Frente al cambio climático: Adaptación, mitigación, transparencia y financiamiento

Ayer concluyó en Santo Domingo el V Foro Latinoamericano y Caribeño de Carbono. Se trata del evento internacional de mayor importancia, y el principal espacio hemisférico para negociaciones que marquen nuevos rumbos en las estrategias y medidas para reducir el efecto invernadero en el planeta. El evento fue organizado por la Comisión Nacional de Cambio Climático, en coordinación con el Banco Mundial, la Asociación Internacional de Comercio de Emisiones (IETA), la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE), el Centro Riso del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (URC), el Banco Interamericano de Desarrollo y la Conferencia de las Naciones Unidas Sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). A continuación, transcribimos el discurso del vicepresidente de la República, doctor Rafael Alburquerque, durante la apertura del Foro.

Señoras y Señores:

Es un honor para mí participar en este prestigioso foro y sumarme al distinguido grupo de líderes de las naciones que lo integran. Nos congregamos aquí en Santo Domingo porque el cambio climático representa un grave y creciente peligro para nuestros pueblos. No estarían hoy aquí si no estuvieran convencidos, como yo, de que este peligro es real. Es ciencia, no ficción. El cambio climático desenfrenado representa la mayor amenaza de la humanidad en el siglo XXI, y un peligro inaceptable para nuestra sobrevivencia, nuestras economías y nuestro planeta. De eso estamos muy conscientes.

Entonces, la interrogante que se nos presenta ya no es el carácter del desafío: es nuestra capacidad de hacerle frente. Si bien la realidad del cambio climático no está en duda, nuestra capacidad de tomar medidas colectivas sí lo está, y depende de ella.

La comunidad internacional tiene 15 años debatiendo la problemática del cambio climático en el ámbito de las Naciones Unidas para avanzar en la concertación de un acuerdo climático justo y equitativo, con cuyos resultados estemos conformes todos, países desarrollados y en vía de desarrollo, ricos y pobres, pero, sobre todo, resultados orientados a la defensa de la vida y los medios que la sustentan.

Nuestra delegación participa en el proceso de negociación llena de entusiasmo y deseos de cooperación como firme defensora del principio de responsabilidad común pero diferenciada. Estuvo en Copenhague el pasado año y estará en Cancún en la COP16 este año, no para señalar culpables, pues estamos conscientes que somos los herederos de los errores que otros cometieron en el pasado. No obstante, entendemos que llegó la hora de reparar y compensar. La forma en que hemos organizado el desarrollo humano ha demostrado ser ineficiente; definitivamente no es equitativo y terminará afectándonos a todos, pero con mayor impacto a los países más vulnerables, como la República Dominicana.

Para avanzar en el proceso de negociación y llegar a un consenso con respecto al nuevo régimen climático pos 2012, debemos adoptar una serie de medidas estratégicas.

En primer lugar, las principales economías deben presentar propuestas nacionales decisivas, que reduzcan sus emisiones y comenzar a revertir la situación con respecto al cambio climático. Nos complace que muchos países desarrollados ya han presentado sus metas de reducción de emisiones. Pero no ha sido suficiente para alcanzar el necesario 25% de reducción de emisiones a partir de 2012, como lo establece el IPCC. Necesitamos alcanzar objetivos significativos, objetivos ambiciosos. Y estoy seguro de que el mundo desarrollado cumplirá la promesa de reducir sus emisiones en más de un 80 por ciento para el 2050, conforme a lo establecido por la ciencia.

En segundo lugar, debemos tener un mecanismo bajo la Convención para vigilar el cumplimiento con lo prometido y compartir esta información de manera transparente. Estas medidas no deben interferir ni atentar contra la soberanía de ningún país, por grande o pequeña que sea su economía. Sin embargo, deben garantizar que el convenio sea digno de crédito y que cumplamos con nuestras obligaciones, pues sin ese grado de responsabilidad, todo acuerdo sería palabras vanas en papel.

