El libre comercio: una apuesta a la desigualdad

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Foto: Presidencia RD —Flickr

Corría el mes de junio de 1998, cuando la Conferencia Internacional del Trabajo, reunida en Ginebra, congregaba a los representantes de gobiernos, empleadores y trabajadores, para examinar un proyecto que terminaría siendo conocido como la Declaración de los Principios y Derechos Fundamentales de los Trabajadores.

En los intensos debates que se suscitaron, los países altamente industrializados, encabezados por los Estados Unidos, exigían con énfasis el respeto a los derechos de los trabajadores y condiciones dignas de trabajo. Para un observador aguzado –especialmente para un discípulo de Juan Bosch a quien se le ha enseñado que, en política, siempre es más importante lo que no se ve, lo que se esconde bajo las apariencias de buenas intenciones– resultaba extraño que una nación como los Estados Unidos que no había ratificado los convenios de la OIT sobre libertad sindical y negociación colectiva se erigiera, de pronto, en adalid de la causa de los trabajadores. La expresión de uno de los ardorosos defensores del proletariado, si se me permite la ironía, vino a develar el misterio: “era necesario impedir el dumping social”. Continuar leyendo

Mis primeras impresiones de la 101a. reunión de la OIT

El pasado 30 de mayo fui elegido como presidente de la 101a. Conferencia Internacional del Trabajo, que es la asamblea general de la Organización Internacional del Trabajo —OIT, que se celebra cada año en el mes de junio en la ciudad de Ginebra, Suiza.

Para mí –que desde mi graduación como abogado he estado estrechamente vinculado al Derecho del Trabajo y que en el pasado he servido como funcionario de la OIT– se trata de un reconocimiento del mundo del trabajo, que recibo con humildad y que aprecio como un galardón conferido al Gobierno dominicano por su rol desempeñado en la política internacional.

Aquí, en las oficinas de la OIT me he desempeñado como presidente de su Comisión Técnica en la Conferencia Internacional de 1999, representante de su director general para la colaboración con Colombia en el 2000 y miembro de su comisión de expertos desde 2001 hasta que asumí la vicepresidencia de la República Dominicana, en agosto de 2004.

Desde el año 2000, cuando dejé el Ministerio de Trabajo, no había vuelto a La Casa, como se conocen las oficinas de la OIT. Ya la mayoría de los funcionarios con los que hice amistad en mis viajes a Ginebra entre 1991 y 2000, presidiendo la delegación dominicana, se han marchado, ya que por razones de edad han sido puestos en retiro. Ahora he encontrado en las altas posiciones a los jóvenes que en el pasado ocupaban mandos medios.

El Director General, Juan Somavía, chileno, elegido en 1999 con el apoyo entusiasta del grupo latinoamericano, permaneció en sus funciones durante trece años: dos mandatos de cinco años y un último de tres, pues acaba de presentar su renuncia. Esto dio paso a la elección de un nuevo Director General, efectuada el pasado 29 de mayo, resultando electo el señor Guz Ryder, actual Director de Normas de la OIT y en el pasado dirigente de los trabajadores. Como tal, conocí a este inglés en el decenio de los noventa, cuando asistía a la Conferencia como jefe del sector de los asalariados, y quien tenía en su hoja de servicios haber logrado la unificación de las dos centrales sindicales que surgieron después de la Segunda Guerra Mundial: la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres, de orientación socialdemócrata; y la Confederación Mundial del Trabajo, de tendencia democratacristiana.

La Conferencia de este año trata de temas de vital importancia, como son el desempleo juvenil, que es un tema crítico en todas partes del mundo; el piso de protección social, en busca de una seguridad social de garantías mínimas para la universalidad de los trabajadores, incluyendo los del sector fundamental; y el de los principios y derechos fundamentales en el trabajo en estos momentos de crisis mundial financiera y económica.

Como presidente de la Conferencia debo dirigir los debates de las sesiones plenarias, recibir delegaciones, ofrecer la bienvenida y dialogar con los Jefes de Estado que comparecen, como son los señores Moncef Maryouki, presidente de Túnez; Ollanta Humala, de Perú; Michel Chilufza, de Zambia; Ricardo Martinelli, de Panamá; y Giorgio Napolitano, de Italia. También debo estar pendiente del trabajo de las diversas comisiones y tratar de mediar y lograr un avenimiento cuando surgen diferencias entre los sectores de empleadores y trabajadores.

Los trabajos de la Conferencia son arduos y delicados, pero me cabe la satisfacción de haber sido apoyado por los 184 Estados miembros de la Organización y de que cada día en esta labor de conducción recibo el respaldo de sus delegados y de todo el personal de la Oficina. Y, no menos importante, de que en esta época de crisis, la OIT siga siendo un instrumento de defensa de los principios y derechos fundamentales de los trabajadores.

