La jurisdicción privilegiada no debe ser sinónimo de impunidad

El doctor Rafael Alburquerque, en su calidad de encargado del Poder Ejecutivo por ausencia del presidente Leonel Fernández quien se encuentra en México, destituyó ayer al Viceministro de Industria y Comercio y ex diputado José Acevedo Trinidad, a quien su esposa había denunciado por agresiones físicas y maltratos contra ella y sus hijos. La disposición está contenida en en el decreto 734/11, que deroga el 484/10 que nombraba a Acevedo.

La señora denunció al funcionario ante la Justicia en febrero pasado y logró órdenes de arresto en su contra que, sin embargo, nunca llegaron a concretarse. Ante esa situación, acudió a la prensa y a un programa de televisión, donde denunció públicamente el caso. Según el programa, la procuradora adjunta para asuntos de la mujer, Roxanna Reyes, la remitió a ella y a sus hijos a una casa de acogida para garantizar su seguridad.

De acuerdo a la defensa de la denunciante, el caso iba a ser enviado a la Cámara Penal de la Suprema Corte de Justicia porque Acevedo tenía jurisdicción privilegiada debido al cargo que ocupaba hasta ayer en la administración pública.

Ahora, esto ya no será necesario.

Nunca más

Hoy 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer. Ha sido un mandato de las Naciones Unidas que lo ha dispuesto, y ha escogido este día porque en una fecha como hoy, ya hace cincuenta y un años, fueron brutalmente asesinadas Minerva, Patria y María Teresa Mirabal.

Las hermanas Mirabal murieron, junto con el chofer que las conducía, en la carretera de Puerto Plata, a donde habían ido a visitar a sus esposos, presos por orden de la tiranía de Trujillo. Masacradas a palos por los esbirros del régimen despótico y lanzadas a un barranco para simular un accidente, su fallecimiento marcó el inicio del fin de la oprobiosa dictadura que durante treinta y un años conculcó los derechos fundamentales del pueblo dominicano.

La violencia ejercida contra las Hermanas Mirabal un 25 de noviembre es el hecho que recuerda las Naciones Unidas para exigir el respeto a la mujer, madre y esposa, niña y adolescente, maltratada y abusada a menudo por una sociedad forjada en un machismo que hoy en día ya no debe tener cabida alguna en nuestra civilización.

Abuso sexual, maltrato físico en el hogar, abandono de la convivencia, sevicias e injurias graves, homicidios, son reportados frecuentemente en los medios de comunicación que dan cuenta de una violencia que debemos denunciar y detener.

Se trata de un deber y una responsabilidad de todos; de las autoridades que en estos momentos gobernamos el país, pero también de cada integrante de la sociedad, comenzando por repudiar y condenar acciones que riñen con los valores morales que deben orientar e imperar en una sociedad del siglo XXI.

El Ministerio Público inició desde hace ya varios años un programa extenso de prevención, persecución y protección en aras de disminuir la violencia intrafamiliar y en perjuicio de la mujer. Por su parte, el Congreso Nacional conoce en estos momentos el proyecto de Código Penal que establecerá sanciones rigurosas por los delitos contra la mujer.

El Ministerio de la Mujer también ejecuta planes conducentes a lograr una colectividad más justa e, inclusive, en la que desaparezcan de una vez por todas las diferencias de género y se destierre la violencia que lesiona a la mujer.

Actuemos pues, en consonancia, en la dirección apuntada para que más temprano que tarde podamos decir que en la República Dominicana, nunca más habrá de repetirse la barbarie consumada contra las Mirabal y que esa acción deleznable sea un acicate para que cada día nos esforcemos en detener la violencia contra la mujer.

En memoria de Minerva, María Teresa y Patria Mirabal

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El doctor Rafael Alburquerque, en su calidad de vicepresidente de la República, encabezó los actos oficiales de conmemoración del 50 aniversario del asesinato de las hermanas Mirabal.

El Vicepresidente recordó que la gesta del 14 del Junio de 1959 encendió la mecha de los aires liberadores que derrocaron la Tiranía; pero que fue el detestable crimen de las hermanas Mirabal, el 25 de noviembre, el detonante para el derrocamiento definitivo del Tirano.

“Patria, Minerva y María Teresa no han muerto; siguen vivas en su jardín, siguen vivas para recordarle al mundo la lucha de la No Violencia Contra la Mujer. El sacrificio de estas heroínas y del chofer Rufino de la Cruz no ha sido en vano.” –dijo.

Los actos iniciaron con una misa oficiada por el obispo de la Diócesis de La Vega, monseñor Antonio Camilo. Luego, un batallón mixto de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional rindió los honores de lugar a las heroínas de Ojo de Agua, en el parque Duarte del municipio de Salcedo. Acto seguido, hubo un desfile Militar, encabezado por el vicepresidente Rafael Alburquerque.

