16 de Agosto de 2015

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Se conmemora un nuevo aniversario del Grito de Capotillo. Aquel día del año 1863, un grupo de patriotas encabezado por el coronel Santiago Rodríguez –a quien en su obra sobre la Restauración Pedro M. Archambault califica como jefe de la revolución– cruzaron la frontera desde Haití y tomaron el cerro de Capotillo para al despuntar el alba izar el pabellón tricolor arriado desde marzo de 1861, cuando Pedro Santana lo desconoció para dar paso a la anexión a España. Continuar leyendo

La hora de la igualdad y la inclusión social

Este 26 de enero se conmemoró un nuevo aniversario del natalicio de nuestro Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte, y con el inicio del mes de la Patria, comenzando un nuevo año, resulta interesante cuestionarnos sobre ese rasgo pesimista que aflora en la psiquis de cada dominicano. Pesimismo que se expresaba ya en el padre de Francisco del Rosario Sánchez cuando le reprochaba su lucha por la Independencia con la advertencia de que este país nunca sería Nación. Pesimismo reflejado en la obra de ilustres pensadores, como José Ramón López y Américo Lugo, quienes fotografiaban un cuadro sombrío sobre el porvenir dominicano. Y pesimismo que se manifiesta aun en el presente cuando al dominicano se le pregunta cómo anda las cosas y nunca se oye responder que marchan bien. Continuar leyendo

170 años de la Independencia

170 años de su Independencia cumple hoy la República Dominicana y cada 27 de Febrero reflexionamos sobre el valor y el sacrificio de nuestros Padres Fundadores. De Juan Pablo Duarte recordamos su firme decisión de crear una República libre y soberana, sus dotes de organizador, su amor indubitable por la Patria, su acrisolada honestidad, su trayectoria sin mácula; de Francisco del Rosario Sánchez rememoramos su intrepidez, su sagacidad para llevar hasta la culminación la obra iniciada por la Trinitaria, su responsabilidad con los compañeros, su martirio en El Cercado; y de Matías Ramón Mella, su arrojo en la puerta de la Misericordia, sus dotes de militar, su servicio en esa lucha de titanes que fue la guerra de Restauración.

En esos 170 años la República ha ido avanzado: ha perdido su soberanía en tres ocasiones; ha experimentado guerras intestinas; ha sufrido desgarradoras dictaduras, pero en cada caída se ha levantado y con paso firme y sostenido, poco a poco, gradualmente, si se quiere, ha ido conquistando nuevas metas, en una lucha incesante por el desarrollo, el progreso, y la justicia social.

Los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) han sido un factor decisivo en la modernización experimentada por la República Dominicana. En el año 2004 el producto interna bruto había alcanzado la cifra de 22 mil millones de dólares y ocho años más tarde, 2012, se encontraba ya en 57 mil millones de dólares; el crecimiento de la infraestructura vial ha sido impresionante, con autovías y carreteras de cuatro carriles que unen las principales localidades del territorio nacional; los programas sociales, como el de Solidaridad, han conducido a la reducción del hambre, la disminución de la pobreza y la indigencia; se ha recuperado notablemente la superficie boscosa del país, gracias a los programas de reforestación; y en la actualidad, se libra la batalla final para erradicar antes de 2016 el analfabetismo y extender hacia toda la población la cobertura de la seguridad social.

En el día de hoy, el presidente de la República, compañero Danilo Medina, nos ha rendido cuenta de su gestión, y en su discurso pudimos apreciar cómo sigue la República Dominicana marchando por la senda del crecimiento y el bienestar.

Lo importante en este día de la Independencia es tomar conciencia de que nunca jamás debemos perder el rumbo que hemos emprendido y que todos juntos debemos continuar luchando para que la República Dominicana y sus hijos puedan decirle a los Padres Fundadores que su obra no fue en vano, que aquí estamos hoy, en pleno siglo XXI, batallando por sus ideales.

Loor a Duarte, Sánchez y Mella. Viva la República Dominicana.

27 de febrero de 2014.

Partido de la Liberación Dominicana: 40 años

Detrás, de izq a derecha: Rubén Cedeño, Antonio Abreu, Juan Bosch, José Joaquîn Bidö Medina, Rafael Alburquerque, Gilberto Martînez, Luis Hernández Fêlix y Manuel Ramón Taveras. Delante, de izq a derecha: Dioscórides Espinal, Pantaleó María Arias, Temístocles Montás, Rafael (Cheché) Luna (parcialmente oculto), Amiro Cordero, Miriam Abreu, Milagros Ortiz Bosch, Félix Alburquerque, Norge Botello, (detrás, oculto) Franklin Almeyda, Luis Lemonier, Emmanuel Espinal, Héctor René González y Bienvenido Mejía y Mejía.

Un día como hoy, hace ya cuarenta años se celebró el Congreso Constitutivo del Partido de la Liberación Dominicana (PLD).

Derrocado en 1963, el pueblo y una parte de las Fuerzas Armadas se habían levantado en armas para exigir el retorno de Juan Bosch al poder y el restablecimiento de la Constitución derogada por los golpistas, pero la intervención norteamericana de 1965 impidió que se hiciera realidad esa legítima aspiración de los hombres y mujeres de nuestro país.

A partir de 1966 Juan Bosch se refugió en Europa para reflexionar sobre la democracia. Una democracia por la cual él había luchado toda la vida; primero, desde el exilio, reclamando la libertad conculcada por el Tirano; luego, a su regreso al país, para enseñar a todos el respeto por los derechos fundamentales de la persona humana.

