Hasta siempre, Comandante

HChavez

Hugo Chávez Frías fue un amigo solidario de nuestro pueblo; no sólo porque nos asistió con Petrocaribe, facilitándonos sortear las graves dificultadas del alto precio del petróleo, sino por su cooperación desinteresada en las más diversas circunstancias, como aconteció, por ejemplo, a raíz de los fuegos forestales en la Cordillera Central.

El comandante Chávez fue un paradigma en la lucha por la dignidad y en el combate a la pobreza; gracias a sus programas sociales recibió el continuo respaldo del pueblo venezolano y en toda América Latina se le apreció como un combatiente por la integración de nuestros países, de la Patria Grande, como él solía referirse a nuestro subcontinente.

En cada una de las cumbres y reuniones de alto nivel en que tuve la oportunidad de encontrarlo, como en sus varias visitas a la República Dominicana, siempre me habló con orgullo del profesor Juan Bosch y del coronel Francisco A. Caamaño; sus simpatías por nuestro pueblo eran inocultables y a cada instante se refería al cariño por la tierra que lo recibió en sus años mozos.

Las manifestaciones de duelo que se han expresado en toda América Latina prueban su sólido liderazgo y el fervor que con su acción por la justicia social despertó en todos nuestros pueblos.

Nos unimos al dolor que hoy embarga al pueblo venezolano, a la familia del presidente Chávez y le extendemos nuestras más sentidas condolencias.

Hasta siempre, Comandante. “Gloria al bravo pueblo…”

Rafael Alburquerque
Santo Domingo, 6 de marzo de 2013

El viejo Marcelino

MARCELINO MORALES ha fallecido. El viejo Marcelino, como todos lo conocíamos, fue amigo y discípulo fiel del profesor Juan Bosch, miembro fundador del Partido de la Liberación Dominicana y aguerrido dirigente sindical, ámbito en donde libró mil batallas, desde la Federación de Trabajadores de la Construcción, en pro de la libertad sindical y en defensa de los derechos de los trabajadores.
 
Dirigente intermedio del PLD, siempre estuvo en la primera fila de las batallas dadas por nuestra organización. Hombre íntegro, probo, vertical, sin dobleces, gran compañero y amigo.
 
Ya en los últimos años, sin visión, afectado por varias enfermedades, sacaba fuerzas para ir cada 1 de enero a saludar al presidente Leonel Fernández y a testimoniar su fidelidad a Juan Bosch y al PLD. Allí siempre me saludó con cariño y tuve la oportunidad de visitarlo en su casa en los meses últimos del pasado año.  En su lecho de enfermo, me recibió con el espíritu indomable que siempre lo caracterizó, con voz de trueno me saludó y con el gesto de batallador se mostró prestó a salir a las calles, de ser necesario, para defender a su partido, a su líder y a nuestro gobierno.
 
Así era Marcelino, paz a sus restos.

Completar la obra de Duarte

Banderas 4

Este nuevo aniversario de la Independencia lo celebraremos en el año que conmemoramos el bicentenario del nacimiento del Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte. Los ideales de Duarte, su lucha, su fe en la Patria, su sacrificio, su honestidad a toda prueba, su incansable fatigar por dejarnos una nacionalidad, son los valores que hoy debemos cultivar para continuar hacia el progreso y el bienestar de nuestro pueblo.

El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) fue constituido por el maestro Juan Bosch, con la finalidad de continuar y completar la obra que Duarte inició. En esta época de globalización, de profunda crisis económica y financiera, del surgimiento de un nuevo modo de producción en las empresas, que las fragmenta y debilita al movimiento sindical, cuando se hace más necesario que nunca que en el país se luche contra la pobreza y la indigencia, es necesario que todos los peledeístas y con ellos, los buenos dominicanos, aunamos esfuerzos para respaldar las acciones que lleva a cabo el gobierno del compañero Danilo Medina, su cruzada por la alfabetización, su respaldo a los productores campesinos, su iniciativa para la promoción de proyectos de turismo ecológico, su apoyo al desarrollo local y su defensa y expansión del programa Solidaridad.

