Prendas de don Rafael Alburquerque Zayas-Bazán en el Museo de la Resistencia

Como homenaje a quienes entregaron sus vidas para establecer en nuestro país un estado de derecho, el Museo Memorial de la Resistencia Dominicana –MMRD dedicó su “Pieza del Mes” a don Rafael Alburquerque Zayas-Bazán (1908-204). Dos de sus prendas personales: una medalla al Mérito, otorgada por el Ayuntamiento del Distrito Nacional, y un anillo del Movimiento 14 de Junio; estarán en exhibición hasta el 25 de septiembre en el área de recepción del museo.

En la apertura de la ceremonia, doña Luisa de Peña, directora del MMRD, explicó a los asistentes la importancia de “la Pieza del Mes”, como herramienta para dar a conocer a la sociedad un poco más de las vidas de estos héroes que tejieron con sus acciones la historia democrática de la República Dominicana. A seguidas, esbozó una breve reseña biográfica de don Rafael Alburquerque Zayas-Bazán, don Chichí para sus amigos.

A continuación, Sor Emma Alburquerque, hija de don Chichí, compartió con los presentes algunas memorias sobre su padre, tan personales como emotivas, y luego cedió la palabra a su hermano, el doctor Rafael Alburquerque de Castro. El exvicepresidente de la República, luego de agradecer al museo por la distinción a su familia, hilvanó varias anécdotas que vivió junto a don Chichí, presentando a los asistentes a la ceremonia un retrato como sólo la cercanía y la calidez de un hijo que comparte los ideales paternos puede delinear.

Don Rafael Alburquerque Zayas-Bazán fue uno de los tantos profesionales perseguidos y torturados por oponerse al régimen trujillista. Su férrea oposición a la dictadura le costó varias veces la cárcel, pero esto nunca lo hizo retroceder en su lucha en favor del pueblo dominicano.

Como abogado, rechazó todos los puestos en el Estado que el déspota le ofrecía a través de distintos emisarios, a fin de que desistiera de su lucha contra el régimen. Don Chichí, a pesar de no tener empleo (Trujillo también se había encargado de eso, despojándolo de su exequátur) y de necesitar mantener a su familia, nunca se doblegó en su negativa a formar parte de la sangrienta dictadura. En 1952 fue condenado a seis meses de prisión por “ofensas” al jefe del Estado, cumpliendo su condena en la Fortaleza Ozama. En 1960, como miembro del Movimiento 14 de Junio, fue detenido y posteriormente condenado a 30 años de trabajo forzoso. Fue llevado a La 40, donde fue torturado y luego trasladado a la cárcel La Victoria. Allí permaneció hasta marzo de ese año cuando en un juicio fue descargado junto a 10 de sus compañeros.

Nunca se le oyó pronunciar una sola palabra de alabanza u homenaje al Tirano; no colgó jamás en su hogar la denigrante tablilla que rezaba “En esta casa, Trujillo es el jefe” y se negó siempre a visitar los locales del Partido Dominicano. Estas actitudes, que podrían sonar nimias en un estado de derecho como en el que hoy vivimos los dominicanos, se consideraban signos de rebelión extrema durante la tiranía; suficientes para costarle persecución, hostigamiento y cárcel a quienes osaban así ser consecuentes con sus principios. Don Chichí participó activamente, además, en los movimientos que estallaron en 1946 en repudio y condena a la dictadura.

Como dijera el historiador Roberto Cassá, Rafael Alburquerque Zayas-Bazán

debe ser, ante todo, ponderado como un ciudadano íntegro, que asumió todas las penalidades y todos los riesgos que entrañaba una oposición inconmovible a la tiranía trujillista.”

Don Chichí mantuvo su rebeldía hasta el día del ajusticiamiento del sátrapa, tras lo cual le escucharon exclamar:

¡Valió la pena el sacrificio: la República Dominicana conocerá ahora la libertad!.

A la ceremonia, además de los hijos de don Chichí, Sor Emma y Rafael, les acompañaron doña Martha Montes de Oca de Alburquerque, junto a sus hijas, yernos y nietos; el presidente de la Suprema Corte de Justicia, Mariano Germán; el historiador Juan Daniel Balcácer, el Gerente General del Consejo Nacional de Seguridad Social José Rafael Pérez Modesto, así como otras personalidades, miembros del museo y amigos de la familia Alburquerque.

