Minerva, Patria y María Teresa: cincuenta años

Hoy se cumplen cincuenta años del alevoso y brutal asesinato de las hermanas Mirabal. Fue un 25 de noviembre del año 1960. Año terrible para el pueblo dominicano pero, al mismo tiempo; año en que comenzó el fin de la tiranía, que finalmente cayó abatida el 30 de mayo de 1961.

En junio de 1959 llegaron los bravos soldados de la libertad. Constanza, primero; días después, Estero Hondo y Maimón. Cierto que en pocas semanas las fuerzas despóticas habían masacrado a los valerosos expedicionarios, pero su sacrificio y coraje despertaron los más nobles valores de nuestro pueblo, conduciendo a una resistencia interna que muy pronto se manifestaría en contra del tirano, mediante panfletos lanzados en la plaza pública y en las aulas universitarias, y por conducto de una organización conspirativa que llevaría el nombre de 14 de Junio.

En enero de 1960 miles de dominicanos fueron a la cárcel. La conspiración había sido develada por los esbirros de la tiranía. Minerva, Patria y María Teresa fueron arrestadas. También Manolo Tavárez Justo, esposo de Minerva y líder del movimiento. El clamor popular se hizo sentir con fuerza. La protesta callada, pero firme, se respiraba en el aire. Por primera vez en treinta años de postración el pueblo se indignaba contra el sátrapa, y familiares de los apresados cantaban a viva voz el Himno Nacional a las puertas del Palacio de Justicia de Ciudad Nueva. El gobierno del tirano se vio forzado a ir dejando poco a poco en libertad a los detenidos.

La tiranía estaba ya herida de muerte y entró en un proceso degenerativo de locura. En junio de ese año 1960 Trujillo atentó contra el presidente venezolano Rómulo Betancourt, en un hecho que casi le costó la vida al mandatario de Venezuela. El país fue sancionado por la Organización de Estados Americanos y todos los países de América rompieron sus relaciones diplomáticas y comerciales con la República Dominicana.

Cinco meses después, un 25 de noviembre, caían destrozadas, asesinadas salvajemente, las heroicas hermanas Mirabal. Habían viajado a Puerto Plata a visitar en la cárcel a sus maridos, todavía detenidos por el complot del 14 de junio. Junto con ellas, un humilde hombre de pueblo, Rufino de la Cruz, su chofer, también era asesinado.

Pero el tirano se equivocaba. Las hermanas Mirabal no morirían. Cincuenta años después siguen vivas en el corazón del pueblo dominicano. Y en todo el mundo, ese 25 de noviembre ha sido declarado por las Naciones Unidas como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Su abnegación, su lucha, su amor por la libertad, no fue en vano. ¡Loor a Minerva, Patria y María Teresa Mirabal!

Por la eliminación de la violencia contra la mujer

El 25 de noviembre de 1960, Patria, Minerva y María Teresa Mirabal fueron asesinadas a palos, por órdenes del tirano Rafael Leonidas Trujillo. Desde 1981, a raíz del Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe realizado en Bogotá, en Latinoamérica se comenzó a observar ese día para conmemorar las vidas de las Mariposas y promover acciones para erradicar la violencia de género.

Doce años más tarde, en 1993, se produjo la declaración internacional más completa, en cuanto a política internacional: la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en la que “violencia contra la mujer” se definió como:

todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la prohibición arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vía pública o en la vía privada.

Así, a solicitud de la República Dominicana, y con el apoyo de delegaciones de otros 60 países, la Asamblea General de las Naciones Unidas en su Resolución 50/134 del 17 de diciembre de 1999 declaró finalmente el 25 de noviembre como Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Con el inicio de este mes de noviembre, en el que se conmemora el quincuagésimo aniversario de la muerte de nuestras hermanas Mirabal, es oportuno reconocer, una vez más, la magnitud de este problema de carácter individual, familiar y social, que en todo el mundo causa más muertes y discapacidad de mujeres y niñas que el cáncer, la malaria, los accidentes de tráfico y las guerras combinados.