Con un PLD unido, combatiendo denodadamente a quienes pretenden desacreditar la figura de su líder, el compañero Leonel Fernández, e integrados todos en la ardua tarea de nuestro gobierno por continuar la lucha que se viene librando por el progreso y la justicia social, cumpliremos con el mandato de nuestro Congreso Constituyente y nos haremos merecedores del legado de nuestro Padre fundador, Juan Pablo Duarte.

Que el 27 de Febrero sea día de reflexión y compromiso peledeísta para no desmayar y continuar adelante.

¡Viva la Patria!

Una lucha que nunca ha de terminar

Hoy se cumple un nuevo aniversario de la Independencia Nacional, el cual reviste una singular importancia: primero, porque el Presidente Leonel Fernández presentará su última rendición de cuentas ante la reunión conjunta del Congreso Nacional, luego de casi ocho años de ejercicio en el cual se ha mantenido la estabilidad macroeconómica, el país ha permanecido creciendo, la pobreza ha disminuido y el desempleo se ha reducido; segundo: porque este 27 de febrero debemos iniciar los preparativos para conmemorar en el año 2013 tres acontecimientos históricos, el bicentenario del nacimiento de Juan Pablo Duarte (el próximo 26 de enero), los cincuenta años de la ascensión al poder del presidente Juan Bosch (el 27 de febrero) y los ciento cincuenta años de la Restauración (16 de agosto).

A las diez de la noche de un día como hoy, hace 168 años, en el Baluarte de El Conde, se proclamaba la independencia y se izaba por primera vez la bandera tricolor. En 1844 Santo Domingo era una ciudad ocupada durante veinte y dos años por las fuerzas de Boyer; el país se encontraba sumido en la miseria; y escasos criollos estaban convencidos de que pudiera nacer una nación libre e independiente.

Sin embargo, un hombre, desde 1838, creía en la posibilidad de una Patria, lo dio todo porque su pensamiento germinara y se difundiera, pagó con el exilio su osadía, sacrificó la fortuna familiar, dejó a un lado egoísmos y honores con tal de lograr que naciera la República Dominicana.

A Juan Pablo Duarte le debemos poder ser y llamarnos hoy dominicanos. Para mantener sus ideales y su legado, miles de hombres y mujeres han tenido que trabajar con ahínco y ofrendar hasta su vida con tal de evitar el sojuzgamiento de la Patria.

Lo hicieron con valor aquellos héroes que fueron al campo de batalla para lograr restaurar a la República, anexionada por un caudillo que no creyó en su futuro; los rebeldes que jamás claudicaron ante la intervención extranjera de 1916; y los constitucionales que se opusieron con vigor a la ocupación de 1965. Pero también lo hicieron aquellos próceres que con sus ideas se negaron a votar en el Congreso Nacional la convención domínico-americana de 1907; quienes se opusieron al arrendamiento de la bahía de Samaná; los que combatieron con denuedo la dictadura de Ulises Heraux; los “desafectos” que mantuvieron su dignidad y jamás se doblegaron ante la tiranía de Trujillo, así como los valerosos combatientes de Cayo Confites, Luperón, Constanza, Estero Hondo y Maimón; los aguerridos jóvenes del 14 de Junio y los panfleteros, que soportaron las torturas de la 40; y las ingentes Hermanas Mirabal, ejemplo de dignidad y decoro.

En el presente, continuamos la lucha. Una lucha que nunca ha de terminar, pues como lo enseñaba el profesor Juan Bosch, día a día es necesario trabajar por el legado de Juan Pablo Duarte. Habrá amenazas de retroceso, podrá haber esporádicas caídas, pero este pueblo siempre mantendrá en alto su dignidad, y por más difícil que sea el momento, seguirá siempre adelante, en la construcción de un porvenir de bienestar y justicia social.

Santo Domingo, 27 de febrero de 2012.

La fundación de La Trinitaria: génesis secreto de la Libertad

La Libertad no es sólo un derecho humano ni tan sólo una garantía constitucional o jurídica; es un impulso que viene impreso en el espíritu humano desde siempre y para siempre, es inherente a la esencia humana y siempre lo será.

La historia de nuestra especie está llena de ejemplos que lo demuestran. Pueblos, razas y grupos humanos han sido esclavizados, perseguidos, oprimidos, dominados y sometidos con violencia, durante meses, años, décadas o siglos; pero al final la ansiada libertad siempre es reconquistada, aún a costa de innumerables vidas.

