El libre comercio: una apuesta a la desigualdad

29100615554_cf094b45cd_k

Foto: Presidencia RD —Flickr

Corría el mes de junio de 1998, cuando la Conferencia Internacional del Trabajo, reunida en Ginebra, congregaba a los representantes de gobiernos, empleadores y trabajadores, para examinar un proyecto que terminaría siendo conocido como la Declaración de los Principios y Derechos Fundamentales de los Trabajadores.

En los intensos debates que se suscitaron, los países altamente industrializados, encabezados por los Estados Unidos, exigían con énfasis el respeto a los derechos de los trabajadores y condiciones dignas de trabajo. Para un observador aguzado –especialmente para un discípulo de Juan Bosch a quien se le ha enseñado que, en política, siempre es más importante lo que no se ve, lo que se esconde bajo las apariencias de buenas intenciones– resultaba extraño que una nación como los Estados Unidos que no había ratificado los convenios de la OIT sobre libertad sindical y negociación colectiva se erigiera, de pronto, en adalid de la causa de los trabajadores. La expresión de uno de los ardorosos defensores del proletariado, si se me permite la ironía, vino a develar el misterio: “era necesario impedir el dumping social”. Continuar leyendo

Crónica sobre Ecuador

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Fotos escénicas de Quito: Magnus von Koeller y Scipio – Flickr.

No hubo mayores sobresaltos en los resultados del proceso electoral ecuatoriano. El presidente, Rafael Correa, alcanzó la cota del 56% de los votos válidos, en tanto que Guillermo Lasso, el candidato que ocupó el segundo lugar en la justa sólo logró un 22%. Ante una oposición fraccionada en siete organizaciones, sostenía Participación Ciudadana del Ecuador, sus votos se dividirían y la reelección del mandatario estaba asegurada en una primera vuelta, pues si no llegaba al cincuenta por ciento más uno, obtendría más del cuarenta y le llevaría más de diez puntos a su rival más cercano, fórmula constitucional que en el peor de los escenarios le aseguraría la victoria.

Como Jefe de los Observadores de la Organización de Estados Americanos (OEA), con un equipo de base compuesto por técnicos y con cincuenta y un observadores presentes en diecisiete de las provincias de Ecuador, estuvimos en ese país durante los diez días que precedieron al domingo 17 de febrero.
Continuar leyendo

El coraje de un Presidente y el valor de un pueblo

Ya el presidente Leonel Fernández lo había advertido, a propósito del golpe de Estado en Honduras. No obstante los esfuerzos de la comunidad internacional, fue imposible que don Manuel Zelaya retornara al poder. Ante este fracaso, habría que esperar que los golpistas de siempre intentaran nuevas aventuras contra los Gobiernos electos democráticamente.

Ahora fue Ecuador; pero, felizmente, los conspiradores no se salieron con la suya. Ante la insubordinación de una parte de la Policía, el presidente Rafael Correa respondió con dignidad y coraje. Se enfrentó directamente a los insubordinados y les dijo claramente que mantenía su posición en beneficio de los mejores intereses de su pueblo. “Si quieren, disparen contra mí, quítenme la vida”, dijo con arrojo el presidente ecuatoriano. Fue agredido, recibió bombazos, fue secuestrado por doce horas, pero jamás se rindió.

Mientras tanto, su pueblo se lanzó a la calle, y dijo NO a quienes intentaban destruir la democracia. Con el pueblo en la calle, las fuerzas militares finalmente pudieron en la noche liberar al presidente, quien volvió al Palacio de Gobierno a hablar ante sus compatriotas, y a sostener que prefería mil veces más salir muerto o derrocado antes que someterse a las exigencias de las fuerzas antidemocráticas.

Una jornada de lucha por la democracia, que dice bien del coraje de un presidente y del valor de un pueblo.