Reconocimiento eterno a la Raza Inmortal

Manolo

Un nuevo aniversario del 14 de junio. Bajo el peso de la tiranía, cuando más nos ahogaba la opresión y sentíamos la impotencia ante el Déspota, una mañana muy temprano, año de 1959, desde las ondas radiales de una estación de la hermana isla de Cuba, recibíamos la noticia de que una expedición de patriotas llegaba a nuestra tierra para luchar contra el régimen oprobioso de Trujillo.

Los combatientes que arribaron a Constanza y unos días más tarde a Maimón y Estero Hondo fracasaron en su esfuerzo; fueron torturados y asesinados; sus armas fueron silenciadas; pero, sembraron la semilla de la libertad, que germinaría y daría sus frutos en muy poco tiempo.

En efecto, ya para enero de 1960 surgió el grito de rebeldía en nuestro propio suelo. Cientos de jóvenes y unos cuantos de edad madura, encabezados por Manolo Tavares y Minerva Mirabal crearon un movimiento de resistencia, que aunque develado y sofocado por la dictadura, diría a América y al mundo que había resistencia en la República Dominicana.

La Tiranía se desplomaría en el año de 1961, pero no hay dudas de que fue en ese 14 de junio de 1959 cuando se inició el camino de su extinción. A esos héroes y mártires les debemos la democracia; a ellos, que supieron insuflar la protesta y la rebelión, el reconocimiento eterno de un pueblo agradecido.

Galeano y el fin del Generalísimo y de dos de sus colegas

Y mientras las grandes potencias competían en el más allá, en el más acá comenzaba la guerra civil de el Líbano, Argelia ardía, se incendiaba Francia y el general De Gaulle alzaba sus dos metros de altura sobre las llamas y prometía la salvación. En Cuba fracasaba la huelga general de Fidel Castro contra la dictadura de Fulgencio Batista […] y en Haití morían los rebeldes que se habían alzado al asalto del palacio donde Papá Doc Duvalier reinaba rodeado de brujos y verdugos. Eduardo Galeano, El Mundial del 58

François Duvalier, Papá Doc, subió al poder en Haití mediante legítimas elecciones; que abandonara el poder, ya era otra cosa. En 1959, inspirado por los camisas negras del fascismo italiano, creó a los Tonton Macoute. No les pagaba, pero tenían carta blanca para “autofinanciarse”, lo que hacían mediante el crimen y de la extorsión. Modificó la Constitución para reelegirse en 1961: obtuvo 1 millón 300 mil votos a su favor y ninguno en contra. Tres años más tarde se autoproclamó Presidente vitalicio de un gobierno brutal y represivo; a sus adversarios afortunados, los expulsó del país; más de 30 mil que no tuvieron tal suerte, fueron asesinados. Con el terror de su lado, mantuvo a Haití bajo su control absoluto hasta su muerte, en 1971. Y aunque lo convirtió en el país más pobre de América, era visto como una especie de dios por sus partidarios. Su hijo Jean-Claude pasó a ser Presidente vitalicio a los 19 años de edad. Al ser derrocado, el cuerpo de Papá Doc fue desenterrado, decapitado y quemado por una multitud que esperó quince años para hacer justicia.

Antes de que los marines lo hicieran general y mandamás de Nicaragua, Tacho Somoza se dedicaba a falsificar monedas de oro y a ganar con trampas en el poker y el amor. Desde que tiene todo el poder, el asesino de Sandino ha convertido el presupuesto nacional en su cuenta personal y se ha hecho dueño de las mejores tierras del país. Ha liquidado a sus enemigos tibios disparándoles préstamos del Banco Nacional. Sus enemigos calientes han acabado en accidente o emboscada. La visita de Somoza a los Estados Unidos no es menos triunfal que la de Trujillo. El presidente Roosevelt acude, con varios ministros, a darle la bienvenida en la Union Station. Una banda militar interpreta los himnos y suenan cañonazos y discursos. Eduardo Galeano, El siglo del Viento

Anastasio Somoza García fue ajusticiado por un poeta. El 21 de septiembre de 1956 Rigoberto López Pérez se vistió de pantalón azul y guayabera blanca, los colores de su bandera, y se infiltró en un fiesta en La Casa del Obrero de León a la que asistiría Somoza. Los testigos dicen que se acercó bailando por el centro de la pista hasta quedar a unos cinco metros del tirano, sacó el arma e hizo cinco disparos hacia el bajo abdomen de Somoza, para alcanzarlo fuera del chaleco antibalas. Entonces un cabo le dio un culatazo salvaje a Rigoberto y de inmediato los agentes de seguridad le descargaron 54 tiros de de Colt y Thompson. El cadáver del poeta fue arrastrado a la calle, tirado en un jeep, llevado al comando de León, y de ahí a Managua, donde se perdió para siempre su rastro. Una oleada de represión sin precedentes no se hizo esperar.