No sé cómo se logra un acuerdo internacional en el que todos no compartamos información y garanticemos el cumplimiento de nuestros compromisos. No tiene sentido. No sería una victoria de la humanidad.

En tercer lugar, debemos tener financiamiento que ayude a los países en desarrollo, particularmente a los menos desarrollados y más vulnerables, a adaptarse al cambio climático. A partir de Copenhague se creó un mecanismo de financiación de inicio-rápido (fast-start funding), que otorgaría hasta $10,000 millones en el 2012. Con posibilidades mediante un esfuerzo mundial para movilizar $100,000 millones en financiamiento para el 2020, hasta el momento el mundo en desarrollo no ha visto los «desembolsos rápidos». Es cada vez más urgente la adaptación a los efectos del cambio climático. La manera inteligente en que nos adecuemos a estos nuevos tiempos e impactos marcará el éxito de sobrevivencia de nuestras sociedades, ecosistemas y especies, a través de la adaptación obligada.

Adaptación, Mitigación, Transparencia y financiamiento. Es una fórmula clara; una que se ciñe al principio de soluciones colectivas, pero con respuestas y capacidades diferenciadas. Y constituyen un acuerdo significativo, uno que nos lleva más lejos de lo que hasta ahora hemos llegado como comunidad internacional.

Solo quiero decirles que se nos está acabando el tiempo. Estamos seguros que muchos consideran que esta fórmula que he descrito es imperfecta. Ningún país logrará todo lo que desea. Hay algunos países en desarrollo que quieren ayuda incondicional y sin obligaciones en cuanto a la transparencia. Piensan que los países más avanzados deben pagar un precio más alto. Hay algunos países avanzados que piensan que los países en desarrollo no pueden absorber esta asistencia, o que no será posible hacerlos rendir cuentas efectivamente, y que los países de más rápido crecimiento en emisiones del mundo deben asumir una mayor responsabilidad.

Conocemos las fallas porque hemos sido prisioneros de ellas durante muchos años. Estas conversaciones internacionales se han llevado a cabo esencialmente durante casi dos décadas, y tenemos muy poco que mostrar por ello, aparte de una aceleración creciente del fenómeno del cambio climático.

Señoras y señores, la humanidad vivió, hace apenas dos años una crisis a escala planetaria sin precedentes: la crisis financiera.

La manera diligente con que se ha enfrentado el colapso del sistema financiero internacional, nos indica aquello que siempre ha estado en boca de los pueblos, de que: «cuando se quiere, se puede».

Para resolver la crisis climática que tenemos de frente queda poco tiempo. Es necesario vencer todos los intereses particulares, todas las resistencias y todos los obstáculos, si queremos ejecutar el Plan de Acción de Bali y dar una respuesta satisfactoria al planeta y la humanidad, necesitamos que con carácter de urgencia se asuman las tareas del desarrollo económico y social de los pueblos afectados por la pobreza, el hambre, las enfermedades, el analfabetismo y los eventos climáticos extremos.

Hoy, señoras y señores, estamos llamados a interponer el interés común por encima del individual, debemos repensar la forma en que nos desarrollamos y cómo nos relacionamos con la Naturaleza. Ningún delegado en esta sala debe refugiarse en los detalles como mecanismo para evadir los compromisos, y este ejercicio de construcción de ciudadanía ambiental responsable debe tener éxito, de lo contrario las futuras generaciones podrían catalogarlo como fallido.

La única esperanza de revertir la actual situación de crisis climática que prevalece en el mundo radica en las decisiones valientes, sabias y oportunas que desde este prestigioso foro mundial podamos proponer y adoptar en la COP16. Los pueblos del mundo aguardan por estas decisiones. Están conscientes que su derecho a una vida digna, honorable y alegre depende de eso. No les defraudemos. Actuemos con justicia, con valentía, con sentido de la historia y con visión de futuro.

Muchas gracias.

Más información sobre el V Foro Latinoamericano y Caribeño de Carbono.