo, es por eso que hice un llamado a los demás precandidatos para que hicieran lo mismo.

Este paso que he dado no significa que mis ideas e intenciones hayan cambiado. No significa que no sigamos juntos en la lucha por hacer valer los valores éticos y la defensa de las bases y de quienes no tienen quien los defienda. Nuestro equipo, del cual formas parte, continuará unido, continuaremos trabajando juntos. No podemos seguir permitiendo la dispersión de nuestra fuerza. Todos los peledeistas debemos movilizarnos y empujar, a partir de ahora, en la misma dirección.

Mi precandidatura sale del ruedo político interno, mas no me retiro y tampoco declino mis aspiraciones de ser un trabajador y un militante por aquello que creo es la mejor causa nacional.

Finalmente, te aseguro que tus esfuerzos no han sido en vano. Por el contrario, te invito a que sigas junto a mí trabajando, unidos ahora por un propósito mucho mayor: la defensa del Partido de la Liberación Dominicana y la defensa de la Patria.

¡Trabajemos unidos en defensa de la Patria!

Rafael Alburquerque

Rafael Alburquerque: el mejor candidato por 10 razones

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  1. Su liderazgo histórico | Miembro fundador del PLD, el doctor Rafael Alburquerque es el único dirigente que acompañó dos veces al profesor Juan Bosch como candidato a la Vicepresidencia de la República.
  2. La confianza de Leonel | Es el único compañero a quien el líder del partido, doctor Leonel Fernández, ha escogido dos veces como candidato a la Vicepresidencia de la República.
  3. Su experiencia de Estado | Vicepresidente de la República por dos períodos, ha trabajado de cerca con el presidente Fernández por casi 7 años, representándolo nacional e internacionalmente con frecuencia. Con él, hay garantía de estabilidad económica, protección a los más necesitados y la continuación de la obra de Leonel.
  4. Su exitosa dirección del Programa Solidaridad | Responsable del Programa Solidaridad y del Gabinete de Políticas Sociales, los resultados de su gestión han recibido público reconocimiento nacional e internacional.
  5. Su eminencia profesional, reconocida por la OIT | Miembro de la Comisión de Expertos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) desde 2001, el doctor Alburquerque ha dedicado su vida profesional al derecho laboral. Sus numerosos logros han recibido el reconocimiento nacional e internacional de diversas organizaciones.
  6. Amigo del empresariado | Es el único candidato que ha reconocido el aporte de los empresarios en el crecimiento económico. Sabe que el desarrollo de la Nación depende, en gran medida, del dinamismo de este sector.
  7. Su defensa incansable de los trabajadores | Rafael Alburquerque fue el autor principal del Código de Trabajo de 1992 (en vigencia) donde se consignan reformas de protección a la mujer, a las organizaciones, a los profesionales y a las personas con discapacidad. Igualmente, ha sido un abanderado de la instauración de la Seguridad Social como derecho fundamental de los trabajadores.
  8. Su carácter firrme, conciliador y democrático | Es el único funcionario que ha tenido cien por ciento de éxito como mediador de conflictos o desacuerdos entre empresarios, Gobierno y trabajadores.
  9. Su moral a toda prueba | Quienes lo conocen saben bien que el doctor Alburquerque es un caballero como pocos; es un hombre de profunda lealtad, de honestidad inquebrantable y de sólidos principios éticos y morales forjados a la luz y el ejemplo del profesor Juan Bosch.
  10. La garantía del triunfo | Rafael Alburquerque es el único candidato que garantiza el triunfo del Partido de la Liberación Dominicana en las elecciones de 2012, librando al país del peligro del retroceso, la incapacidad y el desorden que representa el PRD.