En Europa evolucionó su pensamiento y escribió profundas obras sobre política y sociología, como Composición Social Dominicana; De Cristóbal Colón a Fidel Castro: El Caribe, Frontera Imperial; El Pentagonismo, Sustituto del Imperialismo; y Dictadura con Respaldo Popular.

Regresó a su tierra natal en 1970 dispuesto a transformar al Partido Revolucionario Dominicano, de un partido de masas, de un frente de clases, de una organización circunscrita a luchar por la democracia y la libertad, en un partido de cuadros, de militantes, de liberación nacional, de justicia social. Para tales fines creó dos círculos de estudios, en los cuales incorporó a jóvenes para enseñarles una nueva interpretación de la historia y el análisis científico, sobre la base del marxismo, de los hechos sociales.

Pero, el PRD no pudo asimilar las nuevas concepciones del maestro y eso lo llevó en 1973 a constituir lo que él llamó un Partido único en América. De los círculos de estudio que formó dentro del PRD surgió la simiente que hizo posible la creación del Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Su organización, su disciplina, su mística, hizo posible que el Partido creciera rápidamente. Apenas 18 mil votos en las elecciones de 1978; 180 mil votos en las de 1982; más de 300 mil en las de 1986 y a partir de entonces, un ascenso sostenido que lo llevó al poder veintitrés años después de fundado.

Hoy, el PLD puede mostrar con orgullo lo que ha hecho por el país y su pueblo en los años que le ha tocado gobernar. Cuando finalice el actual período de gobierno se habrán cumplido veinte años desde que llegó al poder el PLD, y en esos veinte años habrá gobernado dieciséis, manteniendo un desarrollo sostenible, una estabilidad macroeconómica, construyendo grandes obras de infraestructura, disminuyendo la pobreza y la indigencia, y en estos momentos en combate contra el analfabetismo.

Un Partido para el progreso, un partido para la justicia social, un partido para servirle al pueblo.

Homenaje al maestro, fundador y líder indiscutido e indiscutible de nuestro Partido, prócer de la República, profesor Juan Bosch. A usted, al cumplirse los cuarenta años de la constitución de su Partido, el Partido de la Liberación Dominicana, le decimos que aquí estamos en el trabajo cotidiano de construir una Patria mejor, una Patria como la que soñó Juan Pablo Duarte. Podrá haber errores, desaciertos, pero lo mejor del Partido se mantiene firme en los ideales que usted sembró, en el ejemplo de humildad, trabajo y moralidad que usted nos legó.

Hasta siempre, compañero.

El referente de La Trinitaria

Trinitaria

El 16 de julio de 1838 nueve jóvenes impulsados por el patriotismo se reunieron frente a la Iglesia del Carmen, en la calle que actualmente se identifica con el nombre de Arzobispo Nouel, para dejar constituida una sociedad secreta y revolucionaria: La Trinitaria, así la llamó su líder y fundador, Juan Pablo Duarte.

Trinitaria, ¿por qué? Porque cada uno de sus nueve miembros se obligaba a crear un núcleo de tres que permitiría a la organización multiplicar sus adherentes para llevar a buen puerto la obra a que se habían comprometido: liberar a su Patria de la dominación haitiana y crear una nación libre, soberana e independiente con el nombre de República Dominicana.

Junto a Duarte, aquel 16 de julio, se encontraban Juan Isidro Pérez, Juan Nepomuceno Ravelo, Felipe Alfau, Félix María Ruiz, Jacinto de la Concha, José María Serra, Benito González y Pedro Alejandrino Pina, “muchachos” que no alcanzaban los treinta años. Pina apenas tiene diecisiete.

Como en toda obra humana hubo sus traiciones. La conjura fue develada por Felipe Alfau, pero nada pudo detener a los revolucionarios en sus propósitos. La idea y el ardor de Duarte se expandieron y, pronto, en las filas de los trinitarios estuvieron hombres como Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella. El primero, que asumiría el liderazgo, ante la ausencia de un Duarte desterrado, y el segundo, que venció la indecisión con su trabucazo la noche del 27 de febrero.

La Trinitaria debe ser un referente a seguir por todos aquellos ciudadanos y ciudadanas que luchan y trabajan por una Patria mejor, de desarrollo y bienestar para su pueblo. Sin organización no hay posibilidad de emprender con éxito las tareas que nos proponemos; sin voluntad y resolución resultará imposible llevar hacia adelante los objetivos que perseguimos; sin fe en la causa abandonaremos el camino ante las primeras dificultades.

Duarte tuvo esa fe, cuando todos vacilaban en la posibilidad de que surgiera la República Dominicana; y sobre esa fe aunó voluntades y las impulsó hasta llevarlas a la rebelión. No cejó en sus empeños, no se desanimó ante las persecuciones y las debilidades de sus compañeros, siguió adelante, y la simiente derramada el 16 de julio fructificaría años más tarde cuando los dominicanos y dominicanas proclamaron al mundo su separación de Haití.

La Trinitaria, como escribió en su día Manuel A. Machado Báez, fue “el crisol donde se fundió la nacionalidad dominicana, o más precisamente, fue la sociedad donde latió por primera vez el corazón de la revolución libertadora”.

A Duarte y sus compañeros, los conservadores de siempre los acusaron de anarquistas y de ellos se burlaron llamándolos “filorios”; hoy, como ayer, los orcopolitas levantarán calumnias y denostarán a quienes han querido servir a los mejores intereses de nuestras gentes; pero, al final, la verdad histórica se impone, y ha sido Duarte, a quien recordamos y veneramos.

Loor al Padre de la Patria.