Frente al cambio climático: Adaptación, mitigación, transparencia y financiamiento

Ayer concluyó en Santo Domingo el V Foro Latinoamericano y Caribeño de Carbono. Se trata del evento internacional de mayor importancia, y el principal espacio hemisférico para negociaciones que marquen nuevos rumbos en las estrategias y medidas para reducir el efecto invernadero en el planeta. El evento fue organizado por la Comisión Nacional de Cambio Climático, en coordinación con el Banco Mundial, la Asociación Internacional de Comercio de Emisiones (IETA), la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE), el Centro Riso del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (URC), el Banco Interamericano de Desarrollo y la Conferencia de las Naciones Unidas Sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). A continuación, transcribimos el discurso del vicepresidente de la República, doctor Rafael Alburquerque, durante la apertura del Foro.

Señoras y Señores:

Es un honor para mí participar en este prestigioso foro y sumarme al distinguido grupo de líderes de las naciones que lo integran. Nos congregamos aquí en Santo Domingo porque el cambio climático representa un grave y creciente peligro para nuestros pueblos. No estarían hoy aquí si no estuvieran convencidos, como yo, de que este peligro es real. Es ciencia, no ficción. El cambio climático desenfrenado representa la mayor amenaza de la humanidad en el siglo XXI, y un peligro inaceptable para nuestra sobrevivencia, nuestras economías y nuestro planeta. De eso estamos muy conscientes.

Entonces, la interrogante que se nos presenta ya no es el carácter del desafío: es nuestra capacidad de hacerle frente. Si bien la realidad del cambio climático no está en duda, nuestra capacidad de tomar medidas colectivas sí lo está, y depende de ella.

La comunidad internacional tiene 15 años debatiendo la problemática del cambio climático en el ámbito de las Naciones Unidas para avanzar en la concertación de un acuerdo climático justo y equitativo, con cuyos resultados estemos conformes todos, países desarrollados y en vía de desarrollo, ricos y pobres, pero, sobre todo, resultados orientados a la defensa de la vida y los medios que la sustentan.

Nuestra delegación participa en el proceso de negociación llena de entusiasmo y deseos de cooperación como firme defensora del principio de responsabilidad común pero diferenciada. Estuvo en Copenhague el pasado año y estará en Cancún en la COP16 este año, no para señalar culpables, pues estamos conscientes que somos los herederos de los errores que otros cometieron en el pasado. No obstante, entendemos que llegó la hora de reparar y compensar. La forma en que hemos organizado el desarrollo humano ha demostrado ser ineficiente; definitivamente no es equitativo y terminará afectándonos a todos, pero con mayor impacto a los países más vulnerables, como la República Dominicana.

Para avanzar en el proceso de negociación y llegar a un consenso con respecto al nuevo régimen climático pos 2012, debemos adoptar una serie de medidas estratégicas.

En primer lugar, las principales economías deben presentar propuestas nacionales decisivas, que reduzcan sus emisiones y comenzar a revertir la situación con respecto al cambio climático. Nos complace que muchos países desarrollados ya han presentado sus metas de reducción de emisiones. Pero no ha sido suficiente para alcanzar el necesario 25% de reducción de emisiones a partir de 2012, como lo establece el IPCC. Necesitamos alcanzar objetivos significativos, objetivos ambiciosos. Y estoy seguro de que el mundo desarrollado cumplirá la promesa de reducir sus emisiones en más de un 80 por ciento para el 2050, conforme a lo establecido por la ciencia.

En segundo lugar, debemos tener un mecanismo bajo la Convención para vigilar el cumplimiento con lo prometido y compartir esta información de manera transparente. Estas medidas no deben interferir ni atentar contra la soberanía de ningún país, por grande o pequeña que sea su economía. Sin embargo, deben garantizar que el convenio sea digno de crédito y que cumplamos con nuestras obligaciones, pues sin ese grado de responsabilidad, todo acuerdo sería palabras vanas en papel.

No sé cómo se logra un acuerdo internacional en el que todos no compartamos información y garanticemos el cumplimiento de nuestros compromisos. No tiene sentido. No sería una victoria de la humanidad.