Entre sus acompañantes estuvieron doña Dedé Mirabal; la diputada Minou Tavárez Mirabal; Jaime David Fernández Mirabal, ministro de Medio Ambiente; y la ministra de la Mujer, Alejandrina Germán. También estuvieron presentes el ministro de Salud Pública, Juan Bautista Rojas Gómez; el secretario de Estado sin Cartera, Rafael Pérez Modesto; el presidente de la Comisión Nacional de Efemérides Patrias, Juan Daniel Balcácer; la representante residente del PNUD, Valerie Juliand, y el ingeniero Leandro Guzmán, entre otros funcionarios, personalidades; además de decenas de delegaciones de instituciones públicas y privadas de distintos puntos del país.

Minerva, Patria y María Teresa: cincuenta años

Hoy se cumplen cincuenta años del alevoso y brutal asesinato de las hermanas Mirabal. Fue un 25 de noviembre del año 1960. Año terrible para el pueblo dominicano pero, al mismo tiempo; año en que comenzó el fin de la tiranía, que finalmente cayó abatida el 30 de mayo de 1961.

En junio de 1959 llegaron los bravos soldados de la libertad. Constanza, primero; días después, Estero Hondo y Maimón. Cierto que en pocas semanas las fuerzas despóticas habían masacrado a los valerosos expedicionarios, pero su sacrificio y coraje despertaron los más nobles valores de nuestro pueblo, conduciendo a una resistencia interna que muy pronto se manifestaría en contra del tirano, mediante panfletos lanzados en la plaza pública y en las aulas universitarias, y por conducto de una organización conspirativa que llevaría el nombre de 14 de Junio.

En enero de 1960 miles de dominicanos fueron a la cárcel. La conspiración había sido develada por los esbirros de la tiranía. Minerva, Patria y María Teresa fueron arrestadas. También Manolo Tavárez Justo, esposo de Minerva y líder del movimiento. El clamor popular se hizo sentir con fuerza. La protesta callada, pero firme, se respiraba en el aire. Por primera vez en treinta años de postración el pueblo se indignaba contra el sátrapa, y familiares de los apresados cantaban a viva voz el Himno Nacional a las puertas del Palacio de Justicia de Ciudad Nueva. El gobierno del tirano se vio forzado a ir dejando poco a poco en libertad a los detenidos.

La tiranía estaba ya herida de muerte y entró en un proceso degenerativo de locura. En junio de ese año 1960 Trujillo atentó contra el presidente venezolano Rómulo Betancourt, en un hecho que casi le costó la vida al mandatario de Venezuela. El país fue sancionado por la Organización de Estados Americanos y todos los países de América rompieron sus relaciones diplomáticas y comerciales con la República Dominicana.

Cinco meses después, un 25 de noviembre, caían destrozadas, asesinadas salvajemente, las heroicas hermanas Mirabal. Habían viajado a Puerto Plata a visitar en la cárcel a sus maridos, todavía detenidos por el complot del 14 de junio. Junto con ellas, un humilde hombre de pueblo, Rufino de la Cruz, su chofer, también era asesinado.

Pero el tirano se equivocaba. Las hermanas Mirabal no morirían. Cincuenta años después siguen vivas en el corazón del pueblo dominicano. Y en todo el mundo, ese 25 de noviembre ha sido declarado por las Naciones Unidas como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Su abnegación, su lucha, su amor por la libertad, no fue en vano. ¡Loor a Minerva, Patria y María Teresa Mirabal!

Por la eliminación de la violencia contra la mujer

El 25 de noviembre de 1960, Patria, Minerva y María Teresa Mirabal fueron asesinadas a palos, por órdenes del tirano Rafael Leonidas Trujillo. Desde 1981, a raíz del Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe realizado en Bogotá, en Latinoamérica se comenzó a observar ese día para conmemorar las vidas de las Mariposas y promover acciones para erradicar la violencia de género.

Doce años más tarde, en 1993, se produjo la declaración internacional más completa, en cuanto a política internacional: la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en la que “violencia contra la mujer” se definió como:

todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la prohibición arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vía pública o en la vía privada.

Así, a solicitud de la República Dominicana, y con el apoyo de delegaciones de otros 60 países, la Asamblea General de las Naciones Unidas en su Resolución 50/134 del 17 de diciembre de 1999 declaró finalmente el 25 de noviembre como Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Con el inicio de este mes de noviembre, en el que se conmemora el quincuagésimo aniversario de la muerte de nuestras hermanas Mirabal, es oportuno reconocer, una vez más, la magnitud de este problema de carácter individual, familiar y social, que en todo el mundo causa más muertes y discapacidad de mujeres y niñas que el cáncer, la malaria, los accidentes de tráfico y las guerras combinados.