La hora de la igualdad y la inclusión social

Este 26 de enero se conmemoró un nuevo aniversario del natalicio de nuestro Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte, y con el inicio del mes de la Patria, comenzando un nuevo año, resulta interesante cuestionarnos sobre ese rasgo pesimista que aflora en la psiquis de cada dominicano. Pesimismo que se expresaba ya en el padre de Francisco del Rosario Sánchez cuando le reprochaba su lucha por la Independencia con la advertencia de que este país nunca sería Nación. Pesimismo reflejado en la obra de ilustres pensadores, como José Ramón López y Américo Lugo, quienes fotografiaban un cuadro sombrío sobre el porvenir dominicano. Y pesimismo que se manifiesta aun en el presente cuando al dominicano se le pregunta cómo anda las cosas y nunca se oye responder que marchan bien. Continuar leyendo

170 años de la Independencia

170 años de su Independencia cumple hoy la República Dominicana y cada 27 de Febrero reflexionamos sobre el valor y el sacrificio de nuestros Padres Fundadores. De Juan Pablo Duarte recordamos su firme decisión de crear una República libre y soberana, sus dotes de organizador, su amor indubitable por la Patria, su acrisolada honestidad, su trayectoria sin mácula; de Francisco del Rosario Sánchez rememoramos su intrepidez, su sagacidad para llevar hasta la culminación la obra iniciada por la Trinitaria, su responsabilidad con los compañeros, su martirio en El Cercado; y de Matías Ramón Mella, su arrojo en la puerta de la Misericordia, sus dotes de militar, su servicio en esa lucha de titanes que fue la guerra de Restauración.

En esos 170 años la República ha ido avanzado: ha perdido su soberanía en tres ocasiones; ha experimentado guerras intestinas; ha sufrido desgarradoras dictaduras, pero en cada caída se ha levantado y con paso firme y sostenido, poco a poco, gradualmente, si se quiere, ha ido conquistando nuevas metas, en una lucha incesante por el desarrollo, el progreso, y la justicia social.

Los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) han sido un factor decisivo en la modernización experimentada por la República Dominicana. En el año 2004 el producto interna bruto había alcanzado la cifra de 22 mil millones de dólares y ocho años más tarde, 2012, se encontraba ya en 57 mil millones de dólares; el crecimiento de la infraestructura vial ha sido impresionante, con autovías y carreteras de cuatro carriles que unen las principales localidades del territorio nacional; los programas sociales, como el de Solidaridad, han conducido a la reducción del hambre, la disminución de la pobreza y la indigencia; se ha recuperado notablemente la superficie boscosa del país, gracias a los programas de reforestación; y en la actualidad, se libra la batalla final para erradicar antes de 2016 el analfabetismo y extender hacia toda la población la cobertura de la seguridad social.

En el día de hoy, el presidente de la República, compañero Danilo Medina, nos ha rendido cuenta de su gestión, y en su discurso pudimos apreciar cómo sigue la República Dominicana marchando por la senda del crecimiento y el bienestar.

Lo importante en este día de la Independencia es tomar conciencia de que nunca jamás debemos perder el rumbo que hemos emprendido y que todos juntos debemos continuar luchando para que la República Dominicana y sus hijos puedan decirle a los Padres Fundadores que su obra no fue en vano, que aquí estamos hoy, en pleno siglo XXI, batallando por sus ideales.

Loor a Duarte, Sánchez y Mella. Viva la República Dominicana.

27 de febrero de 2014.

Julio: Lafayette, Jefferson y el día de Malala

La Bastilla de San Antonio se erigía al este de París. Se terminó de construir en 1383 con el fin de proteger la ciudad y así fue durante siglos. Sin embargo, con el paso del tiempo se fue convirtiendo en prisión estatal; allí se encarcelaban sin juicio a los parisinos señalados por el rey. Era en parte una “prisión de lujo” para aristócratas –que incluía servicio de restaurant– y por otra, celdas de castigo para insubordinados. Como toda fortaleza imponente, era una marca en el paisaje y un símbolo del poder monárquico, absoluto, por encima de la Ley, sólo obligado a rendir cuentas –si acaso– nada menos que ante Dios.