En tercer lugar, debemos tener financiamiento que ayude a los países en desarrollo, particularmente a los menos desarrollados y más vulnerables, a adaptarse al cambio climático. A partir de Copenhague se creó un mecanismo de financiación de inicio-rápido (fast-start funding), que otorgaría hasta $10,000 millones en el 2012. Con posibilidades mediante un esfuerzo mundial para movilizar $100,000 millones en financiamiento para el 2020, hasta el momento el mundo en desarrollo no ha visto los «desembolsos rápidos». Es cada vez más urgente la adaptación a los efectos del cambio climático. La manera inteligente en que nos adecuemos a estos nuevos tiempos e impactos marcará el éxito de sobrevivencia de nuestras sociedades, ecosistemas y especies, a través de la adaptación obligada.

Adaptación, Mitigación, Transparencia y financiamiento. Es una fórmula clara; una que se ciñe al principio de soluciones colectivas, pero con respuestas y capacidades diferenciadas. Y constituyen un acuerdo significativo, uno que nos lleva más lejos de lo que hasta ahora hemos llegado como comunidad internacional.

Solo quiero decirles que se nos está acabando el tiempo. Estamos seguros que muchos consideran que esta fórmula que he descrito es imperfecta. Ningún país logrará todo lo que desea. Hay algunos países en desarrollo que quieren ayuda incondicional y sin obligaciones en cuanto a la transparencia. Piensan que los países más avanzados deben pagar un precio más alto. Hay algunos países avanzados que piensan que los países en desarrollo no pueden absorber esta asistencia, o que no será posible hacerlos rendir cuentas efectivamente, y que los países de más rápido crecimiento en emisiones del mundo deben asumir una mayor responsabilidad.

Conocemos las fallas porque hemos sido prisioneros de ellas durante muchos años. Estas conversaciones internacionales se han llevado a cabo esencialmente durante casi dos décadas, y tenemos muy poco que mostrar por ello, aparte de una aceleración creciente del fenómeno del cambio climático.

Señoras y señores, la humanidad vivió, hace apenas dos años una crisis a escala planetaria sin precedentes: la crisis financiera.

La manera diligente con que se ha enfrentado el colapso del sistema financiero internacional, nos indica aquello que siempre ha estado en boca de los pueblos, de que: «cuando se quiere, se puede».

Para resolver la crisis climática que tenemos de frente queda poco tiempo. Es necesario vencer todos los intereses particulares, todas las resistencias y todos los obstáculos, si queremos ejecutar el Plan de Acción de Bali y dar una respuesta satisfactoria al planeta y la humanidad, necesitamos que con carácter de urgencia se asuman las tareas del desarrollo económico y social de los pueblos afectados por la pobreza, el hambre, las enfermedades, el analfabetismo y los eventos climáticos extremos.

Hoy, señoras y señores, estamos llamados a interponer el interés común por encima del individual, debemos repensar la forma en que nos desarrollamos y cómo nos relacionamos con la Naturaleza. Ningún delegado en esta sala debe refugiarse en los detalles como mecanismo para evadir los compromisos, y este ejercicio de construcción de ciudadanía ambiental responsable debe tener éxito, de lo contrario las futuras generaciones podrían catalogarlo como fallido.

La única esperanza de revertir la actual situación de crisis climática que prevalece en el mundo radica en las decisiones valientes, sabias y oportunas que desde este prestigioso foro mundial podamos proponer y adoptar en la COP16. Los pueblos del mundo aguardan por estas decisiones. Están conscientes que su derecho a una vida digna, honorable y alegre depende de eso. No les defraudemos. Actuemos con justicia, con valentía, con sentido de la historia y con visión de futuro.

Muchas gracias.

Más información sobre el V Foro Latinoamericano y Caribeño de Carbono.

Nelson Mandela, el invencible

Acabo de leer dos libros sobre Nelson Mandela. El primero, de John Carlin, titulado El Factor Humano y, el segundo, de la autoría de Richard Stengel, con el título de El Legado de Mandela.

Estoy seguro que del primero de estos libros has oído hablar, pues su contenido sirvió de argumento a la película Invictus, de Clint Eastwood, que ha sido elogiada por los críticos y que causó una buena impresión cuando se proyectó en las salas de cine del país. Desde luego, como casi siempre acontece, el libro nos explica mucho mejor el mensaje que quiso proyectar la filmación. Ese mensaje puede resumirse en las propias palabras de Mandela:

“El deporte tiene el poder de transformar el mundo. Tiene el poder de inspirar; de unir a la gente como pocas otras cosas… Tiene más capacidad que los gobiernos de derribar las barreras raciales”.