En el año 6 de la Era de Trujillo se corrige el nombre de la capital de la República Dominicana. Santo Domingo, así bautizada por sus fundadores, pasa a llamarse Ciudad Trujillo. También el puerto se llama ahora Trujillo y Trujillo se llaman muchos pueblos y plazas y mercados y avenidas. Desde Ciudad Trujillo, el generalísimo Rafael Leónidas Trujillo hace llegar al generalísimo Francisco Franco su más fervorosa adhesión. Trujillo, incansable azote de rojos y de herejes, ha nacido, como Anastasio Somoza, de la ocupación militar norteamericana. Su natural modestia no le impide aceptar que su nombre figure en las placas de todos los automóviles y su efigie en todos los sellos de correo. No se ha opuesto a que se otorgue a su hijo Ramfis, de tres años de edad, el grado de coronel, por tratarse de un acto de estricta justicia. Su sentido de la responsabilidad lo obliga a designar personalmente ministros y porteros, obispos y reinas de belleza. Para estimular el espíritu de empresa, Trujillo otorga a Trujillo el monopolio de la sal, el tabaco, el aceite, el cemento, la harina y los fósforos. En defensa de la salud pública, Trujillo clausura los comercios que no venden carne de los mataderos de Trujillo o leche de sus tambos; y por razones de seguridad pública hace obligatorias las pólizas que Trujillo vende. Apretando con mano firme el timón del progreso, Trujillo exonera de impuestos a las empresas de Trujillo y proporciona riego y caminos a sus tierras y clientes a sus fábricas. Por orden de Trujillo, dueño de la fábrica de zapatos, marcha preso quien osa pisar descalzo las calles de cualquier pueblo o ciudad. Tiene voz de pito el todopoderoso, pero él no discute nunca. En la cena alza la copa y brinda con el gobernador o diputado que después del café irá a parar al cementerio. Cuando una tierra le interesa, no la compra: la ocupa. Cuando una mujer le gusta, no la seduce: la señala.

En el año 31 de la Era de Trujillo […] con mano desdeñosa tacha algunos nombres, hombres y mujeres que no amanecerán, mientras los torturadores arrancan nuevos nombres a los presos que aúllan en la fortaleza de Ozama. Las listas inspiran a Trujillo tristes reflexiones. A la cabeza de los conspiradores figuran el embajador de los Estados Unidos y el arzobispo primado de las Indias, que hasta ayer nomás compartían su gobierno. El Imperio y la Iglesia reniegan ahora del hijo tan fiel, que se ha vuelto impresentable a los ojos del mundo, y escupen su mano pródiga. Mucho duele tamaña ingratitud al autor del desarrollo capitalista de la República Dominicana. Y sin embargo, entre todas las condecoraciones que le cuelgan del pecho y la barriga y las paredes, Trujillo sigue prefiriendo la Gran Cruz de la Orden de San Gregorio Magno, que le otorgó el Vaticano, y la medallita que hace muchos años recompensó sus servicios a la Infantería de Marina de los Estados Unidos. Hasta la muerte será Centinela de Occidente, a pesar de todos los pesares, el hombre que ha sido oficialmente llamado Benefactor de la Patria, Salvador de la Patria, Padre de la Patria, Restaurador de la Independencia Financiera, Campeón de la Paz Mundial, Protector de la Cultura, Primer Anticomunista de las Américas, Líder Egregio, Ilustrísimo y Generalísimo.

El difuntísimo deja en herencia todo un país, además de nueve mil seiscientas corbatas, dos mil trajes, trescientos cincuenta uniformes y seiscientos pares de zapatos en sus armarios de Santo Domingo y quinientos treinta millones de dólares en sus cuentas
privadas de Suiza. Rafael Leónidas Trujillo ha caído en emboscada, acribillado en su automóvil. Su hijo Ramfis, vuela desde París para hacerse cargo del legado, el entierro y la venganza. Eduardo Galeano, El siglo del Viento

Hoy se conmemora el 51 aniversario del ajusticiamiento del dictador, fruto de una conspiración tramada en el seno de varias influyentes familias dominicanas y de cuyos seis protagonistas directos, sólo uno sobrevivió.