En tiempos de opresión cualquier impulso libertario debe mantenerse en secreto, si espera algún día obtener sus frutos. Y La Trinitaria no fue la excepción. Como el Profesor Juan Bosch escribiera en un ensayo de febrero de 1980:

Desde el punto de vista de su ciudadanía, la población de la parte Este de la isla era tan haitiana como la de la parte Oeste, pero desde el punto de vista cultural y político ella misma, o una parte importante de ella, se consideraba diferente de la haitiana, y en consecuencia, se sentía sometida por la fuerza al poder de Haití, que para la fecha de la fundación de La Trinitaria tenía dieciséis años y medio gobernándola. De no haber sido así esa población no habría apoyado en los campos de batalla a los que encabezaron la lucha para independizar de Haití la antigua parte española de la isla; y su apoyo fue tan enérgico y tan masivo que a pesar de que el poder militar haitiano era muy superior al que podían oponerle los dominicanos –y Haití lo usó a fondo para imponer de nuevo su dominio sobre la población del Este– no pudo someter a sus antiguos súbditos.

Juan Pablo Duarte era un joven de 25 años al momento de fundar la sociedad secreta. Su juventud no obstaculizó, sin embargo, la claridad y la limpieza de su propósito ni las cualidades necesarias para transmitirlo a sus compañeros; muy posiblemente, avivó el impulso. De hecho, muchos de los primeros trinitarios, como Juan Isidro, Félix María, Francisco del Rosario, Jacinto o Juan Nepomuceno, por nombrar algunos, eran todavía más jóvenes.

Ese domingo del 16 de julio de 1838, en la casa de Doña Chepita, madre de Juan Isidro, Duarte se reúne con los hombres de su extrema confianza para iniciar las operaciones políticas y militares de la sociedad secreta La Trinitaria.

Dice José María Serra, en sus Apuntes para la historia de los Trinitarios (1877), que al final de la intervención del Patricio, en la que explicaba el propósito de la conspiración, así como los peligros que ésta conllevaba, anunció que se encontraban ya en el punto de no retorno:

La situación en que nos colocaremos será muy grave, y tanto más, cuanto que entrando ya en este camino, retroceder será imposible. Ahora bien, en este momento hay tiempo todavía de rehuir el compromiso. Por tanto, si alguno quisiera separarse…

Las protestas de los demás no lo dejaron terminar. El compromiso era ya inquebrantable.

Seguramente, fue el secreto original una de las razones que nos ha impedido conocer con certeza, en el presente, los detalles de todo lo ocurrido a partir de ese momento y durante los 6 años subsiguientes a la fundación de La Trinitaria; comenzando con los nombres de sus miembros fundadores, que nos han llegado a través de correspondencia y de crónicas que fueron escritas cuatro o cinco décadas después. Lo que es indudable es que ese día fue sellado el pacto que nos conduciría el 27 de febrero de 1844 a poder, al fin, ser y llamarnos dominicanos.

En este mes de febrero en que gracias al éxito de la visión, el esfuerzo, la responsabilidad, la determinación y la persistencia y de estos hombres y mujeres que conformaron y apoyaron a la sociedad La Trinitaria, podemos, todos nosotros, conmemorar un año más como hijos de una Patria libre, soberana e independiente, no está de más recordar el juramento que hiciera en su momento cada uno sus miembros:

En el nombre de la Santísima, Augustísima e Indivisible Trinidad de Dios Omnipotente, juro y prometo, por mi honor y mi conciencia, en manos de nuestro presidente Juan Pablo Duarte, cooperar con mi persona, vida y bienes a la separación definitiva del gobierno haitiano y a implantar una república libre, soberana e independiente de toda dominación extranjera, que se denominará República Dominicana; la cual tendrá un pabellón tricolor en cuartos encarnados y azules atravesado por una cruz blanca. Mientras tanto seremos reconocidos los Trinitarios con las palabras sacramentales Dios Patria y Libertad. Así lo prometo ante Dios y el mundo. Si tal hago, Dios me proteja, y de no, me lo tome en cuenta; y mis consocios me castiguen el perjurio y la traición si los vendo.