Y, precisamente, a partir de este razonamiento de Mandela es que Carlin desarrolla la trama de su obra, en la cual nos cuenta cómo el líder de la nación sudafricana pudo lograr “la pacífica transferencia de poder de la minoría blanca a la mayoría negra en Sudáfrica, el paso del apartheid a la democracia”.

Para conquistar sus objetivos de vencer la segregación racial y unificar su nación, Mandela apostó a respaldar los Springbok, el equipo de rugby integrado por afrikáners y odiado por los negros, para quienes representaba el símbolo del dominio y explotación de los blancos.

Su tarea no fue nada fácil. Tuvo que vencer el recelo de los blancos, quienes no podían entender que su presidente negro los apoyara, luego de tantos años de animadversión contra el equipo, hasta el punto en que se habían llevado a cabo campañas mundiales para impedir que éste pudiera participar en justas internacionales. Pero, también debió luchar contra el resentimiento acumulado de sus compañeros de Partido, quienes consideraban imposible respaldar un equipo que a lo largo de su historia siempre fue identificado en el imaginario de los negros como el paradigma de la supuesta supremacía blanca con la cual se pretendía sojuzgar a la población mayoritaria negra.

Gracias al diálogo y a la persuasión, pero además a su valor personal, Mandela obtuvo su cometido. En 1995 los Springbok ganaban el campeonato mundial de rugby celebrado en Sudáfrica, en un partido presenciado por Mandela, ante una multitud de hombres y mujeres blancos que lo aclamaron, y con su aclamación, lo aceptaban como su Presidente. Al mismo tiempo, los hombres y mujeres que por su raza habían sido sometidos a la segregación, aceptaban el triunfo de los Springbok como suyo, cerrándose así un largo capítulo de división y odio racial que ha permitido a la Sudáfrica de hoy marchar por un camino de paz y reconciliación.

El segundo libro El legado de Mandela es una de enseñanza sobre la vida, el amor y el valor de Nelson Mandela, tal como lo afirma en un subtítulo el autor de la obra, Richard Stengel. Ni siquiera es necesario comentar este libro, basta con reproducir algunos de sus párrafos para darse cuenta de la dimensión universal del hombre y líder que es Nelson Mandela.

La cárcel –dice el autor le enseñó el dominio de sí mismo, disciplina y concentración, cosas que Mandela considera esenciales en un líder. Gracias a este autocontrol, pudo afirmar que el coraje no es la ausencia de miedo, sino aprender a superarlo, y, por tal razón, nuestro personaje afirma que es necesario fingir que se es valiente; que no tener miedo es una estupidez, pues el coraje es no dejar que el miedo te venza. Si finges ser valiente, sostiene Mandela, no sólo te vuelves valiente, eres valiente.

Mandela, nos dice Stengel, sabe que no hay nadie que sea totalmente bueno o totalmente malo, y, en general, considera que casi todo el mundo es bueno mientras no se demuestre lo contrario. El autor del libro nos advierte que para algunos este es un punto débil del líder y, para otros, una ingenuidad. Pero, Mandela considera que si se piensa bien de la gente con la cual interactuamos, se aumenta la probabilidad de que esa persona muestre lo mejor de sí misma. Nadie, afirma el líder sudafricano es intrínsecamente malo.

“La maldad es algo que las circunstancias, el entorno o la educación inculca o enseña a los hombres. No es innata”.

Aunque Mandela trata de complacer a sus compañeros y ciudadanos, Stengel aclara que su biografiado sabe decir no, ya que hacerlo luego sería mucho más difícil. “Si hay que decepcionar a alguien, cuanto antes mejor”, es su razonamiento, y cuando tiene que decirlo no lo endulzará ni se lo pasará a otro, tratando de que su respuesta sea clara e irrevocable. En otras palabras, dice el autor de la obra, el líder sudafricano no es de las personas que da falsas esperanzas ni deja abierta la más mínima rendija.

Hay, pues, que leer este libro de Richard Stengel. Efectivamente, una obra para aprender de la actitud de un hombre, que a no dudar, es uno de los grandes prohombres de la humanidad.