Rafael Alburquerque: soy un eterno optimista, por eso creo en las nuevas generaciones

El doctor Rafael Alburquerque, vicepresidente de la República Dominicana, asisitió como orador invitado en el solemne acto de graduación de más de 1,600 estudiantes de la Universidad del Este en San Juan, Puerto Rico.

En su discurso, que por su importancia publicamos en toda su extensión, el doctor Alburquerque anunció el próximo proyecto de capacitación de oficiales de la Policía Nacional dominicana en materia de justicia criminal, por parte de la Universidad del Este.

Además, afirmó que no existe una jurisdicción que tenga mejores características culturales e idiomáticas que Puerto Rico para servir de puente comercial entre los Estados Unidos y Latinoamérica y enfatizó la necesidad de presentar a Puerto Rico y a República Dominicana como destinos de inversión y actividad comercial.

Concluyó exhortando a los jóvenes a ser los forjadores, en el futuro y también en el presente de un fuerte sentido de dignidad, justicia y responsabilidad.

El coraje de un Presidente y el valor de un pueblo

Ya el presidente Leonel Fernández lo había advertido, a propósito del golpe de Estado en Honduras. No obstante los esfuerzos de la comunidad internacional, fue imposible que don Manuel Zelaya retornara al poder. Ante este fracaso, habría que esperar que los golpistas de siempre intentaran nuevas aventuras contra los Gobiernos electos democráticamente.

Ahora fue Ecuador; pero, felizmente, los conspiradores no se salieron con la suya. Ante la insubordinación de una parte de la Policía, el presidente Rafael Correa respondió con dignidad y coraje. Se enfrentó directamente a los insubordinados y les dijo claramente que mantenía su posición en beneficio de los mejores intereses de su pueblo. “Si quieren, disparen contra mí, quítenme la vida”, dijo con arrojo el presidente ecuatoriano. Fue agredido, recibió bombazos, fue secuestrado por doce horas, pero jamás se rindió.

Mientras tanto, su pueblo se lanzó a la calle, y dijo NO a quienes intentaban destruir la democracia. Con el pueblo en la calle, las fuerzas militares finalmente pudieron en la noche liberar al presidente, quien volvió al Palacio de Gobierno a hablar ante sus compatriotas, y a sostener que prefería mil veces más salir muerto o derrocado antes que someterse a las exigencias de las fuerzas antidemocráticas.

Una jornada de lucha por la democracia, que dice bien del coraje de un presidente y del valor de un pueblo.