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Nunca más

Hoy 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer. Ha sido un mandato de las Naciones Unidas que lo ha dispuesto, y ha escogido este día porque en una fecha como hoy, ya hace cincuenta y un años, fueron brutalmente asesinadas Minerva, Patria y María Teresa Mirabal.

Las hermanas Mirabal murieron, junto con el chofer que las conducía, en la carretera de Puerto Plata, a donde habían ido a visitar a sus esposos, presos por orden de la tiranía de Trujillo. Masacradas a palos por los esbirros del régimen despótico y lanzadas a un barranco para simular un accidente, su fallecimiento marcó el inicio del fin de la oprobiosa dictadura que durante treinta y un años conculcó los derechos fundamentales del pueblo dominicano.

La violencia ejercida contra las Hermanas Mirabal un 25 de noviembre es el hecho que recuerda las Naciones Unidas para exigir el respeto a la mujer, madre y esposa, niña y adolescente, maltratada y abusada a menudo por una sociedad forjada en un machismo que hoy en día ya no debe tener cabida alguna en nuestra civilización.

Abuso sexual, maltrato físico en el hogar, abandono de la convivencia, sevicias e injurias graves, homicidios, son reportados frecuentemente en los medios de comunicación que dan cuenta de una violencia que debemos denunciar y detener.

Se trata de un deber y una responsabilidad de todos; de las autoridades que en estos momentos gobernamos el país, pero también de cada integrante de la sociedad, comenzando por repudiar y condenar acciones que riñen con los valores morales que deben orientar e imperar en una sociedad del siglo XXI.

El Ministerio Público inició desde hace ya varios años un programa extenso de prevención, persecución y protección en aras de disminuir la violencia intrafamiliar y en perjuicio de la mujer. Por su parte, el Congreso Nacional conoce en estos momentos el proyecto de Código Penal que establecerá sanciones rigurosas por los delitos contra la mujer.

El Ministerio de la Mujer también ejecuta planes conducentes a lograr una colectividad más justa e, inclusive, en la que desaparezcan de una vez por todas las diferencias de género y se destierre la violencia que lesiona a la mujer.

Actuemos pues, en consonancia, en la dirección apuntada para que más temprano que tarde podamos decir que en la República Dominicana, nunca más habrá de repetirse la barbarie consumada contra las Mirabal y que esa acción deleznable sea un acicate para que cada día nos esforcemos en detener la violencia contra la mujer.

Once de septiembre

Hoy recordamos dos hechos oscuros en la historia de nuestro Continente.

El más reciente fue el atentado terrorista contra el World Trade Center, hace 10 años, en el que murieron tres 3000, civiles y desarmadas. 47 eran dominicanos, al menos tres de ellos perecieron intentando salvar otras vidas. Este hecho de barbarie fue, entre muchas otras cosas, un intento de colapsar cosas mucho más altas que las Torres Gemelas, como la Paz, la confianza en el prójimo y los derechos humanos. El terror generalizado crea las condiciones perfectas para que los valores que sostienen un Estado de derecho se lesionen hasta el punto de desaparecer.

El “otro” 11 de septiembre ocurrió en 1973, en Chile. Allí, aquellos a quienes el presidente Allende en sus últimas palabras llamara “generales rastreros”, rompieron una tradición de un siglo y medio de democracia. Con la muerte de Salvador Allende, primer gobernante socialista de la historia en ser elevado constitucionalmente a la primera magistratura de un Estado a través de una elección democrática, el terror se hizo cargo de la sociedad durante diecisiete largos años. A diferencia del atentado en Nueva York –como ocurrió en nuestro país con Trujillo, como ocurre con todas las dictaduras– el terror fue institucionalizado. La barbarie tomó el nombre de régimen militar, mientras el Estado de derecho, la libertad, la Justicia y los derechos humanos se convertían en sueños imposibles para millones de chilenos, tanto en la Patria como en el exilio.

Se podría discutir en determinados ámbitos si el gobierno de Salvador Allende fue bueno o no. Podría discutirse a quién benefició, podrían discutirse su orientación política, sus aciertos y sus desaciertos. Lo que está fuera de toda posible discusión es que fue un gobierno constitucional, elegido voto a voto por su pueblo.

El poder otorgado por los pueblos es sagrado. Y más temprano que tarde, como afirmara el propio presidente Allende, se abren las grandes alamedas por donde caminan los hombres y mujeres libres, en cualquier patria, para construir una sociedad mejor. El terror, la traición, la vileza, e incluso la muerte, son transitorias. La Libertad, la Verdad, la Dignidad, la Justicia y el Ejemplo, prevalecen.