A apretar el acelerador social

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Foto: Presidencia de la República —flickr

El país se ha transformado. Ha cambiado. Ahora en menos de dos horas llegamos a Bávaro y Punta Cana por una superautopista. Para ir a Samaná y Las Terrenas, ya no tenemos que dar todo un rodeo de largas horas por la carrerera Duarte, atravesar San Francisco de Macorís y luego marchar hasta la península. Hoy tomamos la autovía Juan Pablo II y en un par de horas estamos disfrutando de las maravillas de esa zona turística. Si queremos ir a Baní, en menos de una hora lo hacemos y, en la actualidad, si tomamos rumbo a Puerto Plata y la Línea Noroeste, ya no es necesario cruzar Santiago y envolvernos en su pesado tráfico, pues lo haremos por la circunvalación.  Continuar leyendo

Conversación en Hoy Mismo

El exvicepresidente de la República, doctor Rafael Alburquerque sostuvo una interesantísima conversación con los conductores sobre política nacional e internacional, economía, asuntos laborales y temas de actualidad.

A veces, la historia se repite

Pablo Longueira, candidato del gobierno a las elecciones presidenciales de Chile renunció a su nominación por encontrarse sumido en una profunda depresión, según explicaron sus familiares más cercanos. La noticia dejó estupefactos a sus seguidores y fueron muchos en el país y en toda América Latina que se mostraron sorprendidos por tan imprevisto acontecimiento.

Sin embargo, lo sucedido a Longueira no es caso único. En 1945 a Diógenes Escalante le sucedió lo mismo.

¿Quién es Diógenes Escalante? En un libro que acabo de leer se cuenta su historia en forma novelada. De la pluma de Francisco Suniaga se nos dice que el personaje había sido Embajador del dictador venezolano José Vicente Gómez desde el año 1922 y a la muerte del “Benemérito” regresó a Venezuela, siendo designado ministro de lo Interior en el gobierno del general Eleazar López Contreras. En 1936 pasó a desempeñar las funciones de Secretario de la Presidencia y, posteriormente, designado embajador en Washington.

Estando en este último puesto lo visitó Julio Medina, hermano del presidente Isaías Medina Angarita con la finalidad de proponerle que fuera candidato de consenso a la presidencia de Venezuela. Por su Embajada, en la capital norteamericana, desfilaron prominentes hombres públicos de su país, incluyendo a Rómulo Bentancourt y Raúl Leoni, muchos años más tarde presidentes, quienes en nombre de Acción Democrática le pidieron aceptar la candidatura, aunque con la advertencia de que no lo acompañarían en su gestión.

Toda Venezuela se unió en torno a la figura del Embajador con un solo propósito: cerrarle el paso a las ambiciones de López Contreras, muy vinculado a la tiranía de Gómez, quien había decidido presentarse como candidato en sus deseos de retornar al Palacio de Miraflores.

Para 1945, el doctor Diógenes Escalante era un hombre que se acercaba a los setenta años de edad y pensaba en el retiro, luego de una extensa y exitosa carrera diplomática. Caviló intensamente en aceptar o no la candidatura que se le proponía, y la tensión nerviosa lo llevó al insomnio y a días muy duros en el ámbito familiar. No obstante, como narra Suniaga, y pone en boca de Escalante:

desde el mismo instante en que recibí el recado del presidente Medina, sin que me percatara, comenzaron a soltarse en mi mente los demonios de esa ambición tan largamente contenida. Cometí el dislate de ilusionarme con la creencia de que era posible tomarme una revancha ante el destino y cerrar mi carrera pública de la manera que soñé, siendo presidente de Venezuela”.

Finalmente, a finales de mayo tomó la decisión y a principios de agosto retornó a su país.

Apenas un mes después Escalante se veía precisado en abandonar la carrera. La presión le resultó intolerable: las visitas continuas de compatriotas que le solicitaban la solución de un problema; las cartas que debían ser respondidas; las audiencias con las autoridades; el contacto con la calle en una campaña contra reloj; los preparativos para elaborar una agenda y un plan de gobierno. El día a día lo desbordó: la duda de si había hecho lo correcto en aceptar comenzaron a invadir su espíritu; se preguntaba si tanto tiempo fuera del país le habían hecho perder la capacidad de comprender a Venezuela; y las tensiones a las que se encontraba sometido le hicieron perder el sentido común.

El 3 de septiembre de 1945 Escalante entró en crisis. Ya no pudo más. La realidad fue imposible de continuar ocultándose; tuvo que renunciar a la candidatura y como dice el autor de la obra, a partir de ese momento se torció el devenir de la historia de Venezuela.

Escalante había conocido en sus años de Embajador a Harry S. Truman, quien siendo ya presidente le envió su avión para sacarlo de Venezuela, de ahí el nombre de la novela “El pasajero de Truman”.

Excelente historia novelada que nos muestra que ya antes, en el pasado siglo, un candidato con sus nervios destruidos por la intensidad del accionar político tuvo que abandonar la carrera presidencial. La historia se repite con Pablo Longueira, que víctima de una fuerte depresión, según su hijo, abandona en Chile la candidatura presidencial que había ganado hacía apenas seis semanas en comicios internos.