La legendaria toma de la Bastilla sucedió el 14 de julio de 1789. Tras un asedio de 7 horas, la fortaleza cayó y la muchedumbre parisina se apoderó de la pólvora y las municiones, en un hecho que recuerda los asaltos a nuestra Fortaleza Ozama: el 27 de febrero de 1844 los rebeldes liderados por Sánchez tomaron la fortaleza para abastecerse de armas justo antes del Trabucazo de Mella y lo mismo ocurrió en la heroica gesta constitucionalista, el 29 de abril de 1965. La toma de la Bastilla, victoria no tanto política ni militar como simbólica, se recuerda como el inicio de la Revolución Francesa, en la que el pueblo abolió la monarquía y creó la plataforma para establecer la primera República Francesa.

Seis semanas después, la Asamblea Nacional Constituyente adoptó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, proclamando que los hombres nacen y permanecen libres e iguales en cuanto a sus derechos y que a todos los ciudadanos se les debe garantizar la libertad de propiedad, seguridad, y resistencia a la opresión. Esta declaración traspasaba la soberanía del rey a la Nación y declaraba la igualdad ante la ley de todos los hombres, por lo que marcó el fin del absolutismo monárquico y los privilegios para la nobleza, pero no sólo en Francia; al dar un carácter universal a sus afirmaciones, es una precursora de los Derechos Humanos en todo el mundo y desde su promulgación, todas las constituciones del mundo incluyen en su inicio las garantías humanas individuales.

Doce años antes, el marqués de Lafayette, joven noble y militar francés, se había embarcado rumbo a lo que son hoy los Estados Unidos de América para unirse a la guerra de independencia. Allí fue nombrado general de división bajo el mando de George Washington y por todos sus aportes, militares, políticos y económicos, se le considera uno de los héroes de esta gesta. Lafayette regresó a Francia en 1782, en donde se convertiría en uno de los líderes de la revolución y más tarde redactaría el borrador de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.

El 4 de julio de 1776, el congreso de los 13 Estados Unidos de América, congregados en la ciudad de Virginia aprobó la Declaración de Independencia, con la que las colonias americanas rompían oficialmente los vínculos políticos con Gran Bretaña. El preámbulo establece el marco filosófico de esta declaración:

Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se vuelva destructora de estos principios, el pueblo tiene derecho a reformarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que base sus cimientos en dichos principios, y que organice sus poderes en forma tal que a ellos les parezca más probable que genere su seguridad y felicidad.”

Thomas Jefferson, quien llegaría a ser el tercer presidente de los Estados Unidos, reconocido como uno de los Padres de la recién fundada nación del Norte, había redactado el documento original, trece años antes de la toma de la Bastilla. Jefferson se encontraba en París ese 14 de julio de 1788, sirviendo como embajador en Francia y a pesar de sus múltiples relaciones con la corte y la nobleza, tomó partido por la revolución.

La declaración de Independencia de los Estados Unidos de América es considerada en toda justicia como otra precursora de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948 en París, cuyos Artículos 1, 2 y 26 expresan:

Artículo 1. Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Artículo 2.
Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Artículo 26.
Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos.”


Luego de más de medio siglo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el 9 de octubre de 2012 en Mingora, Pakistán, un miliciano de un grupo terrorista vinculado a los Talibanes le disparó varias veces a Malala con un fusil, hiriéndola en la cabeza y el cuello. Otras dos estudiantes también fueron heridas mientras se dirigían a su casa en un autobús escolar. ¿La “razón”? Un año antes, Malala Yousafzai, joven activista, había recibido el Premio Nacional por la Paz que otorga Pakistán por su defensa de la educación de las niñas. Malala, que entonces contaba apenas con 14 años de edad, estudiaba y se oponía públicamente a la prohibición que hace el régimen talibán de la educación para las mujeres y las niñas.

Ya recuperada, Malala fue invitada a la sede de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) la tarde del pasado viernes 12 de julio de 2013, para participar en una sesión especial del organismo. Allí, con motivo de su desimosexto cumpleaños, la ONU rindió homenaje a la niña más valiente del mundo.

Durante la sesión, el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, felicitó a Malala y encomió su perseverancia y valentía. Subrayó que con el reconocimiento a su persona, las Naciones Unidas le dicen a las Malalas del mundo que no están solas. “Cincuenta y siete millones de niños no van a la escuela. La mayoría son niñas. En los momentos en que debemos aumentar nuestros esfuerzos, disminuye la ayuda internacional para la educación” dijo el secretario y agregó que el ejemplo de Malala insta a todos los líderes mundiales a mantener sus promesas de invertir en los jóvenes y hacer de la educación un tema prioritario.