Rafael Alburquerque preside la 101.a reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo

Palabras del doctor Rafael Alburquerque al tomar posesión de la presidencia de la 101.a reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo, que se celebra en Ginebra, Suiza, del 30 de mayo al 15 de junio de 2012.

El doctor Alburquerque fue presentado por el Embajador de Sudán ante la OIT, quien destacó los méritos alcanzados por el vicepresidente dominicano en el ámbito del Derecho del Trabajo, como su participación en la comisión de expertos de la OIT, como Académico de Número de la Academia Iberoamericana de Derecho de Trabajo y de la Seguridad Social y en la actividad docente, lo cual afirmó que lo sitúa como uno de los mejores tratadistas y jurisconsultos del mundo en materia laboral.

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Reconocimiento de la OIT al Vicepresidente Alburquerque

A las madres dominicanas

Las madres son capaces de cosas que nadie más puede hacer. Y es que tienen una reserva de fuerza para avanzar, para resistir a diario; tantas de ellas, en nuestro país, madre y padre a la vez.

Se levantan antes que el sol y son incapaces de dormir hasta que sus hijos están de vuelta en casa y han cenado, no importa si el hijo ya es un hombre y no importa la hora. Dejan de comer para que sus hijos coman, dejan de comprarse ropa para vestirlos a ellos; cumplen, como si nada, jornadas de hasta 16 horas todos los días y cuando un hijo se enferma, las horas se vuelven 24, 48 o las que hagan falta.

Nunca he conocido a una madre arrepentida de haber sido madre. Muchos piensan que serlo es un sacrificio. No lo es para ellas. A menudo se consideran bien pagadas con una sonrisa, un abrazo, un beso. El amor por sus hijos es la fuente donde se alimenta la fuerza que probablemente sea la más grande del universo.

Muchas felicidades a todas las madres dominicanas en su día. Sin ustedes no habría hombres y mujeres dispuestos y capaces hacer que nuestro país avance. Sin ustedes no habría Patria.

Primero de Mayo, Día Internacional del Trabajo

Hoy domingo 1 de mayo se celebra el Día Internacional del Trabajo, acordado así por la Segunda Internacional Socialista en congreso celebrado en 1889. Esta decisión tuvo por finalidad recordar a los mártires de Chicago, obreros norteamericanos que en lucha por la consecución de la jornada laboral de ocho horas ese día fueron brutalmente masacrados y ejecutados por las fuerzas del orden público.

En todo el mundo los obreros celebran este día, y lo hacen con marchas, manifestaciones, conciertos populares y desfiles. Curiosamente, sólo en los Estados Unidos no se recuerda esta fecha. Allí, en Haymarket, la plaza donde tuvieron lugar los trágicos sucesos, se encuentra una estatua con la figura de un agente policial, y una placa que recuerda “a los heroicos agentes” que pusieron fin a la sublevación anarquista.

Los finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX registraron continuas luchas de los obreros por mejorar sus condiciones de vida y de trabajo. Jornadas extenuantes de más de doce horas al día, mineros que nacieron y murieron en las cavernas sin haber visto la luz del sol en toda su vida, tareas sin vacaciones ni descanso semanal, salarios insignificantes, condujeron al proletario a organizarse para luchar por reivindicaciones que mitigaran la explotación a la que estaban sometidos.

Fue en 1919, terminada la Primera Guerra Mundial, cuando se logró con el Tratado de Versailles, que las clases gobernantes europeas reconocieron los derechos básicos de los trabajadores, naciendo así el Derecho del Trabajo.

Aunque en el país se promulgaron las primeras leyes del trabajo en los años 30 y luego se conocieron la ley sobre contratos de trabajo (1946) y el Código de Trabajo (1951), no fue hasta después de terminada la tiranía de Trujillo cuando real y efectivamente se organizó el movimiento sindical. Cierto que hubo huelgas bajo la dictadura, como las de San Pedro de Macorís y La Romana en los años 40, pero la estructura del sindicato de empresa, la libre negociación colectiva y las paralizaciones de laborales aceptadas y protegidas por la Ley sólo alcanzaron su plenitud una vez recobrada la libertad.

Desde entonces, son muchas las conquistas logradas por el movimiento sindical dominicano, que en 1991 concertó con los empresarios un nuevo Código de Trabajo, que rige actualmente las relaciones laborales. La concertación social se ha abierto paso y en la Constitución se consagran los derechos fundamentales de los trabajadores.

Saludamos este 1 de mayo. Estamos conscientes de que deben continuar los esfuerzos para fortalecer y consolidar dichos derechos fundamentales y esenciales, tal como lo proclama la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Congratulamos a los trabajadores dominicanos en su día. El viernes tuvimos la ocasión de hacerlo con la dirigencia sindical en un brindis que les ofrecimos en el Palacio Nacional, en donde les hicimos entrega de un decreto a través del cual se pensionó a quince viejos asalariados con una pensión especial.

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Saludamos a los trabajadores y trabajadoras en su día