Mis primeras impresiones de la 101a. reunión de la OIT

El pasado 30 de mayo fui elegido como presidente de la 101a. Conferencia Internacional del Trabajo, que es la asamblea general de la Organización Internacional del Trabajo —OIT, que se celebra cada año en el mes de junio en la ciudad de Ginebra, Suiza.

Para mí –que desde mi graduación como abogado he estado estrechamente vinculado al Derecho del Trabajo y que en el pasado he servido como funcionario de la OIT– se trata de un reconocimiento del mundo del trabajo, que recibo con humildad y que aprecio como un galardón conferido al Gobierno dominicano por su rol desempeñado en la política internacional.

Aquí, en las oficinas de la OIT me he desempeñado como presidente de su Comisión Técnica en la Conferencia Internacional de 1999, representante de su director general para la colaboración con Colombia en el 2000 y miembro de su comisión de expertos desde 2001 hasta que asumí la vicepresidencia de la República Dominicana, en agosto de 2004.

Desde el año 2000, cuando dejé el Ministerio de Trabajo, no había vuelto a La Casa, como se conocen las oficinas de la OIT. Ya la mayoría de los funcionarios con los que hice amistad en mis viajes a Ginebra entre 1991 y 2000, presidiendo la delegación dominicana, se han marchado, ya que por razones de edad han sido puestos en retiro. Ahora he encontrado en las altas posiciones a los jóvenes que en el pasado ocupaban mandos medios.

El Director General, Juan Somavía, chileno, elegido en 1999 con el apoyo entusiasta del grupo latinoamericano, permaneció en sus funciones durante trece años: dos mandatos de cinco años y un último de tres, pues acaba de presentar su renuncia. Esto dio paso a la elección de un nuevo Director General, efectuada el pasado 29 de mayo, resultando electo el señor Guz Ryder, actual Director de Normas de la OIT y en el pasado dirigente de los trabajadores. Como tal, conocí a este inglés en el decenio de los noventa, cuando asistía a la Conferencia como jefe del sector de los asalariados, y quien tenía en su hoja de servicios haber logrado la unificación de las dos centrales sindicales que surgieron después de la Segunda Guerra Mundial: la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres, de orientación socialdemócrata; y la Confederación Mundial del Trabajo, de tendencia democratacristiana.

La Conferencia de este año trata de temas de vital importancia, como son el desempleo juvenil, que es un tema crítico en todas partes del mundo; el piso de protección social, en busca de una seguridad social de garantías mínimas para la universalidad de los trabajadores, incluyendo los del sector fundamental; y el de los principios y derechos fundamentales en el trabajo en estos momentos de crisis mundial financiera y económica.

Como presidente de la Conferencia debo dirigir los debates de las sesiones plenarias, recibir delegaciones, ofrecer la bienvenida y dialogar con los Jefes de Estado que comparecen, como son los señores Moncef Maryouki, presidente de Túnez; Ollanta Humala, de Perú; Michel Chilufza, de Zambia; Ricardo Martinelli, de Panamá; y Giorgio Napolitano, de Italia. También debo estar pendiente del trabajo de las diversas comisiones y tratar de mediar y lograr un avenimiento cuando surgen diferencias entre los sectores de empleadores y trabajadores.

Los trabajos de la Conferencia son arduos y delicados, pero me cabe la satisfacción de haber sido apoyado por los 184 Estados miembros de la Organización y de que cada día en esta labor de conducción recibo el respaldo de sus delegados y de todo el personal de la Oficina. Y, no menos importante, de que en esta época de crisis, la OIT siga siendo un instrumento de defensa de los principios y derechos fundamentales de los trabajadores.

Domingo 20 de mayo

En la era de la información que vivimos, en esta larga campaña electoral no han faltado datos sobre las propuestas de nuestro candidato ni tampoco sobre la gestión de Gobierno encabezada por el doctor Leonel Fernández. Ya para nadie es un secreto las condiciones en que encontramos el país en 2004 y las condiciones en que lo entregaremos al próximo Gobierno en el mes de agosto.

Nuestro gobierno no tuvo la oportunidad que tendrá Danilo de “continuar lo que está bien”, ya que nada estaba bien. Así, nos concentramos en corregir el desastre encontrado y avanzar de manera bastante significativa en áreas como la estabilidad económica, protección social, salud, educación, infraestructura y modernización del Estado. Y los resultados están a la vista de todos aquellos que quieran mirar.

Pasado mañana, domingo 20 de mayo, todos los ciudadanos y ciudadanas de la Patria tenemos no sólo un derecho que ejercer, sino un deber que cumplir.

Como miembro del PLD —pero también como dominicano— apoyo sin reservas la candidatura del compañero Danilo Medina; por muchas razones, pero sobre todo porque tengo plena confianza en que cumplirá su palabra de enfatizar más aún los programas de protección social, a fin de continuar cerrando la brecha entre ricos y pobres en la República Dominicana.

Quiero invitar a todas las personas que han respaldado el Gobierno del presidente Fernández y a todos quienes me han manifestado de una u otra forma su apoyo durante los años recientes a presentarse el domingo en sus respectivos colegios electorales y a asegurar que sus amigos, familiares y allegados también lo hagan. Y a votar con entusiasmo, pero a la vez con la serenidad que da la certeza de que nuestro país nunca más dará marcha atrás.