“Malala fue atacada porque estaba decidida a ir a la escuela y aprender. Y con ello los extremistas demostraron lo que más temen, a una niña con un libro”, dijo el secretario general, quien animó a redoblar los esfuerzos para escolarizar a todos los niños del mundo, mejorar la calidad de la enseñanza y promover la ciudadanía mundial.

Malala –vistiendo un chador rosa que fuera de Benazhir Bhutto, la exprimera ministra paquistaní asesinada en 2007– por su parte, dijo:

Que las mujeres sean independientes y peleen por ellas. Es tiempo de pelear. Llamamos a los líderes mundiales a cambiar sus estrategias. Que sus políticas deben proteger a los niños y mujeres y aseguren su educación […] Tomemos los libros y las plumas porque son nuestras armas más poderosas. Un libro y una pluma pueden cambiar el mundo. […] Hoy no es mi día, no es el día de Malala. Es el día de cada mujer y cada hombre que arriesga su vida por los derechos humanos.”

Completar la obra de Duarte

Banderas 4

Este nuevo aniversario de la Independencia lo celebraremos en el año que conmemoramos el bicentenario del nacimiento del Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte. Los ideales de Duarte, su lucha, su fe en la Patria, su sacrificio, su honestidad a toda prueba, su incansable fatigar por dejarnos una nacionalidad, son los valores que hoy debemos cultivar para continuar hacia el progreso y el bienestar de nuestro pueblo.

El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) fue constituido por el maestro Juan Bosch, con la finalidad de continuar y completar la obra que Duarte inició. En esta época de globalización, de profunda crisis económica y financiera, del surgimiento de un nuevo modo de producción en las empresas, que las fragmenta y debilita al movimiento sindical, cuando se hace más necesario que nunca que en el país se luche contra la pobreza y la indigencia, es necesario que todos los peledeístas y con ellos, los buenos dominicanos, aunamos esfuerzos para respaldar las acciones que lleva a cabo el gobierno del compañero Danilo Medina, su cruzada por la alfabetización, su respaldo a los productores campesinos, su iniciativa para la promoción de proyectos de turismo ecológico, su apoyo al desarrollo local y su defensa y expansión del programa Solidaridad.

Con un PLD unido, combatiendo denodadamente a quienes pretenden desacreditar la figura de su líder, el compañero Leonel Fernández, e integrados todos en la ardua tarea de nuestro gobierno por continuar la lucha que se viene librando por el progreso y la justicia social, cumpliremos con el mandato de nuestro Congreso Constituyente y nos haremos merecedores del legado de nuestro Padre fundador, Juan Pablo Duarte.

Que el 27 de Febrero sea día de reflexión y compromiso peledeísta para no desmayar y continuar adelante.

¡Viva la Patria!

Juan Pablo, el patricio

Los sectores conservadores siempre han tratado de ofrecernos una imagen idílica de Duarte; un Padre de la Patria inasible, una cumbre inalcanzable; un ser etéreo que se sitúa más allá del bien y del mal.

El Duarte que esta Patria nuestra hoy debe reivindicar en su bicentenario es la del patriota acendrado, el luchador infatigable, el hombre que jamás vaciló ante el sacrificio, el proscrito que hubo de sobreponerse a las amarguras deparadas por las calumnias y las maledicencias.

Apenas contaba con veinticinco años de edad cuando fundó la Trinitaria; las ideas revolucionarias recibidas durante su estancia en España le hicieron concebir una Patria independiente de toda potencia extranjera, y a diferencia de sus antecesores y muchos de sus contemporáneos, tuvo la fe y la convicción de que en un territorio que no llegaba a contar con cien mil habitantes y sojuzgado por la fuerza inconmensurable que representaba el Haití revolucionario y liberado desde 1804, podía constituir un Estado soberano, sin tutelas extranjeras, que él llamó República Dominicana.

¿Qué fuerzas ocultas le impulsaron en sus propósitos? ¿Cómo entender que un jovenzuelo fuera capaz de desdeñar las voces que clamaban por un protectorado francés ante lo que consideraban la inviabilidad de la República? Y sin embargo, no cejó en el empeño: conspiró, como lo haría cualquier revolucionario decidido a subvertir el orden establecido; convenció con su prédica a amigos de su edad para formar el núcleo que llevaría a cabo la ardua tarea; trazó la estrategia de aliarse con los enemigos de los opresores en busca de alcanzar el objetivo perseguido; hizo las alianzas que juzgó necesarias, aunque fuera a costa de concitar en el empeño a fuerzas retrógradas, con tal de ver en el asta la enseña tricolor.

Sólo su inquebrantable firmeza hizo posible el milagro. Pero, ésta no bastaba; también fue necesaria la labor tesonera de propagar sus ideas, de ganar apoyo para la causa, de trabajar con ahínco en la urdimbre de la trama, de sacrificar el patrimonio familiar con tal de ver nacer la República Dominicana. Y así, el 4 de febrero de 1844, apenas unas semanas antes del 27, escribió a su madre y a sus hermanas para decirles:

El único medio que encuentro para reunirme con Uds. es independizar la patria. Para conseguirlo se necesitan recursos, recursos supremos, y cuyos recursos son, que Uds. de mancomún conmigo y nuestro hermano Vicente, ofrendemos en aras de la patria lo que a costa del amor y trabajo de nuestro padre hemos heredado”.

Independizada la Patria es recibido en el muelle por el Arzobispo, quien lo saluda con la exclamación: “Salve, Padre de la Patria”; pero, no había tiempo para celebraciones sino para integrarse en lo inmediato a las labores que desplegaba la Junta Gubernativa desde el 27 de febrero. Un testigo de la época nos narra este encuentro:

En medio del triunfo más espléndido llega al Palacio de Gobierno. Sabiendo que una palabra sola le bastaba para aniquilar los proyectos ambiciosos de los noveles republicanos, llega el inexperto joven y ofrece su espada a la Junta, que sólo aguardaba sus órdenes, y en recompensa de su modesto desprendimiento le da el título de general de brigada. Él lo recibe sin hacer alto en nada y todo lo renuncia en favor de sus conciudadanos, cuya unión deseaba para bien de la patria”.

Duarte no descansa. Se incorpora a la lucha contra los haitianos que se niegan a reconocer la independencia dominicana; desgraciadamente, la historia es conocida, su sacrificio y amor por la Patria es pagado con el destierro. Los “orcopolitas” de siempre no podían aceptar que un hombre tuviera un amor tan acendrado para con su Patria; que un revolucionario diera ejemplo de honestidad, rindiendo cuentas al gobierno de los fondos recibidos y devolviendo el dinero sobrante; que un defensor de los mejores intereses se opusiera vehementemente a los planes anexionistas.

Proscrito para siempre, regresa a la Patria a punto de perderse para ofrecer sus servicios al gobierno restaurador radicado en Santiago; pero, se le pide volver al extranjero para recabar apoyo a la lucha que libraba el pueblo contra el gobierno español. Duarte comprende la decisión, no busca ser manzana de discordia, se precisa la unidad, sólo toma un tiempo para visitar a Mella en su lecho de muerte, y retorna al caminar por otras tierras. En carta del 18 de marzo de 1865, ya en Caracas, le escribe a Félix María del Monte para decirle:

… el mío [mi corazón] aun ha permanecido abierto al amor de mi patria…. Hallándome dispuesto y como en los primeros días de mi adolescencia, a sacrificarlo todo en sus aras. ¿Qué quieres? Yo habré nacido para no amar sino a esa Patria tan digna de mejor suerte y a sus amigos que son los míos, cuando después de tan amargas pruebas, ni siquiera he pensado en quebrantar mi juramento”.

Ese es el Duarte que en su bicentenario debemos recordar. El irreductible en su creencia de fundar una República; el hombre que no desmayó en sus esfuerzos, desde 1833 hasta 1844, para lograr la separación de Haití; el organizador de los instrumentos, como la Trinitaria y la Filantrópica, que hicieron posible el grito de independencia; el conspirador que supo urdir con su inteligencia y sagacidad la trama que haría factible el amanecer de febrero; el abnegado que lo entregó todo, fortuna y justas aspiraciones, con tal de obtener los propósitos de ver una Patria libre y sin discordias; el apóstol que predicó entre la juventud e hizo germinar los ideales de la nacionalidad; el patricio que prefirió el destierro con tal de sepultar entre sus congéneres la tea de la discordia; el anticolonialista que advirtió que el país debía ser libre de toda potencia extranjera, o se hundía la isla.

Que los dominicanos y dominicanas de hoy beban en la fuente del ideario de Juan Pablo Duarte; que sea faro que ilumine nuestros compromisos de trabajar sin descanso y desmayo por el porvenir de la Patria; que veamos en él al hombre de acción, al luchador infatigable, a quien jamás se doblegó en la defensa de la dominicanidad. Que en éste, su bicentenario, digamos con Miguel Angel Garrido: “Duarte, más grande que tú, ni la Patria misma”.

Santo Domingo, 26 de enero de 2013.

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